Acerca del Soneto No.8

El poema No.8 “Pensamiento”, es un soneto en versos endecasílabos y rimas consonantes, muy similar a los anteriores sonetos a diferencia de que este expone unas interrogantes y posibles respuestas que trataremos mas adelante. El soneto No.8 es a primera vista más simple en relación con sus antecesores y dada su naturaleza de “pensamiento”, me ha parecido más elocuente que su estructura carezca de ornamentos, tales como las metáforas, imágenes, símiles, sinécdoques, etc. Ahora bien, el tema del susodicho soneto es en esencia la forma en que se conciben los juicios acerca de uno mismo y de los demás, es decir, se cuestiona no la conclusión sino el origen de las premisas y que si es posible que estas no sean más que un compendio de mentiras que decimos, autoengaños, malentendidos y mentiras que nos dicen, sea a conciencia o en medio de una íntima estupidez, teniendo por resultado juicios falsos no solo sobre las personas y la sociedad, sino también juicios falsos sobre nosotros mismos.

A mi modo de ver, la sinceridad es considerada socialmente como una cualidad y un defecto según el contexto que se maneje, pero con respecto al tema del soneto que estamos tratando, es un obstáculo a superar a la hora de discernir acerca de nosotros, pues no solo es el hecho de ser sincero con uno mismo sino también caer en el error de la simpleza de la vanidad o del “realismo sucio” que en ambos casos podría llegar a oscurecer el sano juicio al que deseamos llegar, cabe señalar que con sano juicio me refiero a uno que nos conduzca de la manera más eficiente a la verdad; a esto podemos agregarle algunos rasgos pintorescos como lo son el autoengaño o el hecho de ignorar la existencia de nuestros bajos instintos y su razón de ser.

Como es sabido, el tacto es el talento para tratar de una manera correcta a las personas o manejar situaciones que requieran de cierto cuidado, como en el caso de las calamidades, de defectos o cualidades sobresalientes; el tacto es parte de la etiqueta social, muy necesario, por cierto, y un arte bastante esquivo a tal punto de ser humano, por no decir comprensible, que la mayoría de personas no estén dotadas con él. De lo anterior se desprende el recorrido mental sobre cuáles son los verdaderos pensamientos y emociones de las personas, pues el tacto, se induce, es en razón de atenuar todo tipo de situaciones, por ejemplo, que las grandes no se vuelvan desmedidas al punto de ser bochornosas o que las pequeñas no se vuelvan patéticas, sino por el contrario, corrientes; de igual manera sucede con las cualidades y defectos de toda índole, de manera que, el tacto, por esta definición, es la confesión de que hay algo irregular, puesto que nadie trata de atenuar o intensificar algo sin importancia, como por ejemplo, un desayuno a solas, en oposición a una situación como la de un velorio. Dentro de este contexto se puede dilucidar que hay algo extraño que nos afecta la atención de manera positiva o negativa, y es en este punto donde la sinceridad desaparece y por consiguiente hace que nuestros juicios acerca de los demás se hagan más vagos, dado que esto no hace otra cosa que restringir el comportamiento de las personas, claro está, sin contar con la dificultad que presupone llevar a buen término los juicios que debemos tener sobre nosotros mismos.

Siempre me ha parecido que para nadie es un secreto que muchas veces las personas intentan hacernos creer que ellos son esto o aquello, y quizá de manera individual esto sea mucho más evidente que cuando sucede en masa, como por ejemplo, cuando se dice que las personas de tal país son de esta u otra manera, o las personas de cierta raza o las personas de cierta edad y, según mi dictamen, la realidad se vuelve, en nuestra mente, un cúmulo de eventos que damos por ciertos, es decir, que de afirmación en afirmación se recrea nuestra realidad mental; de acuerdo con esto, en nuestra realidad mental, si pensamos que alguien es de esta u otra manera, eso hace parte de nuestra realidad aunque en verdad sea de otra manera, de manera similar sucede si somos nosotros los que engañamos a los demás, lo que hacemos es modificar una parte de su realidad mental, mas no la realidad física como tal. Hay otro aspecto a tener en cuenta, y es el porqué del engaño, o sea, ¿por qué una persona quiere que pensemos algo en concreto en relación con ella?, es posible que pensemos en primera instancia, que la vanidad sea el motivo fundamental, mas no se trata tan solo de vanidad en todos los casos, es conveniente destacar que suele ser común y comprensible que en muchas ocasiones la gente necesita sentirse parte de una familia, de una raza, de un país o de una tendencia, en la cual se pueda convivir sin las habituales peripecias que muchas veces surgen con las grandes diferencias. Esto es en relación a lo que se piensa de los demás, pero ahora veamos si somos aquello que pensamos ser: ¿qué postura adoptaríamos si no existieran las leyes que nos prohíben todo tipo de crímenes?, ¿qué haríamos si tuviéramos el dinero para hacer todo lo que está al alcance del dinero?, otra cosa que se dice con frecuencia es, ¿Qué haríamos si fuéramos dios?, si pudiéramos crear universos, cambiar las leyes de la física a nuestro antojo, manipular el tiempo, crear cualquier tipo de seres imposibles y configurarlos a nuestro entero capricho, componer sociedades y realidades a nuestro antojo, o escribir la historia y reescribirla, y añadirle nuestros íntimos gustos intransigentes, con logros y castigos a la carta; con sano criterio me atrevo a cuestionar lo siguiente, ¿no será posible, pues, que seamos un conjunto  de lo que pensamos posible en nuestra vida?. Este y otro tipo de cosas similares nos invitan a razonar acerca de la posibilidad de estar delimitados por el sentido común, que impide desarrollar nuestras intenciones verdaderas, dado que siendo estas imposibles, es de esperarse que no entren en primer plano en nuestra cotidianidad, tal como el millonario piensa día y noche en su fortuna porque la posee y sin embargo, admitamos que hay quienes la desean sin poseerla, esto quizá sea así porque la fortuna económica es en cierto modo, un deseo más realista que el de los ejemplos mencionados anteriormente, lo cual vuelve a insinuarnos que el sentido común delimita nuestra personalidad, y que nos impide ver nuestro ser con todos sus matices, ya sean buenos o malos, según el dictamen personal de cada quien.

Esta revisión, tan somera y tan inevitablemente personal nos recuerda una interrogante cliché, y es, ¿quiénes somos en realidad?, no encuentro, en buena lógica, que seamos lo que pensamos ser, cuando sino fuera por las ataduras sociales y el yugo del sentido común, posiblemente fuéramos una persona harto distinta de la que tenemos conocimiento, pero muy alejados de este concepto y  dentro de este marco ha de considerarse que la personalidad aparece atrofiada por limitaciones de toda índole y que en ningún momento sentirá la primitiva necesidad de hacer o ser aquello que en el fondo desearía, porque jamás la va a hacer o ser debido a su imposibilidad.

Sin embargo, también a menudo se da el caso reduccionista de que no seamos nosotros los que mienten, ni que seamos ese hipotético ser atrofiado por la limitaciones sociales, y que todo se resume a que las personas pueden malinterpretar nuestros actos y del mismo modo nosotros malinterpretar los suyos, de modo que estas interpretaciones harían parte de su realidad mental, mas no de una realidad intrínseca.

El soneto No.8 nos invita a cuestionarnos sobre si somos en realidad aquello que pensamos ser, pues, recapitulemos brevemente sobre esta revisión los argumentos que debemos tener en cuenta a la hora de meditar sobre esta pregunta; en el momento de meditar sobre si somos lo que pensamos ser surge una estrafalaria actitud de ser lo que se es, incluso si no se sabe que se es en realidad, aunque la gente diga lo contrario, y simple y llanamente no ser lo que se piensa, a más, estar delimitados por una serie de factores tanto internos como externos. De modo similar podemos en realidad ser lo que otros piensan, aunque esta opinión sea contraria a la nuestra, pues las opiniones que tenemos sobre nosotros mismos siguen las mismas leyes de la lógica que cualquier otra opinión, y no son ciertas ni falsas solo porque se traten de nuestra persona. También sucede que las personas piensan cosas acercas de nosotros, sean positivas o negativas y realmente no serlo, el soneto No.8 nos insinúa, en este apartado, un fenómeno que consiste en verse presionado a ser esa persona, como por ejemplo los casos de tradiciones familiares o de estigmas en la sociedad, además de una típica reacción ocasional que consiste en volverse lo opuesto a lo que le plantean. Subyace en todos estos detalles más variaciones como la actitud de ser lo que nos venga en gana, pero esta variación contrasta en suma con la idea de crear universos o ideas similares, porque esta opción más allá de darnos la posibilidad de ser lo que queramos contra viento y marea, en realidad nos da la opción de ser lo que podamos y no lo que queramos, de aquí que limitemos nuestros deseos y por lo tanto, nuestra personalidad por factores que se le escapan de las manos  a la mayoría de personas, por no decir que a todas; un ejemplo bastante ilustrativo para la ocasión es como un lujurioso que quisiera tener un harem pero no lo puede obtener, no por esto deja de ser lujurioso, en tal caso, es correcto afirmar que es lujurioso aunque no posea el harem ni practique sexo.

Análogamente, cabe preguntarse, ¿a qué viene querer cambiar la realidad mental de la gente?, es decir, mentirles acerca de nosotros, mentirles sobre nuestro carácter, sobre nuestras inclinaciones o capacidades, pues, no se trata, a mi juicio de otra cosa que obtener el placer de realizar nuestra realidad en la mente ajena,  no es fantasía afirmar que el ejemplo de la creación de universos tiene por principio una idea similar a la de hacer creer a la gente nuestras mentiras, sea por una razón justificada o no, trata sobre todo de un deseo de querer modificar la realidad, sea cual sea el motivo, y no es difícil descubrir que si cambiar la realidad en la mente de los demás nos causa placer, el no poder cambiarla nos desagrada; tenemos en consecuencia que, en dichos casos, el autoengaño es el efecto secundario de no poder cambiar la realidad ni físicamente, ni en la mente de los demás, y dado que en dichos casos no se cuenta con una realidad estable como argumento de cualquier cosa que se vaya a decir, es bastante tolerante el aceptar que todo razonamiento basado en mentiras será de por sí, falso, por más complejo, minimalista o megalómano que parezca.

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