68

En una noche ciega en la que el firmamento
hecho un ardiente abismo de violáceas sangres,
sonámbulo, errabundo, yo me deslizo flámeo
en el bosque esotérico de mi oscuro intelecto.

En un bosque rugiente, osario de pilares
que son la encarnación de todas mis pasiones,
recorro el vericueto de mis dulces recuerdos,
cuajados, madurados, como poción de olvido,

y mis sofismas íntimos, mártires y verdugos,
como una procesión de escuincles autoengaños
se alargan y deforman como obsoletas sombras

y aquellas percepciones que tengo de este mundo
colman mi entendimiento y dejan de existir;
¡Oh!, leñador noctívago de ausencias metamórficas.

5 comentarios en “68”

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