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El amor que te ofrendan
me exacerba y agiganta
y mi crueldad deflagra
con tu prosopopeya.

Soy el enemigo acérrimo
de tu yo verdadero;
brusco en tu introspección,
dialéctico en tus sombras.

De tu caos soy el orden,
del holocausto el falo.
¡Ay!, suicida inmortal:

filósofo reposo
en el niño interior
del supremo maestro

y ardo protuberante
en el demonio oculto
del maestro supremo.

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