Dexter o del pesimismo

DEXTER.

¿Cuál crees que sea la razón por la cual existe el pesimismo?

NICOLÁS.

Supongo que se debe al carácter del pesimista.

DEXTER.

¿Quieres decir que el pesimista es pesimista no por la razón sino por la emoción?

NICOLÁS.

Dexter, dije claramente que lo suponía, no estoy aseverando que esto sea así, pero a lo que me refiero es a que es la emoción del pesimista lo que dirige sus razones.

DEXTER.

Ciertamente que no es creíble que nadie tome algún partido sin razones, así estas razones no sean válidas, y aun teniendo en cuenta que la persona en sí las tome como ciertas, y esto es así incluso en los casos en los que las personas afirman que actúan de una manera ajena a la lógica, y me atrevo a aseverar que ha sido justo la razón la que los inspiró a no dar tantas vueltas a un asunto debido a su escasa capacidad intelectual, por lo que les resulta mucho más práctico tomar decisiones más inmediatas.

NICOLÁS.

Es de suponer que el caso del optimista sea análogo, es decir, que el optimista es optimista en parte por su forma de sentir, aunque tenga sus argumentos para ser optimista.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Pero dime, Dexter, ¿cuál de las dos posturas crees que sea más consecuente?

DEXTER.

En primer lugar, quiero expresar que como muchas otras conclusiones, este caso se basa en las probabilidades, es decir, que tanto el pesimista como el optimista tienen razón en pensar lo que piensan, aunque sea o no cierto que su forma de sentir intervenga directamente en sus pensamientos, por ejemplo: ¿es o no es cierto que si salimos a la calle podemos ser víctimas de un ataque?

NICOLÁS.

Es posible, ese tipo de cosas pasan todos los días.

DEXTER.

¿Y no es posible, en contraste, que al salir de nuestro hogar no nos pase nada malo?

NICOLÁS.

Bueno, hablando de probabilidades pienso que aunque acabo de responder que sí es posible que si salimos a la calle nos puede pasar algo indeseado como un ataque, también es posible que no nos pase nada, y ciertamente son muchos más los casos en los que no nos sucede nada que los caso en los que sí, tanto así que los casos en los que no nos pasa nada son la regla y los casos en los que nos pasa algo perjudicial son la excepción.

DEXTER.

Entonces no hay nada de extraño que las personas se centren en lo negativo puesto que es consecuente pensar en este tipo de cosas para prevenirlas.

NICOLÁS.

Aquí podríamos afirmar que es optimista pensar que todo lo negativo se puede prevenir, cuando es del todo posible que haya casos en los que un suceso desafortunado nos tome por sorpresa, y que esta forma de razonar es la que justifica la postura del pesimista, cuando este diga que no solo lo negativo es posible, sino que también es inevitable.

DEXTER.

Yo opino al respecto que lo más sensato sería concluir que lo negativo hace parte de nuestras vidas y que a veces las cosas negativas se pueden evitar y otras veces no se pueden evitar; lo mismo sucede con lo positivo, o sea, lo positivo hace parte de nuestras vidas y a veces estas cosas se pueden evitar y otras veces no, pero no es muy verosímil que la gente evite cosas positivas, puesto que lo positivo es deseable y no es lógico que alguien rechace algo que desee.

NICOLÁS.

Quiero objetar al respecto que se pueden dar los casos en que una persona rechace algo que desea, como por ejemplo en las relaciones eróticas o sentimentales, pues, a sabiendas de que se rechaza lo que no se desea y que se desea solo lo valioso, se puede dar la ocasión de que alguien rechace a otra persona para restarle valor y así disminuir la sensación de incompatibilidad.

DEXTER.

Pues, Nicolás, creo que ese tipo de artimañas existen, y aunque no se puedan corroborar a ciencia cierta se vuelven muy evidentes en la charla, este tipo de apuntes se me antojan como los hechos que se pueden corroborar como hechos pero de los cuales no tenemos una explicación, y que en tiempos remotos fueron la razón de ser de los mitos, pues, que con el paso del tiempo alcanzaron la explicación teórica, no obstante, es de suponer que este tipo de indiscreciones no sean dignas de un estudio científico.

NICOLÁS.

Quiero agregar al respecto que este tipo de estratagemas tienen su veneno en que, si se vuelve muy evidente que se rechaza con el fin de evadir impuestos, es igualmente verosímil que se rechaza por falta de interés, por desagrado y por incompatibilidad. Además, quiero opinar acerca de tu apreciación sobre el estudio científico, o sea, opino que ese comentario desmerita nuestras apreciaciones, y es que el talento del filósofo no radica en la magnanimidad de sus temas sino en su escrutinio y discernimiento, es como pensar que quien analiza los virus tiene un talento microscópico y quien analiza el universo tiene un talento macroscópico.

DEXTER.

Soy de tu dictamen, Nicolás. Además, quiero agregar que hay otro efecto o ilusión en este caso del estudio científico, y es que se puede pensar que el talento que se enfoca en lo importante es mas grande que el talento que se enfoca en lo que no es importante, aunque sea un poco desabrido dedicar esfuerzos a algo sin importancia, y ciertamente es falaz hacer ese tipo de asociaciones, como por ejemplo, curar una enfermedad es algo importante y en cierta medida es algo de interés colectivo, pero esto no quiere decir que quien cura una enfermedad tenga un talento mas vasto que un pintor.

NICOLÁS.

Retomando el hilo de la conversación, te vuelvo a preguntar, ¿quién puede tener objetivamente la razón entre el pesimista y el optimista?, ¿o qué bando te parece más consecuente?

DEXTER.

Creo que ambos tienen sus razones, y es que muchas cosas en la vida pueden ser macabras y desesperanzadoras tal como también pueden ser elocuentes y gratificantes, no obstante, ahondemos un poco en este tipo de tendencias: ¿qué opinas si te digo que el hedonismo puede no satisfacer a una persona?

NICOLÁS.

Bueno, en primer lugar, me imagino que tu pregunta va es por el lado del pesimismo; pues, opino que es posible dicho caso, y que es aquí donde la gente suele diferenciar entre el placer y la felicidad, por lo que el hedonismo puede catalogarse mas como vicio que como felicidad, dado que este vicio subyuga a la persona en vez de liberarla, y en otras palabras, la idea de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona se  vuelve totalmente creíble por parte de la persona pesimista.

DEXTER.

Imaginando que soy yo dicha persona pesimista y figurándome que quiero sustentar mi punto de vista acerca de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona, pues, quiero argumentar que se podría decir que dichos casos dependen en gran medida del carácter de cada quien, es decir, que se podría dar el caso en el que el hedonismo sea el estado natural y más sano de los seres humanos como también darse el caso en el que el hedonismo no sea mas que un martirio del cual se descansa en cuanto nos es posible, pero a esto se puede objetar, pues, a favor del pesimismo, que el hedonismo busca el placer, y que este enunciado nos afirma que este placer se busca desde el no placer, es como decir que el conocimiento se busca desde la ignorancia, por lo que se puede afirmar que el principio del hedonismo es la insatisfacción y/o el no placer, y que esta insatisfacción es el estado natural y la regla, en contraste, el placer que promete el hedonismo es el estado alterado y la excepción, además, también se puede decir que la búsqueda del placer puede tener objetos que no siempre son asequibles, por lo que es considerado con uno mismo formarse una doctrina que nos glorifique la vida abstinente, no sin dejar de lado la certidumbre de que existe la falta de deseo y la apatía, y aunque se podría afirmar que esta falta de deseo es el mismo glorificar la abstinencia que acabo de mencionar, también se puede afirmar sin lugar a dudas que no todas las personas tienen los mismos gustos ni los mismos vicios, y podemos corroborar esto con las preferencias gastronómicas, pues, si es que se piensa que el no exhibir un vicio determinado es solo el producto de la más simple mojigatería. Visto así el asunto podemos figurarnos que no es solo sentimiento sino razón lo que forja el pesimismo.

NICOLÁS.

Ya que has disertado acerca del hedonismo desde un punto de vista pesimista, quiero yo opinar sobre el mismo tema, pero visto desde el punto de vista optimista, y no para altercar en balde, sino para ampliar las miras de nuestra discusión. Pues bien, creo yo que tu comentario acerca de que el hedonismo tiene como principio la insatisfacción tiene cierta connotación negativa, me explico, es muy simple el entender que el deseo no es otra cosa que una necesidad, y que hay distintos tipos de necesidades, y que el abandonar mucho tiempo una necesidad puede devenir en sufrimiento, por ejemplo, tomar agua es una necesidad básica de los seres vivos, y si estos no toman agua por mucho tiempo, pues, es de esperarse que esto los perturbe física y psicológicamente, pero esto no quiere decir que el deseo sea exactamente un sufrimiento, puesto que nadie sufre por no tomar agua. Por otro lado, pienso que siempre que se habla del tema del placer se hace una diferenciación entre el término placer y el término felicidad, pues, pienso yo que el placer no es otra cosa que otro tipo de felicidad, me explico: así como no es igual el amor que una persona siente por su profesión que el amor que una persona siente por su cónyugue, tampoco es igual el placer sexual que el placer que proporcionan los estupefacientes, y aunque la gente asocia el placer mas con lo efímero y superfluo y el amor más con lo trascendente y duradero, opino que en esencia son de la misma naturaleza, solo que socialmente el uno se puede llegar a considerar nocivo y vulgar y el otro social y preferible, y que si se quiere, esto es tan verosímil que incluso se pueden trocar los términos sin que se pierda el significado de lo que se dice, por ejemplo, podemos decir que una persona ama los estupefacientes tanto como podemos decir que es adicta a estos, del mismo modo podemos decir que una persona ama a otra persona como podemos decir que es adicta a dicha persona, no obstante, lo que levanta sospechas en estos casos es la cuestión moral, es decir, que entre amar a una persona y amar los estupefacientes se entiende que lo primero es moral y lo segundo inmoral, pero esto es como decir que un color cuya tonalidad es oscura no es color porque hay colores cuya  tonalidad es clara, pues, en efecto ambos son colores a pesar de las diferencias que se presentan entre ellos, y que incluso podríamos asociar los colores de tonalidad oscura con las cosas negativas y los colores cuya tonalidad es clara con las cosas positivas, sin embargo, aunque hiciéramos estas asociaciones y estas fueran ciertas o no, o solo fueran impresiones y prejuicios basados en todos los motivos que se te ocurran, pues, aún así, ambos colores seguirían siendo colores; lo que quiero decir, Dexter, es que el amor y el placer son de la misma naturaleza, aunque el uno se asocie a cierto tipo de cosas que socialmente se consideran positivas y que el segundo se asocie eventualmente con cosas que pueden resultar tóxicas, no obstante, el amor no es mas que una preferencia, tanto como lo es el placer, ya que esta preferencia sea moral o inmoral o que esta preferencia sea crónica o aguda es distinto. De lo dicho anteriormente quiero resumir que es la necesidad lo que impulsa a desear y no el sufrimiento, y que dependiendo de la importancia de esta necesidad, pues, en el caso de que no se satisficiera, podría esta devenir en sufrimiento, que es distinto a afirmar que es el sufrimiento el estado primero del deseo, además de que lo que motiva al deseo es la complacencia y/o la felicidad que se espera obtener con lo que sea que se desee y no el mero hecho de dejar de sufrir, como tu lo explicas, porque es muy creíble que en medio de la hambruna nos asalte el antojo y no solamente la idea de la preservación de la propia vida, y que incluso en este caso prevalece la idea del placer por encima de la idea de evitar el dolor, y esto último en segunda instancia también se puede considerar hedonista, es decir, evitar el dolor que podría producir la hambruna.

DEXTER.

Creo que lo que señalaste de mi apreciación fue una leve exageración de mi parte, pero creo que tomando el asunto del optimismo en contraste con el pesimismo, pues, desde una perspectiva filosófica, se vuelva muy evidente que ambos partidos exageran sus enunciados, posiblemente por la intensidad de sus pasiones, porque se me hace difícil catalogar tus apreciaciones como optimistas, pues, generalizando y tomando el significado del término optimista de la manera mas común en la que se presenta en la sociedad.

NICOLÁS.

¿Sabes que pienso?

DEXTER.

Dímelo, Nicolás.

NICOLÁS.

Pienso que ambos puntos de vista podrían expresarse de otra manera y en otro contexto, y muy seguramente así podríamos apreciar el carácter que nos figuramos que le corresponde a cada postura.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Por otro lado, pienso que nadie siente con furor a la ligera ni cree ciegamente en nada por cualquier motivo, o sea, que no es el mero sentimentalismo lo que mueve ya sea al pesimista o al optimista, sino que es por sentido común que estas posturas existen, ya que en algún momento tanto el uno como el otro no tengan las facultades de defender sus puntos de vista en un debate filosófico es distinto, y que alguno de estos dos partidos no tenga las facultades para defender sus inclinaciones no nos asegura que estas inclinaciones sean incorrectas, nos hablan es en cambio de la ausencia de aptitudes filosóficas de quien se toma por optimista o por pesimista.

DEXTER.

Nicolás, estas afirmando que alguien puede tener la razón sin que tenga que explicarlo o comprobarlo.

NICOLÁS.

Si, eso estoy diciendo.

DEXTER.

Pienso que tu afirmación da una ventaja a quien no debería tenerla, pues la ventaja la debe tener quien tiene la razón y la desventaja quien no tiene la razón, aunque pienso que realmente es cierto, no porque alguien no posea las facultades para explicar lo que piensa quiere decir que este en un error, y me figuro que en estos casos los debates se truncan, puesto que aunque hay dos personas solo una de las dos se encuentra activa, pues, en el caso de que la otra persona este activa, porque si se diera el caso en el que en un debate ninguna de las partes tuviera aptitudes filosóficas, pues, el debate no llegaría a ningún lado y simplemente no se podría denominar como debate. Este caso me recuerda a cierta practica de la ley del estado, la cual dictamina que un acusado de delito se considera inocente mientras no se compruebe su culpabilidad, y en relación con el caso que estamos tratando, pues, podría yo afirmar que quien no sabe explicar o comprobar lo que asevera, no tiene la razón sino hasta que lo compruebe, no obstante, también se podría decir que alguien que afirma algo y no lo explica o lo comprueba podría tener la razón hasta que otra persona compruebe lo contrario, pero este tipo de situaciones nos recuerdan la faceta arlequinesca de los hombres, y es que si esto fuera así, cualquier persona podría afirmar todo tipo de ocurrencias y simplemente no dar el mas mínimo motivo y solo resignarse a que otra persona desenrede sus caprichos; por ejemplo, un caso histórico es el de la religión, en la cual afirmaron la existencia de unos entes sobrenaturales y, que no pudiendo los ateos comprobar la inexistencia de dichos entes, se dio por cierta su existencia, cuando en realidad lo más sensato era que los religiosos comprobaran la existencia de sus deidades.

NICOLÁS.

Pienso que tienes razón en lo que dices, Dexter.

DEXTER.

En síntesis, se puede concluir al respecto que el hecho de que una persona no sepa expresar sus puntos de vista, pues, no es prueba de que dichos puntos de vista sean incorrectos, pero que esto tampoco es un argumento para afirmar que sean todo lo contrario, porque lo más sensato sería pensar que si alguien no es capaz de explicar lo que piensa es muy seguramente porque no sabe de lo que habla, y por consiguiente esté en un error. Sin embargo, en el caso del individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, queda también el lado de comprobar lo que dice, porque también se puede dar el caso de que se compruebe que algo es cierto sin necesidad de argumentación, pero si alguien no puede explicar lo que afirma y tampoco lo puede comprobar, muy seguramente esta persona este en un error, y es más, en el caso de que el individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, pues, presentara pruebas para sustentar lo que dice, esto no sería un argumento para afirmar que tiene la razón, porque las pruebas se presentan para corroborar que algo es cierto, pero el solo hecho de presentar pruebas no quiere decir que estas pruebas sean válidas. Lo correcto sería que, si alguien afirma algo, esta persona lo explique y lo compruebe, no que alguien afirme algo y sin explicar ni comprobar nada espere a que otra persona lo tome por cierto, por lo que la idea de ser condescendiente a favor de la persona que afirma algo pero no lo sabe explicar queda si no rebatida, debilitada.

NICOLÁS.

En fin, no nos perdamos en digresiones y sigamos ilustrando nuestro tema principal. Dexter, ¿No es cierto que uno de los motivos por los cuales estamos vivos es el miedo a la muerte?

DEXTER.

Ciertamente, aunque me parece que volvemos al punto de la expresión, observa como en tu pregunta se aclara que el miedo a la muerte es uno de los motivos mas no es el único, y si apelamos a la imagen estereotipada del individuo pesimista podríamos figurarnos que este nos afirmaría que el miedo a la muerte es el único motivo.

NICOLÁS.

Elemental.

DEXTER.

En este punto de la charla se me antoja aclarar que la neutralidad no es la salida al aparente extremismo de las posturas que estamos tratando, y que este efecto de extremismo no es otra cosa que falta de objetividad en el raciocinio.

NICOLÁS.

¿Y cuál sería entonces un punto de vista optimista de acuerdo a la pregunta que estamos tratando?

DEXTER.

Bueno, sin ánimo de caricaturizar las posturas que estamos tratando, yo diría que si estamos vivos es justo para vivir, del mismo modo que tenemos pies para caminar, y que esto hace parte de la elocuencia de la naturaleza, y que la muerte también hace parte de esta elocuencia, pues, imaginando que esta naturaleza tenga en su entendimiento el sufrimiento que eventualmente se presenta en la vida, y que la muerte puede significar un descanso natural al fluir de la felicidad y los infortunios. Y es que la idea de que es solo el miedo a morir lo que nos mantiene con vida es una afirmación de que eventualmente algunas personas desean morir, y de aquí se puede concluir que la muerte es tan natural a la vida como el vivir la vida misma.

NICOLÁS.

No podría ser de otra manera.

DEXTER.

Analicemos un caso más práctico, ¿qué me dirías si yo te digo que todas las personas mienten?

NICOLÁS.

Te diría que es cierto.

DEXTER.

¿Es decir que las personas nunca dicen la verdad?

NICOLÁS.

Que todas las personas mientan no quiere decir que nunca digan la verdad y, es más, lo más cuerdo es pensar que todas las personas mienten y que todas las personas dicen la verdad, es decir, que a veces mienten y a veces dicen la verdad.

DEXTER.

¿Y por qué crees que mienten?

NICOLÁS.

Me imagino que las personas mienten por los mas diversos motivos, como por ejemplo por conveniencia, por discreción o por hipocresía, y en el caso de que digan la verdad me imagino que es por sentido común, es decir, todo depende del contexto, como por ejemplo que yo te pregunte si tienes hambre para invitarte a comer a mi casa, pues, podría darse el caso de que te de pena aceptar la invitación y mientas y digas que no tienes hambre, o que simplemente no tengas hambre y digas que no tienes hambre. Por otro lado, quiero recalcar el aire negativo de la mentira, es decir, que es de esperarse que el pesimista hubiese dicho que todos mienten todo el tiempo, pero mira que en la vida me ha pasado y yo mismo lo he hecho, pues, decir la verdad para ofender, no obstante, tampoco es objetivo irse al extremo de pensar de que todos dicen la verdad con el fin de ofender, sino que tanto mentir como decir la verdad depende del contexto y de la persona.

DEXTER.

¿No crees que tanto el pesimista como el optimista basan mas sus razonamientos en su propia vida más que en la sociedad en general?, por ejemplo, en el caso del pesimista no es que piense que todas las personas mientan, sino que piensa que todas las personas le mienten a él o a ella.

NICOLÁS.

Podría ser que se den ambos casos, que una persona pesimista piense que todos mienten en general y que otra persona pesimista piense que todos le mienten a él o a ella.

DEXTER.

Esto es como cuando uno escucha a una persona decir que la vida es una mierda, pues, habría que preguntarle a la persona si es que piensa que su vida es una mierda o que en general la vida es una mierda; no obstante, es poco creíble que dicha afirmación pueda ser objetiva cuando mucha gente vive vidas sublimes, por lo que es mas creíble que o se refiere a su propia vida o está divagando.

NICOLÁS.

Pero según lo que acabas de decir se podría afirmar que el pesimista no miente en cierto modo ni tampoco está equivocado, porque el hecho de que a ti no te importe algo no quiere decir que a otros tampoco les importe, o sea, que si el pesimista dice que todo en su vida es dolor, esto no es falso hasta cierto punto y siempre y cuando aclare que se trata de su propia vida y no de la vida en general. ¿Pero entonces cómo es la vida si no es como nos la presenta ya sea el optimista o el pesimista?

DEXTER.

Bueno, para responder esa pregunta primero debo decir que, aunque la vida es una, esta se presenta en una diversidad vastísima de seres, aunque es la de la seres humanos la que nos importa en este debate, ahora bien, si tomamos en cuenta todos los factores que se presentan en la sociedad en la cual vivimos los seres humanos, nos daríamos cuenta que aunque existen similitudes en las vidas de muchos, también existen diferencias en las vidas de otros, por lo que resultaría forzoso decir que la vida es fácil cuando puede ser difícil o viceversa. Lo que quiero decir, Nicolás, es que la vida de algunos si puede encajar en la descripción que te podría dar de la vida un optimista o un pesimista, pero dada la diversidad de destinos sería muy vago el afirmar que la vida en general es de una manera o de otra, y en general, resultaría mucho más conciso afirmar como es la vida de una persona en concreto.

NICOLÁS.

¿Crees entonces que el pesimismo y el optimismo no es otra cosa que una forma falaz y sensible de razonar?

DEXTER.

Es justo esa la razón por la que iniciamos este debate, y es que en tu pregunta parece demasiado obvio que ese es el quid del asunto, solo que había que aclarar que tanto el pesimista como el optimista tienen sus motivos para razonar de dichas maneras, y tanto como el pesimista como el optimista tienen parte de verdad en sus enunciados, en tu pregunta también se sobreentiende solo una parte de verdad, y es que en realidad el pesimista incurre en todo tipo de falacias, no obstante, el resumir el asunto como lo resumes en tu pregunta retórica tampoco es lo más exacto que se pueda “opinar”, porque como dijimos, a veces el asunto solo se resume a una mala expresión, además que se puede creer que el termino sensible puede alterar la veracidad de un enunciado, sea para bien o sea para mal, y esto es como creer que la buena expresión y la parsimonia solo producen razonamientos verdaderos.

NICOLÁS.

Yo opino que las situaciones pesimistas y optimistas pueden tener lugar en la vida de cualquier persona, pero dada la omnipresencia de la neutralidad en la vida de la mayor parte de la gente, sería difícil afirmar que la vida es como nos la puede presentar el optimismo o el pesimismo, y que son las sensaciones las que pueden crear una fijación en alguna de estas dos posturas.

DEXTER.

Yo creo que el término fijación es muy adecuado, porque bien podrían presentarse las situaciones pesimistas u optimistas y no tener una fijación con alguna de estas dos posturas, así como no vivir exactamente situaciones pesimistas u optimistas y tener una fijación con alguna de estas dos posturas; no obstante, quedan los casos en los que individualmente el asunto si es tal como la persona lo pueda retratar, es decir, que en efecto una persona viva una vida en la que todo sea trágico o que una persona viva una vida en la que todo sea sublime.

NICOLÁS.

Es de suponer que tanto el optimista como el pesimista pueden imaginar que la mayoría de las personas viven una vida de acuerdo a sus conclusiones, y que muy seguramente esto sea parte de su argumentación, aunque personalmente pienso que determinar si la vida de la mayoría de las personas es positiva o negativa es una cuestión harto vaga, puesto que como tu lo has dicho, podrían tener vidas negativas y no percibirlas como tal, tanto como tener vidas positivas y no concebirlas como tal, igualmente podríamos imaginar que resulte una masa considerable de personas cuyas vidas transcurren en la neutralidad, lo que opacaría en gran medida los argumentos pesimistas y optimistas acerca de la vida.

DEXTER.

Bueno, no hay mucho que decir al respecto, creo que nuestro debate ha terminado. De todos modos quiero resumir finalmente que el pesimismo y el optimismo tienen parte de verdad, quizá dramatizada, quizá mal expresada, quizá generalizada erróneamente, pero esta parte de verdad es el pilar de dichas posturas. Y es que las sensaciones juegan un papel bastante extraño en este caso, es decir, tal vez yo no sienta el pesimismo, pero eso no es prueba ni argumento para decir que mi vida es maravillosa, ni tampoco es la base para negar que la maldad o las desgracias pueblan nuestro mundo, porque uno podría caer en el error de pensar de que todo esta bien solamente porque uno se siente bien y viceversa.

NICOLÁS.

Yo también pienso que hemos llegado al fin de nuestro debate, Dexter. Yo por mi parte concluyo que muy seguramente estos personajes no sean filósofos, aunque el hecho de que no sean filósofos no quiere decir que estén en un error, como tampoco el ser filósofo significa poseer siempre la razón, no obstante, pudimos dilucidar que el pesimismo y el optimismo carecen de objetividad a la hora postular sus respectivas “doctrinas”. Y un punto que queda sin explorar es el de que ni tu ni yo somos abiertamente pesimistas u optimistas, es decir, que estamos hablando atrevidamente en nombre de estas personas, sin detenernos a escuchar de su propia boca los argumentos que los inducen a estas posturas, no obstante, pienso al respecto que esto no es similar a un proceso judicial, en el que el acusado debe estar presente y exponer su propia defensa, puesto que nuestro interés aquí no es la justicia sino la verdad, y es a la verdad a la que nos hemos referido.

DEXTER.

Convengo ello.

NICOLÁS.

Que así sea.

2 comentarios en “Dexter o del pesimismo”

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