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Como un glaciar de sangres ardo yo,
con un fuego cebado por la astenia,
como si un bosque hubiese en mis cenizas;
y en el oscuro trono de la gula,

postrado por aqueste detrimento,
yo me consumo como el tiempo mismo
y esta consumición me multiplica,
me resucita de esta consunción.

Y en este disonante estado psíquico
con mi veneno estoy purificándome
y también madurando mi intelecto;

y en un ciclón de luz andando estoy,
envuelto en una calma luminosa
y no cernícalo en tormentas pútridas.

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