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En medio de la eterna oscuridad,
arde mi entendimiento, impertérrito,
semejante al pabilo de una vela;
y sentado en la nada yo cavilo.

Y atrona mi corazón cual un bombo
destruyendo universos de silencio,
de silencio capcioso y sugestivo;
y entre diablos bostezo, nigromántico.

Y extingo yo la fe de mi enemigo
como quien sopla un diente de león,
e ingrávidos mis ojos se deslíen.

Y en una helada sangre de limones
vierto yo cien encrespados ciempiés;
y oro yo por mis faltas viperinas.

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