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Oh, Satanás, transmuta los yerros en fetiches
y convierte en sapiencia la muda hibernación,
transmuta los accesos del insecto en vendimias
y haz de la inexistencia la morada del rejo.

Oh, Satanás, concédeme el diablesco talento
para creer que aquello que yo no exteriorizo
no duerme en mis entrañas cual colectiva hipnosis,
y haz de las vejaciones ponzoña y medicina.

Dótame con la ruina y con la destrucción,
y haz del miedo mi sable, del amor mis cadenas,
y haz que nunca la furia en los rostros se asome;

con eufemismos púrgame, con blasfemias piadosas,
y cuando yo rebaje con humor la amargura,
oh, Satanás, defráudame con el pasivo olvido.

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