Todas las entradas por John

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Razonan ellos para persuadirse
de algo que no es en ellos ni real,
y aquello que es real en estas gentes
podría ser un llano y simple error,

por ejemplo, se orientan estas gentes
al optar por la senda del sistema
como aquel que comparte su insolvencia,
como aquel que comparte sus virtudes.

Y no hay nada de insólito en lo cierto,
como tampoco hay nada de quimérico
en el amanecer o anochecer;

y se asemeja al ojo lo que es cierto,
ergo, también caduca el invidente
del mismo modo que el pintor expira.

Pues, excepcionalmente se cavila
solamente en razón de los caprichos,
y en razón de no ser un masoquista.

Nota

La actual temporada se cancela en vista de las medidas que se han tomado debido a la situación de salud mundial por la presencia del COVID-19 y, en consecuencia, la VII temporada dará inicio el 1 de agosto de 2020. Quiero reiterar que continuarán las reediciones de las composiciones musicales, e igualmente las actualizaciones de los poemas y sus respectivas fotos; también quiero mencionar que he fundado el grupo COSMOS (black metal), del cual hasta el momento soy su único miembro. Por otro lado, quiero recordar que sigue en pie la sección de filosofía y la sección de relatos, aunque en esta temporada haya sido la sección de relatos la que no sumó publicación alguna, no siendo más, un saludo a todos los antiguos y nuevos seguidores del blog.

76

Y desde mi ventana
observo la lluvia ácida
y mi oído deleita
el lloro del murciélago…

y el sueño de tus tetas,
frías como el metal,
bulle en mi corazón
hasta el fin de los tiempos,

igualmente el recuerdo
de tu letal saliva
que cerró mi caletre,

o el peso de tus nalgas
que tanto me asfixiaban
en mis días satánicos.

Dexter o del pesimismo

DEXTER.

¿Cuál crees que sea la razón por la cual existe el pesimismo?

NICOLÁS.

Supongo que se debe al carácter del pesimista.

DEXTER.

¿Quieres decir que el pesimista es pesimista no por la razón sino por la emoción?

NICOLÁS.

Dexter, dije claramente que lo suponía, no estoy aseverando que esto sea así, pero a lo que me refiero es a que es la emoción del pesimista lo que dirige sus razones.

DEXTER.

Ciertamente que no es creíble que nadie tome algún partido sin razones, así estas razones no sean válidas, y aun teniendo en cuenta que la persona en sí las tome como ciertas, y esto es así incluso en los casos en los que las personas afirman que actúan de una manera ajena a la lógica, y me atrevo a aseverar que ha sido justo la razón la que los inspiró a no dar tantas vueltas a un asunto debido a su escasa capacidad intelectual, por lo que les resulta mucho más práctico tomar decisiones más inmediatas.

NICOLÁS.

Es de suponer que el caso del optimista sea análogo, es decir, que el optimista es optimista en parte por su forma de sentir, aunque tenga sus argumentos para ser optimista.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Pero dime, Dexter, ¿cuál de las dos posturas crees que sea más consecuente?

DEXTER.

En primer lugar, quiero expresar que como muchas otras conclusiones, este caso se basa en las probabilidades, es decir, que tanto el pesimista como el optimista tienen razón en pensar lo que piensan, aunque sea o no cierto que su forma de sentir intervenga directamente en sus pensamientos, por ejemplo: ¿es o no es cierto que si salimos a la calle podemos ser víctimas de un ataque?

NICOLÁS.

Es posible, ese tipo de cosas pasan todos los días.

DEXTER.

¿Y no es posible, en contraste, que al salir de nuestro hogar no nos pase nada malo?

NICOLÁS.

Bueno, hablando de probabilidades pienso que aunque acabo de responder que sí es posible que si salimos a la calle nos puede pasar algo indeseado como un ataque, también es posible que no nos pase nada, y ciertamente son muchos más los casos en los que no nos sucede nada que los caso en los que sí, tanto así que los casos en los que no nos pasa nada son la regla y los casos en los que nos pasa algo perjudicial son la excepción.

DEXTER.

Entonces no hay nada de extraño que las personas se centren en lo negativo puesto que es consecuente pensar en este tipo de cosas para prevenirlas.

NICOLÁS.

Aquí podríamos afirmar que es optimista pensar que todo lo negativo se puede prevenir, cuando es del todo posible que haya casos en los que un suceso desafortunado nos tome por sorpresa, y que esta forma de razonar es la que justifica la postura del pesimista, cuando este diga que no solo lo negativo es posible, sino que también es inevitable.

DEXTER.

Yo opino al respecto que lo más sensato sería concluir que lo negativo hace parte de nuestras vidas y que a veces las cosas negativas se pueden evitar y otras veces no se pueden evitar; lo mismo sucede con lo positivo, o sea, lo positivo hace parte de nuestras vidas y a veces estas cosas se pueden evitar y otras veces no, pero no es muy verosímil que la gente evite cosas positivas, puesto que lo positivo es deseable y no es lógico que alguien rechace algo que desee.

NICOLÁS.

Quiero objetar al respecto que se pueden dar los casos en que una persona rechace algo que desea, como por ejemplo en las relaciones eróticas o sentimentales, pues, a sabiendas de que se rechaza lo que no se desea y que se desea solo lo valioso, se puede dar la ocasión de que alguien rechace a otra persona para restarle valor y así disminuir la sensación de incompatibilidad.

DEXTER.

Pues, Nicolás, creo que ese tipo de artimañas existen, y aunque no se puedan corroborar a ciencia cierta se vuelven muy evidentes en la charla, este tipo de apuntes se me antojan como los hechos que se pueden corroborar como hechos pero de los cuales no tenemos una explicación, y que en tiempos remotos fueron la razón de ser de los mitos, pues, que con el paso del tiempo alcanzaron la explicación teórica, no obstante, es de suponer que este tipo de indiscreciones no sean dignas de un estudio científico.

NICOLÁS.

Quiero agregar al respecto que este tipo de estratagemas tienen su veneno en que, si se vuelve muy evidente que se rechaza con el fin de evadir impuestos, es igualmente verosímil que se rechaza por falta de interés, por desagrado y por incompatibilidad. Además, quiero opinar acerca de tu apreciación sobre el estudio científico, o sea, opino que ese comentario desmerita nuestras apreciaciones, y es que el talento del filósofo no radica en la magnanimidad de sus temas sino en su escrutinio y discernimiento, es como pensar que quien analiza los virus tiene un talento microscópico y quien analiza el universo tiene un talento macroscópico.

DEXTER.

Soy de tu dictamen, Nicolás. Además, quiero agregar que hay otro efecto o ilusión en este caso del estudio científico, y es que se puede pensar que el talento que se enfoca en lo importante es mas grande que el talento que se enfoca en lo que no es importante, aunque sea un poco desabrido dedicar esfuerzos a algo sin importancia, y ciertamente es falaz hacer ese tipo de asociaciones, como por ejemplo, curar una enfermedad es algo importante y en cierta medida es algo de interés colectivo, pero esto no quiere decir que quien cura una enfermedad tenga un talento mas vasto que un pintor.

NICOLÁS.

Retomando el hilo de la conversación, te vuelvo a preguntar, ¿quién puede tener objetivamente la razón entre el pesimista y el optimista?, ¿o qué bando te parece más consecuente?

DEXTER.

Creo que ambos tienen sus razones, y es que muchas cosas en la vida pueden ser macabras y desesperanzadoras tal como también pueden ser elocuentes y gratificantes, no obstante, ahondemos un poco en este tipo de tendencias: ¿qué opinas si te digo que el hedonismo puede no satisfacer a una persona?

NICOLÁS.

Bueno, en primer lugar, me imagino que tu pregunta va es por el lado del pesimismo; pues, opino que es posible dicho caso, y que es aquí donde la gente suele diferenciar entre el placer y la felicidad, por lo que el hedonismo puede catalogarse mas como vicio que como felicidad, dado que este vicio subyuga a la persona en vez de liberarla, y en otras palabras, la idea de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona se  vuelve totalmente creíble por parte de la persona pesimista.

DEXTER.

Imaginando que soy yo dicha persona pesimista y figurándome que quiero sustentar mi punto de vista acerca de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona, pues, quiero argumentar que se podría decir que dichos casos dependen en gran medida del carácter de cada quien, es decir, que se podría dar el caso en el que el hedonismo sea el estado natural y más sano de los seres humanos como también darse el caso en el que el hedonismo no sea mas que un martirio del cual se descansa en cuanto nos es posible, pero a esto se puede objetar, pues, a favor del pesimismo, que el hedonismo busca el placer, y que este enunciado nos afirma que este placer se busca desde el no placer, es como decir que el conocimiento se busca desde la ignorancia, por lo que se puede afirmar que el principio del hedonismo es la insatisfacción y/o el no placer, y que esta insatisfacción es el estado natural y la regla, en contraste, el placer que promete el hedonismo es el estado alterado y la excepción, además, también se puede decir que la búsqueda del placer puede tener objetos que no siempre son asequibles, por lo que es considerado con uno mismo formarse una doctrina que nos glorifique la vida abstinente, no sin dejar de lado la certidumbre de que existe la falta de deseo y la apatía, y aunque se podría afirmar que esta falta de deseo es el mismo glorificar la abstinencia que acabo de mencionar, también se puede afirmar sin lugar a dudas que no todas las personas tienen los mismos gustos ni los mismos vicios, y podemos corroborar esto con las preferencias gastronómicas, pues, si es que se piensa que el no exhibir un vicio determinado es solo el producto de la más simple mojigatería. Visto así el asunto podemos figurarnos que no es solo sentimiento sino razón lo que forja el pesimismo.

NICOLÁS.

Ya que has disertado acerca del hedonismo desde un punto de vista pesimista, quiero yo opinar sobre el mismo tema, pero visto desde el punto de vista optimista, y no para altercar en balde, sino para ampliar las miras de nuestra discusión. Pues bien, creo yo que tu comentario acerca de que el hedonismo tiene como principio la insatisfacción tiene cierta connotación negativa, me explico, es muy simple el entender que el deseo no es otra cosa que una necesidad, y que hay distintos tipos de necesidades, y que el abandonar mucho tiempo una necesidad puede devenir en sufrimiento, por ejemplo, tomar agua es una necesidad básica de los seres vivos, y si estos no toman agua por mucho tiempo, pues, es de esperarse que esto los perturbe física y psicológicamente, pero esto no quiere decir que el deseo sea exactamente un sufrimiento, puesto que nadie sufre por no tomar agua. Por otro lado, pienso que siempre que se habla del tema del placer se hace una diferenciación entre el término placer y el término felicidad, pues, pienso yo que el placer no es otra cosa que otro tipo de felicidad, me explico: así como no es igual el amor que una persona siente por su profesión que el amor que una persona siente por su cónyugue, tampoco es igual el placer sexual que el placer que proporcionan los estupefacientes, y aunque la gente asocia el placer mas con lo efímero y superfluo y el amor más con lo trascendente y duradero, opino que en esencia son de la misma naturaleza, solo que socialmente el uno se puede llegar a considerar nocivo y vulgar y el otro social y preferible, y que si se quiere, esto es tan verosímil que incluso se pueden trocar los términos sin que se pierda el significado de lo que se dice, por ejemplo, podemos decir que una persona ama los estupefacientes tanto como podemos decir que es adicta a estos, del mismo modo podemos decir que una persona ama a otra persona como podemos decir que es adicta a dicha persona, no obstante, lo que levanta sospechas en estos casos es la cuestión moral, es decir, que entre amar a una persona y amar los estupefacientes se entiende que lo primero es moral y lo segundo inmoral, pero esto es como decir que un color cuya tonalidad es oscura no es color porque hay colores cuya  tonalidad es clara, pues, en efecto ambos son colores a pesar de las diferencias que se presentan entre ellos, y que incluso podríamos asociar los colores de tonalidad oscura con las cosas negativas y los colores cuya tonalidad es clara con las cosas positivas, sin embargo, aunque hiciéramos estas asociaciones y estas fueran ciertas o no, o solo fueran impresiones y prejuicios basados en todos los motivos que se te ocurran, pues, aún así, ambos colores seguirían siendo colores; lo que quiero decir, Dexter, es que el amor y el placer son de la misma naturaleza, aunque el uno se asocie a cierto tipo de cosas que socialmente se consideran positivas y que el segundo se asocie eventualmente con cosas que pueden resultar tóxicas, no obstante, el amor no es mas que una preferencia, tanto como lo es el placer, ya que esta preferencia sea moral o inmoral o que esta preferencia sea crónica o aguda es distinto. De lo dicho anteriormente quiero resumir que es la necesidad lo que impulsa a desear y no el sufrimiento, y que dependiendo de la importancia de esta necesidad, pues, en el caso de que no se satisficiera, podría esta devenir en sufrimiento, que es distinto a afirmar que es el sufrimiento el estado primero del deseo, además de que lo que motiva al deseo es la complacencia y/o la felicidad que se espera obtener con lo que sea que se desee y no el mero hecho de dejar de sufrir, como tu lo explicas, porque es muy creíble que en medio de la hambruna nos asalte el antojo y no solamente la idea de la preservación de la propia vida, y que incluso en este caso prevalece la idea del placer por encima de la idea de evitar el dolor, y esto último en segunda instancia también se puede considerar hedonista, es decir, evitar el dolor que podría producir la hambruna.

DEXTER.

Creo que lo que señalaste de mi apreciación fue una leve exageración de mi parte, pero creo que tomando el asunto del optimismo en contraste con el pesimismo, pues, desde una perspectiva filosófica, se vuelva muy evidente que ambos partidos exageran sus enunciados, posiblemente por la intensidad de sus pasiones, porque se me hace difícil catalogar tus apreciaciones como optimistas, pues, generalizando y tomando el significado del término optimista de la manera mas común en la que se presenta en la sociedad.

NICOLÁS.

¿Sabes que pienso?

DEXTER.

Dímelo, Nicolás.

NICOLÁS.

Pienso que ambos puntos de vista podrían expresarse de otra manera y en otro contexto, y muy seguramente así podríamos apreciar el carácter que nos figuramos que le corresponde a cada postura.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Por otro lado, pienso que nadie siente con furor a la ligera ni cree ciegamente en nada por cualquier motivo, o sea, que no es el mero sentimentalismo lo que mueve ya sea al pesimista o al optimista, sino que es por sentido común que estas posturas existen, ya que en algún momento tanto el uno como el otro no tengan las facultades de defender sus puntos de vista en un debate filosófico es distinto, y que alguno de estos dos partidos no tenga las facultades para defender sus inclinaciones no nos asegura que estas inclinaciones sean incorrectas, nos hablan es en cambio de la ausencia de aptitudes filosóficas de quien se toma por optimista o por pesimista.

DEXTER.

Nicolás, estas afirmando que alguien puede tener la razón sin que tenga que explicarlo o comprobarlo.

NICOLÁS.

Si, eso estoy diciendo.

DEXTER.

Pienso que tu afirmación da una ventaja a quien no debería tenerla, pues la ventaja la debe tener quien tiene la razón y la desventaja quien no tiene la razón, aunque pienso que realmente es cierto, no porque alguien no posea las facultades para explicar lo que piensa quiere decir que este en un error, y me figuro que en estos casos los debates se truncan, puesto que aunque hay dos personas solo una de las dos se encuentra activa, pues, en el caso de que la otra persona este activa, porque si se diera el caso en el que en un debate ninguna de las partes tuviera aptitudes filosóficas, pues, el debate no llegaría a ningún lado y simplemente no se podría denominar como debate. Este caso me recuerda a cierta practica de la ley del estado, la cual dictamina que un acusado de delito se considera inocente mientras no se compruebe su culpabilidad, y en relación con el caso que estamos tratando, pues, podría yo afirmar que quien no sabe explicar o comprobar lo que asevera, no tiene la razón sino hasta que lo compruebe, no obstante, también se podría decir que alguien que afirma algo y no lo explica o lo comprueba podría tener la razón hasta que otra persona compruebe lo contrario, pero este tipo de situaciones nos recuerdan la faceta arlequinesca de los hombres, y es que si esto fuera así, cualquier persona podría afirmar todo tipo de ocurrencias y simplemente no dar el mas mínimo motivo y solo resignarse a que otra persona desenrede sus caprichos; por ejemplo, un caso histórico es el de la religión, en la cual afirmaron la existencia de unos entes sobrenaturales y, que no pudiendo los ateos comprobar la inexistencia de dichos entes, se dio por cierta su existencia, cuando en realidad lo más sensato era que los religiosos comprobaran la existencia de sus deidades.

NICOLÁS.

Pienso que tienes razón en lo que dices, Dexter.

DEXTER.

En síntesis, se puede concluir al respecto que el hecho de que una persona no sepa expresar sus puntos de vista, pues, no es prueba de que dichos puntos de vista sean incorrectos, pero que esto tampoco es un argumento para afirmar que sean todo lo contrario, porque lo más sensato sería pensar que si alguien no es capaz de explicar lo que piensa es muy seguramente porque no sabe de lo que habla, y por consiguiente esté en un error. Sin embargo, en el caso del individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, queda también el lado de comprobar lo que dice, porque también se puede dar el caso de que se compruebe que algo es cierto sin necesidad de argumentación, pero si alguien no puede explicar lo que afirma y tampoco lo puede comprobar, muy seguramente esta persona este en un error, y es más, en el caso de que el individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, pues, presentara pruebas para sustentar lo que dice, esto no sería un argumento para afirmar que tiene la razón, porque las pruebas se presentan para corroborar que algo es cierto, pero el solo hecho de presentar pruebas no quiere decir que estas pruebas sean válidas. Lo correcto sería que, si alguien afirma algo, esta persona lo explique y lo compruebe, no que alguien afirme algo y sin explicar ni comprobar nada espere a que otra persona lo tome por cierto, por lo que la idea de ser condescendiente a favor de la persona que afirma algo pero no lo sabe explicar queda si no rebatida, debilitada.

NICOLÁS.

En fin, no nos perdamos en digresiones y sigamos ilustrando nuestro tema principal. Dexter, ¿No es cierto que uno de los motivos por los cuales estamos vivos es el miedo a la muerte?

DEXTER.

Ciertamente, aunque me parece que volvemos al punto de la expresión, observa como en tu pregunta se aclara que el miedo a la muerte es uno de los motivos mas no es el único, y si apelamos a la imagen estereotipada del individuo pesimista podríamos figurarnos que este nos afirmaría que el miedo a la muerte es el único motivo.

NICOLÁS.

Elemental.

DEXTER.

En este punto de la charla se me antoja aclarar que la neutralidad no es la salida al aparente extremismo de las posturas que estamos tratando, y que este efecto de extremismo no es otra cosa que falta de objetividad en el raciocinio.

NICOLÁS.

¿Y cuál sería entonces un punto de vista optimista de acuerdo a la pregunta que estamos tratando?

DEXTER.

Bueno, sin ánimo de caricaturizar las posturas que estamos tratando, yo diría que si estamos vivos es justo para vivir, del mismo modo que tenemos pies para caminar, y que esto hace parte de la elocuencia de la naturaleza, y que la muerte también hace parte de esta elocuencia, pues, imaginando que esta naturaleza tenga en su entendimiento el sufrimiento que eventualmente se presenta en la vida, y que la muerte puede significar un descanso natural al fluir de la felicidad y los infortunios. Y es que la idea de que es solo el miedo a morir lo que nos mantiene con vida es una afirmación de que eventualmente algunas personas desean morir, y de aquí se puede concluir que la muerte es tan natural a la vida como el vivir la vida misma.

NICOLÁS.

No podría ser de otra manera.

DEXTER.

Analicemos un caso más práctico, ¿qué me dirías si yo te digo que todas las personas mienten?

NICOLÁS.

Te diría que es cierto.

DEXTER.

¿Es decir que las personas nunca dicen la verdad?

NICOLÁS.

Que todas las personas mientan no quiere decir que nunca digan la verdad y, es más, lo más cuerdo es pensar que todas las personas mienten y que todas las personas dicen la verdad, es decir, que a veces mienten y a veces dicen la verdad.

DEXTER.

¿Y por qué crees que mienten?

NICOLÁS.

Me imagino que las personas mienten por los mas diversos motivos, como por ejemplo por conveniencia, por discreción o por hipocresía, y en el caso de que digan la verdad me imagino que es por sentido común, es decir, todo depende del contexto, como por ejemplo que yo te pregunte si tienes hambre para invitarte a comer a mi casa, pues, podría darse el caso de que te de pena aceptar la invitación y mientas y digas que no tienes hambre, o que simplemente no tengas hambre y digas que no tienes hambre. Por otro lado, quiero recalcar el aire negativo de la mentira, es decir, que es de esperarse que el pesimista hubiese dicho que todos mienten todo el tiempo, pero mira que en la vida me ha pasado y yo mismo lo he hecho, pues, decir la verdad para ofender, no obstante, tampoco es objetivo irse al extremo de pensar de que todos dicen la verdad con el fin de ofender, sino que tanto mentir como decir la verdad depende del contexto y de la persona.

DEXTER.

¿No crees que tanto el pesimista como el optimista basan mas sus razonamientos en su propia vida más que en la sociedad en general?, por ejemplo, en el caso del pesimista no es que piense que todas las personas mientan, sino que piensa que todas las personas le mienten a él o a ella.

NICOLÁS.

Podría ser que se den ambos casos, que una persona pesimista piense que todos mienten en general y que otra persona pesimista piense que todos le mienten a él o a ella.

DEXTER.

Esto es como cuando uno escucha a una persona decir que la vida es una mierda, pues, habría que preguntarle a la persona si es que piensa que su vida es una mierda o que en general la vida es una mierda; no obstante, es poco creíble que dicha afirmación pueda ser objetiva cuando mucha gente vive vidas sublimes, por lo que es mas creíble que o se refiere a su propia vida o está divagando.

NICOLÁS.

Pero según lo que acabas de decir se podría afirmar que el pesimista no miente en cierto modo ni tampoco está equivocado, porque el hecho de que a ti no te importe algo no quiere decir que a otros tampoco les importe, o sea, que si el pesimista dice que todo en su vida es dolor, esto no es falso hasta cierto punto y siempre y cuando aclare que se trata de su propia vida y no de la vida en general. ¿Pero entonces cómo es la vida si no es como nos la presenta ya sea el optimista o el pesimista?

DEXTER.

Bueno, para responder esa pregunta primero debo decir que, aunque la vida es una, esta se presenta en una diversidad vastísima de seres, aunque es la de la seres humanos la que nos importa en este debate, ahora bien, si tomamos en cuenta todos los factores que se presentan en la sociedad en la cual vivimos los seres humanos, nos daríamos cuenta que aunque existen similitudes en las vidas de muchos, también existen diferencias en las vidas de otros, por lo que resultaría forzoso decir que la vida es fácil cuando puede ser difícil o viceversa. Lo que quiero decir, Nicolás, es que la vida de algunos si puede encajar en la descripción que te podría dar de la vida un optimista o un pesimista, pero dada la diversidad de destinos sería muy vago el afirmar que la vida en general es de una manera o de otra, y en general, resultaría mucho más conciso afirmar como es la vida de una persona en concreto.

NICOLÁS.

¿Crees entonces que el pesimismo y el optimismo no es otra cosa que una forma falaz y sensible de razonar?

DEXTER.

Es justo esa la razón por la que iniciamos este debate, y es que en tu pregunta parece demasiado obvio que ese es el quid del asunto, solo que había que aclarar que tanto el pesimista como el optimista tienen sus motivos para razonar de dichas maneras, y tanto como el pesimista como el optimista tienen parte de verdad en sus enunciados, en tu pregunta también se sobreentiende solo una parte de verdad, y es que en realidad el pesimista incurre en todo tipo de falacias, no obstante, el resumir el asunto como lo resumes en tu pregunta retórica tampoco es lo más exacto que se pueda “opinar”, porque como dijimos, a veces el asunto solo se resume a una mala expresión, además que se puede creer que el termino sensible puede alterar la veracidad de un enunciado, sea para bien o sea para mal, y esto es como creer que la buena expresión y la parsimonia solo producen razonamientos verdaderos.

NICOLÁS.

Yo opino que las situaciones pesimistas y optimistas pueden tener lugar en la vida de cualquier persona, pero dada la omnipresencia de la neutralidad en la vida de la mayor parte de la gente, sería difícil afirmar que la vida es como nos la puede presentar el optimismo o el pesimismo, y que son las sensaciones las que pueden crear una fijación en alguna de estas dos posturas.

DEXTER.

Yo creo que el término fijación es muy adecuado, porque bien podrían presentarse las situaciones pesimistas u optimistas y no tener una fijación con alguna de estas dos posturas, así como no vivir exactamente situaciones pesimistas u optimistas y tener una fijación con alguna de estas dos posturas; no obstante, quedan los casos en los que individualmente el asunto si es tal como la persona lo pueda retratar, es decir, que en efecto una persona viva una vida en la que todo sea trágico o que una persona viva una vida en la que todo sea sublime.

NICOLÁS.

Es de suponer que tanto el optimista como el pesimista pueden imaginar que la mayoría de las personas viven una vida de acuerdo a sus conclusiones, y que muy seguramente esto sea parte de su argumentación, aunque personalmente pienso que determinar si la vida de la mayoría de las personas es positiva o negativa es una cuestión harto vaga, puesto que como tu lo has dicho, podrían tener vidas negativas y no percibirlas como tal, tanto como tener vidas positivas y no concebirlas como tal, igualmente podríamos imaginar que resulte una masa considerable de personas cuyas vidas transcurren en la neutralidad, lo que opacaría en gran medida los argumentos pesimistas y optimistas acerca de la vida.

DEXTER.

Bueno, no hay mucho que decir al respecto, creo que nuestro debate ha terminado. De todos modos quiero resumir finalmente que el pesimismo y el optimismo tienen parte de verdad, quizá dramatizada, quizá mal expresada, quizá generalizada erróneamente, pero esta parte de verdad es el pilar de dichas posturas. Y es que las sensaciones juegan un papel bastante extraño en este caso, es decir, tal vez yo no sienta el pesimismo, pero eso no es prueba ni argumento para decir que mi vida es maravillosa, ni tampoco es la base para negar que la maldad o las desgracias pueblan nuestro mundo, porque uno podría caer en el error de pensar de que todo esta bien solamente porque uno se siente bien y viceversa.

NICOLÁS.

Yo también pienso que hemos llegado al fin de nuestro debate, Dexter. Yo por mi parte concluyo que muy seguramente estos personajes no sean filósofos, aunque el hecho de que no sean filósofos no quiere decir que estén en un error, como tampoco el ser filósofo significa poseer siempre la razón, no obstante, pudimos dilucidar que el pesimismo y el optimismo carecen de objetividad a la hora postular sus respectivas “doctrinas”. Y un punto que queda sin explorar es el de que ni tu ni yo somos abiertamente pesimistas u optimistas, es decir, que estamos hablando atrevidamente en nombre de estas personas, sin detenernos a escuchar de su propia boca los argumentos que los inducen a estas posturas, no obstante, pienso al respecto que esto no es similar a un proceso judicial, en el que el acusado debe estar presente y exponer su propia defensa, puesto que nuestro interés aquí no es la justicia sino la verdad, y es a la verdad a la que nos hemos referido.

DEXTER.

Convengo ello.

NICOLÁS.

Que así sea.

75

Expectante me encuentro por todo lo lejano
en un fiero oleaje de glaciales montañas
cuyas formas anárquicas se asemejan, en suma,
a mis afectos mórbidos y ansiosos de tristuras;

y tentado me encuentro de locura postiza,
de realidad alterna y de espacial vacío,
y asqueado de los yerros propios y ajenos, pues,
tentado a formatear la creación completa.

El báculo maldito de mi insatisfacción
es igual a la sed, a la sed de las aguas,
deliro inexistente en negras osamentas;

y soy como una pieza de algún rompecabezas
por la sola ansiedad quemada y retorcida,
aspiro a la llenura mediante lo imposible.

74

Ángel guardián, perfume de lágrimas de envidia,
manifiéstate y guía mi marcha sepulcral,
pues, desde donde nada pueda yo cuestionarte
para que así reafirmes tu razón y buen juicio.

Ven al altar santísimo de la filosofía
a insinuar tus doctrinas solapadas y arcanas,
hablando sin hablar y en todos los idiomas,
onceavo magistrado del supremo silencio.

Tú, cuya sombra líquida abomina y blasfema,
no irrumpas ni profanes mi terquedad vampírica
y haz de tu protección la verdad y el poder;

y no me desafíes a ultimar un camino
que real es para otros más falso para mí,
esto es cual tomar té para calmar la sed.

73

Y no puedo observarte
sin ver detrás de ti
una legión de amantes
o canas cataratas;

y no puedo observarte
sin ver detrás de ti
sangrientas tempestades
o ese burlón olvido.

Y yo escancio tu rabia
en cuanto corazón
asesino y necrófago;

y fumo telarañas
de los abismos psíquicos
arrepticio e insaciable.

Cirilo o de la igualdad

CIRILO.

¿Es cierto que todos desean por defecto la igualdad?

DAVID.

Creo que las personas desean todo tipo de cosas.

CIRILO.

Pero dime, ¿a qué crees que se deba esto?

DAVID.

Me figuro que es una cuestión de intereses, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Opino lo mismo, ciertamente es una cuestión de intereses, y ya que nadie desea lo que ya posee, es muy simple concluir que quien desea la igualdad seguramente no la posee.

DAVID.

Es un conflicto que no explicaste en tu pregunta pero que se sobreentiende.

CIRILO.

¿Y no te parece muy evidente y/o creíble que el deseo de igualdad esté acompañado de una actitud resignada frente a la ambición?, es decir, si estuviéramos en un conflicto en el que no podemos ser ambiciosos porque tenemos todas las de perder, ¿no es creíble que nuestra actitud fuese una muy distinta si tuviésemos todas las de ganar?

DAVID.

¿Lo que intentas decir es que las personas desean la igualdad solo cuando se encuentran en estado de indefensión?

CIRILO.

Sí, y además pienso que si el caso fuese al contrario la persona no desearía la igualdad sino la injusticia, puesto que esta injusticia o esta desigualdad le convendría.

DAVID.

Seguramente, y por mi parte pienso que no es creíble que un individuo en medio de la desigualdad, y teniendo en cuenta que esta desigualdad estuviese en su contra, pues, adoptase una actitud activa como la de la ambición, o no es congruente.

CIRILO.

Aunque se podría dar el caso que una persona que esté en medio de la amenaza de la desigualdad, es decir, de la injusticia, pues, adoptase una postura semejante.

DAVID.

No es por pasar por supersticioso cuando hablo sobre cosas que son tan difíciles de comprobar, pero me figuro que si se diera el caso sería una actitud similar al heroísmo.

CIRILO.

Esto es como si un indigente, que no teniendo nada en el mundo más que su propia vida, pues, se enardeciera en arengas progresistas.

DAVID.

Tu ejemplo ilustra a la perfección mi comentario, no obstante, y entre paréntesis, tengamos en cuenta que el hecho de que una situación como la que acabas de exponer resulte incongruente o contraproducente para el individuo que declama el susodicho discurso, pues, no nos dice nada a favor o en contra de sus argumentos, en razón de que estos sean verdaderos o falsos, mas sin embargo la buena lógica nos dicta que no solo no debemos hablar sobre lo que no sabemos sino que tampoco debemos hablar sobre aquello que nos agosta, puesto que la razón se muere sin bases en el primer caso y la credibilidad se pierde en el segundo.

CIRILO.

Según lo que acabas de decir no podría yo hablar acerca de la muerte porque no la he experimentado, y porque además esta muerte le dará fin a mi existencia, y dado que este fin delata mi debilidad al no poder contenerla, pues, se puede considerar esto como un argumento para no dar credibilidad a mis palabras acerca de la muerte; y es que esto es como negarse a ser curado por un médico por el hecho de que este se ha enfermado un sin número de veces en su vida y fuera de eso algún día morirá.

DAVID.

Elemental.

CIRILO.

Pero bueno, retomando el tema podemos concluir que la ambición es una actitud activa en relación con la resignación, además que la ambición es solo un deseo mas no es un método ni algo que se le asemeje, y que nadie consigue lo que sea que quiera conseguir solamente deseándolo, a menos que sea algo que suceda de forma natural, como que una persona deseara que el tiempo pasase mas rápido y pues, definitivamente el tiempo pasará, no rápido, pero pasará.

DAVID.

Eso sucede porque en esos casos la ambición se ve beneficiada por la casualidad, a más que el esfuerzo y la casualidad también pueden ir de la mano.

CIRILO.

Pero bueno, respóndeme francamente, ¿qué es lo igual?

DAVID.

Creo que es lo mismo, Cirilo, como lo son dos manzanas. ¿Pero no crees que en tu pregunta se difumina un poco el término igualdad con el término igual?

CIRILO.

David, eso sucede seguramente porque la igualdad trata de lo igual, solo que, sin ser conscientes de ello, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, aunque se podría aplicar también a muchos otros temas, como el de la relativa igualdad que hay entre dos manzanas.

DAVID.

Muy simple.

CIRILO.

¿Y a qué crees que se deba esta simpleza?

DAVID.

Bueno, ya que ha quedado claro que el término igual es una variación del término igualdad, opino que la simpleza se debe al número de factores a tener en cuenta a la hora de concluir si en una situación hay o no igualdad, y dado que la manzana no pertenece a una sociedad, es de esperarse que carezca de todos los beneficios y percances que generan desigualdad en los seres humanos, y por lo tanto podemos afirmar que la ausencia de esta sociedad y de estos beneficios y percances es lo que hace que sea simple el determinar la relativa igualdad entre las dos manzanas, además, cuando pronunciaste el término relativo al hablar sobre la igualdad de las manzanas, me figuro que te referiste a las pequeñas diferencias físicas de las manzanas, y dado que no es común que una manzana tenga un tallo de 11cm y la otra tenga un tallo de 3cm, o que una manzana pese 6kg y la otra manzana pese 2lb, pues, las diferencias físicas que pueden resultar serían similares a las crestas papilares.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Pero no nos apresuremos, Cirilo, creo que puedo esclarecer este punto de la siguiente manera: lo igual es aquello que tiene exactamente las mismas características que lo otro, tanto en calidad como en cantidad, y que si existen variaciones en estas características, pues, estas variaciones deben ser naturales como las ya citadas crestas papilares y que, para ser mas precisos, debemos diferenciar el término igual del término réplica, porque si tomáramos las crestas papilares o detalles tan ínfimos para negar la igualdad, pues, no encontraríamos ni ser ni cosa igual en la creación, incluso si tomamos en cuenta los productos industriales creados en masa o la mismísima clonación, además, en el caso de que alguien se tomara la molestia de hacer una réplica totalmente exacta de lo que sea que fuere, esto no negaría la igualdad y encajaría más en el término réplica.

CIRILO.

Opino que la aclaración viene del rigor de la lógica, es decir, que si yo digo que una cosa es igual que otra, estas cosas no deben ser parecidas sino iguales, y es más, se puede agregar que esto es una errata tanto de lógica como de semántica, puesto que es comprobable que aquellas dos cosas no sean totalmente iguales, y que si no son totalmente iguales son por lo tanto diferentes, de aquí que podamos afirmar que estoy dando un juicio falso y/o utilizando un término inexacto; en este caso debí utilizar el término parecido en vez del término igual, porque no es lo mismo decir muerto que moribundo.

DAVID.

Cirilo, es que es evidente que la discusión se torna más compleja en relación con el número de factores a tener en cuenta. En el caso de la manzana podríamos tener en cuenta su peso, su tamaño, su color, su sabor, su tallo y demás, pero el término igualdad nos redirecciona inevitablemente a temas relacionados con la sociedad, y es esta sociedad la que multiplica varias veces el número de factores a tener en cuenta para poder concluir que existe igualdad en relación con algo.

CIRILO.

Mi querido David, opino que esto se debe a algo tan simple como a que no es por ser idénticos físicamente la razón por la cual hayan existido desde tiempos ancestrales los conflictos entre los hombres, sino a la ambición de ser más o tener más y el dolor de ser menos o tener menos que otros individuos. En este punto podemos comentar ciegamente y sin temor a equivocarnos que estas ambiciones de ser más o tener más son alimentadas por el interés, como ya habíamos comentado, y aunque las personas tienen los más diversos intereses tampoco se puede negar que hay asuntos de interés general y que incumben incluso a aquellas personas a las que nada les importa.

DAVID.

Ahora que lo mencionas, es decir, aquello de los asuntos de interés general, pues, se me vienen a la mente algunos casos como la política, la economía, los conflictos armados, entre otros, y no es por pasar por superfluo, pero se me viene a la mente el caso del aspecto físico, pues, en relación con el tema de la igualdad.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Ciertamente el arte ha plasmado su visión del mundo con una diversidad de opiniones y con formas variadísimas de expresión, unas veces para magnificarlo y otras veces para criticarlo y caricaturizarlo; y el caso en especifico que tengo en mente es el del género de terror, sea en el arte que sea, pues, el caso es que el aspecto físico es un tema más que recurrente en este género, por lo que podemos deducir que el aspecto físico es algo que causa terror y que no está en los intereses de nadie aterrorizarse por su propio aspecto.

CIRILO.

Y según tú, ¿por qué causa terror el aspecto físico?

DAVID.

Bueno, en primer lugar, quiero decir que para nadie es un misterio la “existencia” de la vanidad, como tampoco es un misterio el saber que esta vanidad nos causa placer cuando es complacida y dolor cuando es vulnerada, y aunque la vanidad puede verse excitada por innumerables motivos, los cuales se basan en los intereses de cada quien, es inevitable el asociar el término vanidad con el aspecto físico, y esto es tan inevitable como no asociar el sexo con la vanidad y con el amor; y debo aclarar que estas asociaciones son prejuicios que habitan en nuestra mente por una cuestión de probabilidades, tal como asociamos más fácilmente el término igualdad con asuntos sociales y no con manzanas. Ahora bien, tal como traje a colación el tema del aspecto físico valiéndome del género de terror, ahora me valdré de la pornografía para evidenciar la trascendencia del sexo; pues, como todos sabemos, el sexo tiene una especifica función reproductiva, aunque también se sabe a ciencia cierta que el cuerpo humano está dotado de manera tal para que el sexo se convierta en una de las experiencias físicas más placenteras, y si tomamos en cuenta que el aspecto físico está ligado prejuiciosamente a varias de las experiencias mas placenteras, podemos figurarnos que es muy viable pensar que el no poseer x o y aspecto nos puede amputar de nuestras vidas dichas experiencias. En relación con el tema del sexo quiero opinar entre paréntesis que, partiendo de lo ya dicho, podemos figurarnos que el aroma maligno que suele exhalar el sexo proviene de este juego macabro, en el que las ansias por la desigualdad positiva en relación con los atributos de los amantes quedan totalmente declaradas, tanto que sea uno en persona quien posea un aspecto dado o que nuestra amante sea quien posea cierto aspecto, puesto que no es creíble que en relación con la lujuria todos quieran verse iguales o mucho menos ser réplicas. Por otro lado, y ya que toqué el tema de la función reproductiva del sexo, quiero agregar que incluso la apariencia de nuestros padres debe cumplir con ciertos parámetros, en contraste, esto me hace recordar filmes sobre niños que son hijos de dioses malignos y cuya apariencia es terrorífica, y además, hablando de procreación, no olvidemos como se crearon los androides que hoy en día cumplen incluso la función de conyugues; y es que las burlas en relación con el aspecto físico no son otra cosa que una afirmación que trata sobre no ser apto para algo como la familia o la sexualidad, aunque nuestra apariencia no sea un reflejo de nuestra verdaderas facultades…ah!, y si crees que hablo nimiedades, mira por ejemplo como en el reino animal las manadas se reúnen solo en razón de su misma especie.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Incluso las escenas sangrientas en el género de terror, sea en el arte que sea, son invasivas no solo por su brutalidad sino por el aspecto de las víctimas, es decir, cuando se presentan imágenes de mutilaciones o casos similares, y es que uno podría decir que es en realidad el imaginarse en carne propia el dolor ajeno, pero el preciosismo de las escenas nos demuestra que en realidad hay una fijación visual con ese tipo de material.

CIRILO.

David, lo que intentas decir es que el hecho de que el género de terror haya tomado como uno de sus ingredientes predilectos los aspectos más monstruosos, pues, sea una prueba contundente de que el aspecto físico hace parte de los intereses de la gente en general, y que es muy consecuente hacer una asociación entre el dolor y el terror, de lo que se deduce que las escenas terroríficas no son otra cosa que ese dolor llevado al extremo; además, no siendo del interés de nadie el dolor, es de esperarse que la gente conciba una ambición alrededor del aspecto físico, o por lo menos de cómo la sociedad los percibe, ¿o no es así?

DAVID.

Tú lo has dicho, Cirilo. Además, y como habíamos señalado anteriormente, hay ciertos prejuicios ocultos en nuestros enunciados, y es el hecho de que nuestro discurso sobre el aspecto físico nos redirecciona a cierto tipo de actitudes que aunque son aplaudidas por ciertos círculos sociales, también son criticadas por otro tipo de personas, y es aquí donde aparece el término superficialidad, o sea, la idea de que nuestro aspecto nos hiera sobremanera o nos envalentone es tildada de superficial, no obstante, eso no es nuestro asunto, nuestro asunto va es por el análisis de la igualdad y qué es lo que hace que unos la deseen y otros la censuren. Y es que la respuesta acerca de los motivos de estos dos bandos la hemos dado ya al principio de nuestra discusión, pues, dijimos que las personas suelen abogar por la igualdad cuando las desigualdades se vuelven contra ellos, y que suelen abogar por la desigualdad cuando esta les conviene, palabras más, palabras menos; es decir que las personas que optan por glorificar la vanidad lo hacen para quienes cuenten con las características necesarias para llevar la vanidad a buen término, no sin dejar de lado la idea de que lo hagan con intenciones tóxicas, no obstante, y en cualquier caso, este tipo de practicas se manejan en la sociedad a modo de alimento psicológico, mientras que otro tipo de personas optan por desvirtuar el tema de la vanidad, sea porque es una cuestión irrelevante en relación con otro temas o sea porque piensan que este tema crea malestar en la sociedad, puesto que mucha gente no posee las características necesarias para satisfacer los cánones de belleza “impuestos” por esa misma sociedad, y tal como los cánones de belleza sobrepasan el aspecto de la gente del común, los aspectos de las historias de terror no son otra cosa que la representación de una desigualdad extrema e inversa a la de los ya citados cánones.

CIRILO.

Tus últimas palabras me recuerdan el término réplica, o sea, la réplica sería el extremo de la igualdad, y supongo que es a eso a lo que te refieres con el ejemplo del terror.

DAVID.

Ciertamente, pero quiero agregar que lo del aspecto físico y sobre todo ligado a los conflictos sociales no se limita solamente a la vanidad, es decir, que hay cosas que nos parecen mas o menos agradables, como por ejemplo los paisajes, pues, no podemos negar que existen paisajes que son visualmente siniestros, aunque no exista dolor ni maldad alguna en dichos paisajes, del mismo modo que no hay placer ni bondad en los paisajes que son visualmente hermosos, supongo que son meras impresiones.

CIRILO.

Podría argumentar que hacemos una especie de asociaciones mentales de manera subconsciente sobre el aspecto de los paisajes, como el paisaje árido con la desnutrición o el paisaje hermoso con la lozanía, mas sin embargo no tengo como comprobarte que dichas asociaciones se lleven a cabo en nuestro cerebro, por lo que yo también llego a la conclusión de que son meras impresiones.

DAVID.

Cirilo, y es que estas impresiones son las que determinan la igualdad tanto para bien como para mal, y pues se me ocurre así de momento el ejemplo de la comida, o sea, el aspecto de la comida no nos dice mucho acerca del sabor de la misma, no obstante es por instinto y no por estupidez que las personas se guían por la apariencia, es como cuando alguien se asoma a un abismo, y es por la sospecha que tenemos de que podemos caer en él lo que nos inspira el vértigo.

CIRILO.

¿Pero no es acaso cierto que los prejuicios se forman en nuestra mente gracias a un cúmulo de recuerdos de coincidencias?

DAVID.

¿A qué te refieres exactamente?

CIRILO.

Es decir, si en algún momento una persona tiene un vago juicio sobre otra persona basándose únicamente en su aspecto físico, ¿acaso esto no se debe a que la primera persona posee en su mente el vago recuerdo de una serie de casos en los que ciertas personas con ciertos aspectos tenían caracteres similares o vidas similares?

DAVID.

Por supuesto, y esto mismo es lo que sucede en el caso del abismo, pues lo más probable es que la persona que siente el vértigo posea en su saber casos en los que personas hayan caído o se hayan lastimado luego de caminar sobre un abismo o sobre un vacío. Y me imagino que el término que quieres traer a colación es el término probabilidad, y es que si decimos abismo no pensamos en otra sino en caer, aunque haya probabilidad de otras opciones, y es que lo mismo sucede con el caso de la apariencia física, por ejemplo, no hay muchas probabilidades de que un neonato te mienta, por lo que no hay una especie de prejuicio al respecto con los neonatos, o no es creíble que cuando alguien menciona el término neonato todos piensen en que éste miente, puesto que la experiencia que forma el prejuicio no nos invita a semejante suposición.

CIRILO.

Es como la apariencia física que reina en las cárceles, no es común que estas gentes posean rostros afables, aunque por otro lado existen intelectuales, artistas y hasta políticos cuya apariencia raya en lo salvaje.

DAVID.

Justo por eso hable de probabilidades, o sea, en el caso que expones es evidente que los primeros poseen características de los segundos, aún teniendo en cuenta que son individuos relativamente diferentes, no obstante, es bastante congruente llegar a la conclusión de que no por el hecho de que una persona esté en prisión, pues, se pueda catalogar de maligna, en contraste podemos encontrar artistas dedicados a la expresión de la maldad y de lo grotesco, como también políticos corruptos, dictadores sanguinarios o intelectuales que conciben doctrinas que incluso llegan a ser dudosas en sus propias vidas.

CIRILO.

El caso de la prisión ilustra nuestra teoría de las probabilidades mucho mejor, y aunque bien dices que no porque una persona caiga en prisión se la puede tachar de perversa, opino que es inverosímil o mucho menos probable que los santos caigan en prisión.

DAVID.

Que los santos caigan en prisión es mucho menos probable.

CIRILO.

¿Pero no estamos afirmando acaso que el aspecto de una persona determina su carácter?

DAVID.

Implícitamente lo estamos afirmando, Cirilo, y es que la cuestión nos remite de nuevo a las probabilidades, aunque no podamos aseverar que una persona sea de una manera porque tiene cierto aspecto tal como no podemos afirmar que una comida tenga cierto sabor por su apariencia, a menos que se conozca el sabor de dicha comida de antemano, no obstante, tampoco podemos negar que existen los casos en los que el aspecto de una persona nos ilustra acerca de su carácter.

CIRILO.

¿Y a qué viene que las personas de cierto aspecto busquen personas de su mismo aspecto?, pues, según tú.

DAVID.

A mi parecer es una sencilla y compleja interrogante, o sea, el aspecto físico no solo está estigmatizado por los prejuicios que estamos tratando, sino que también está ligado a otros asuntos mas concretos como la edad, y esta edad esta ligada a su vez a una serie de asuntos que surgen con la vida en sociedad como la cultura, la profesión, la religión o la filosofía, o incluso otros más invasivos como los círculos sociales o las tribus urbanas; pues, como ya lo habíamos hecho notar con el ejemplo de las manzanas, en este punto nos podemos figurar que surgen ya muchos otros factores a tener en cuenta a la hora de hablar de igualdad. Además, Cirilo, lo que subyace en esta opinión es el término compatibilidad, y es que en relación con este término quiero decir que no necesariamente es compatible solamente lo igual, y que es de esperarse que lo igual sea compatible como regla y que lo diferente o desigual sea compatible como excepción.

CIRILO.

Es decir que también se puede dar el caso de que dos cosas iguales sean incompatibles como también darse el caso de que dos cosas distintas sean compatibles.

DAVID.

En efecto.

CIRILO.

¿Entonces se puede afirmar que las diferencias de toda índole son las que distancian a las personas entre sí?

DAVID.

Opino que sí, y opino también que no es necesaria la distancia como tampoco lo es la cercanía, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Soy de tu mismo dictamen en cuanto a la distancia y la cercanía, además opino que la diversidad de gustos puede alejar a las personas, no obstante, no creo que sea tan simplista el asunto como en primera instancia parece, o sea, en muchas ocasiones estos gustos conllevan ciertos requisitos como por ejemplo una vestimenta, un estilo de vida o cierto tipo de caracteres, como por ejemplo los caracteres que son comunes en la gente rumbera, o el nivel de cultura que es adecuado para un círculo de intelectuales, y es más, se sabe y se sobrentiende que la gente de las clases altas o privilegiadas de la sociedad prefieren socializar con otras personas de su mismo estatus socioeconómico, sea por la razón maligna o por la razón lógica da igual, no obstante, me explico: por un lado, tenemos la arrogancia que suele generar la desigualdad positiva y, por otro lado, tenemos la compatibilidad; y es que quien no posea un estatus socioeconómico equivalente a las personas que le rodean, pues, ciertamente se verá envuelto en un sinnúmero de situaciones bochornosas.

DAVID.

Pero bueno, ¿Cuáles son exactamente los efectos secundarios de la desigualdad?

CIRILO.

La exclusión y la predilección, dependiendo del caso.

DAVID.

Explícate, mi querido Cirilo.

CIRILO.

Pienso que las desigualdades suelen generar exclusión cuando son negativas y predilección cuando son positivas. Ahora bien, retomando el sencillo ejemplo de las manzanas podemos figurarnos que no existirá exclusión por parte de la primera manzana hacia la segunda manzana, pues, en razón de que la segunda manzana posea una diferencia notable, como por ejemplo que la primera manzana fuese roja y la segunda manzana fuese verde, y es fácil concluir que no existirá dicha exclusión puesto que las manzanas no piensan, y si no piensan es cuerdo concluir que no tienen intereses, por lo cual sus intereses no pueden ser vulnerados, además de que no hay entre las manzanas un prejuicio que indique que la de un color es mejor o preferible que la otra del otro color, y al no tener las manzanas la facultad del intelecto, no podría la una envilecerse por su color o incluso intentar engañar a la otra de ser mejor o preferible por su color.

DAVID.

¿A dónde quieres llegar?

CIRILO.

Al engaño, David. Ahora responde, ¿por qué una manzana intentaría engañar a otra manzana “diciéndole” que es más valiosa por su color?

DAVID.

No lo sé, dímelo tú.

CIRILO.

Mi conjetura es que, siendo el color la diferencia más invasiva entre las dos manzanas, pues, la primera opte por postular su color como el preferible en relación con el color de la segunda, haciéndose no solo con la preferencia sino también adelantándose a la exclusión de la cual puede ser víctima, y es que este comportamiento tiene su explicación en las probabilidades, las cuales nos dictan que las diferencias generan exclusión o predilección.

DAVID.

Es creíble.

CIRILO.

En relación con la sociedad quiero decir que, si se tiene en cuenta el papel protagónico de las diferencias en los casos de discriminación, es consecuente que las personas suelan tomar las medidas que apreciamos en el ejemplo de las manzanas como un instinto natural y como un alimento psicológico mediante el cual pueden cebar su vanidad, pues, magnificando aquello que los diferencia y, a expensas de la dignidad ajena.

DAVID.

Muy elocuente, Cirilo. Por mi parte quiero señalar el término exclusión, pues como ya hemos dicho la desigualdad deviene en exclusión, sin embargo, recordemos como los seres humanos excluyen de manera muy distinta a los animales.

CIRILO.

Los excluyen de manera impersonal.

DAVID.

Exactamente, pero a lo que quiero llegar a es que nunca se ha discriminado o excluido a un grupo de animales de la misma manera que ha sucedido entre los seres humanos, y es que hay algo muy personal y venenoso en la discriminación que hay entre los seres humanos, indiferentemente si se trata de asuntos trascendentales o intrascendentes; y esto es así incluso cuando se trata de exterminios, los cuales distan mucho de ser similares a los exterminios de animales, los cuales se llevan a cabo es para la industria alimentaria. Y si los seres humanos y los animales son tan diferentes, ¿por qué han existido las guerras consignadas en la historia?

CIRILO.

A lo que te refieres es a que si las desigualdades nos alejan, deberíamos por lo tanto estar más alejados del animal que del hombre; y aunque la situación no es tan trágica como la pintas, pienso que sí es cierto que esas guerras han existido, existen y seguirán existiendo hasta el final de los tiempos.

DAVID.

Creo yo que esto se debe a los prejuicios, es decir que el ser humano da por hecho muchas cosas en relación con sus semejantes, me explico: el hecho de que una persona pueda robarte cuando salgas a la calle es un prejuicio basado en las probabilidades, del mismo modo no hay probabilidades de que un animal haga una cosa parecida, y asimismo pueden darse un sinnúmero de situaciones que pueden resultar perturbadoras para la gente, además que estas situaciones se acumulan en nuestra mente y forman un prejuicio sobre la sociedad en general; otros casos podrían ser, por ejemplo, que las personas se burlen de tu forma de vestir, de tu aspecto físico, de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tu familia, de tus preferencias sexuales, de tus gustos musicales, del color de tu piel, o de tu nacionalidad…y bueno, un larguísimo etcétera en el cual los animales son totalmente ajenos e indiferentes.

CIRILO.

Supongo que la conclusión de tu respuesta es que la mezcla de todas estas probabilidades es la razón por la cual existe la discriminación, la cual es uno de los efectos secundarios de la desigualdad, y que esta discriminación existe a modo de defensa y anticipación, además que esto explica el tratamiento que se tiene para con los animales, con los cuales no estamos a la defensiva en relación con este tipo de temas.

DAVID.

En otras palabras, lo que dices es que las personas tratan con reserva a otras personas y de acuerdo a ese cúmulo de recuerdos que han formado su noción de la sociedad, y pues que a los animales se les trata es más como a cosas, a pesar de que no existen ese tipo de reservas con ellos.

CIRILO.

Justamente eso quise expresar.

DAVID.

Ahora, pienso yo que es necesario traer al debate un término más.

CIRILO.

¿Qué término?

DAVID.

El término equivalente.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Pienso yo que hay muchos otros casos con los cuales podemos analizar el tema de la igualdad, así como muchas otras cosas a tener en cuenta a la hora de un exponer un sano dictamen, no obstante, quiero abordar el tema desde otro ángulo, y para ello quiero retomar el ejemplo de las manzanas. Al analizar el ejemplo de las manzanas tomamos en cuenta solamente las características de dos manzanas, pero al momento de transponer a la sociedad este ejemplo nos tendremos que enfrentar no solo a muchos otros factores a tener en cuenta sino a distintas clases de seres, y no solamente las diferencias que existen entre los seres humanos y los animales, las cuales resultan mucho más marcadas que las diferencias que podemos encontrar entre los seres humanos, sino también en las especies y subespecies de estos seres vivos, por ejemplo, los factores a tener en cuenta para desarrollar nuestras conjeturas se verían multiplicados en el ejemplo de las manzanas si al caso invitásemos una sandía, de lo cual resultarían muchas otras diferencias físicas, las cuales nos alejarían por completo del término réplica; ahora bien, otro asunto sería discutir si dichos factores son cualidades o defectos, y a sabiendas que estas cualidades y estos defectos son indiferentemente diferencias y/o desigualdades, deberíamos también tener en cuenta el término equivalente, pues, bien seguros de que estas dos frutas no pueden ser del todo iguales y mucho menos una manzana ser la réplica de una sandía, sería necesario concebir que algo y otra cosa, no siendo lo mismo sino todo lo contrario, se puedan considerar en sano juicio de la misma naturaleza y valía.

CIRILO.

Dame un buen ejemplo en el que dos cosas sean diferentes y equivalentes al mismo tiempo.

DAVID.

Bueno, el arte es un buen ejemplo de ello, la poesía no es pintura pero ambas pueden ser equivalentes, aunque la una se lea y la otra se observe; negar esta comparación sería como decir que es inválido comparar a la música con la filosofía, puesto que no es propio de la naturaleza de la música la razón ni es propio de la naturaleza de la filosofía ni el sonido ni los instrumentos. Además, cabe señalar que no quiero yo dar por aceptada la calidad artística de las artes que acabo de mencionar, pues trato este ejemplo es de acuerdo al tema que estamos discutiendo.

CIRILO.

Lo que quieres decir, David, es que aquello que hace a las cosas equivalente es la especie, puesto que aunque la manzana y la sandía son en suma distintas se puede afirmar que ambas son frutas, y asimismo con el caso de la poesía y la pintura, además, explicas que es justo esa familiaridad lo que las hace equivalentes, y que son equivalentes sin ser iguales y sin ser réplicas. Pero según tu apreciación podríamos aseverar que todos los animales son equivalentes porque son animales y no son insectos, o que todos los seres humanos son equivalentes porque son seres humanos y no plantas. Lamentablemente y como ya hemos comentado, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, y es en este contexto en el que es complejo el afirmar en buena lógica tus apreciaciones, y para ilustrar mejor lo que acabo de decir quiero traer a colación el término competitividad. Esta competitividad es la glorificación de la desigualdad, además de ser la motivación saludable de muchas personas en la sociedad, por lo que la idea de que dos personas sean equivalentes por ser personas y no seres inanimados, por ejemplo, es contraria a la idea de la competitividad, puesto que la naturaleza de la competitividad es ganar o perder por desigualdad.

DAVID.

No es por apretujar la discusión con más términos, pero quiero traer a colación el término injusticia, pues, inspirado en el término competitividad y en relación con la igualdad, que es el tema primero de nuestra discusión.

CIRILO.

No hay problema, ¿qué me puedes decir acerca de la injusticia?

DAVID.

La justicia es el antónimo de la injusticia, para comenzar, además, la justicia trata ciertamente de la igualdad. Por otro lado, yo sé que quieres llegar al punto de que no todo lo justo es lo que debe ser ni todo lo que debe ser es justo, como sucede en el caso de la competitividad, en el que un individuo competitivo triunfa por encima de alguien que tiene poco o ningún mérito; y es que se puede dar el caso de que la competitividad aplaste a una persona o a un grupo de personas, y luego argumentar de que es justo darle una parte igual a quien no la ha ganado y quitársela a quien tiene el mérito, aunque personalmente opino que es como quien quiere tener mas años sin haberlos vivido.

CIRILO.

¿Y entonces qué se debe hacer en esos casos?

DAVID.

La respuesta es el término compartir, es decir, siempre que este compartir sea por voluntad propia, pues, se considerara el caso como ajeno a la justicia o a la injusticia, y que esto se explica mas como un tributo o un estimulo para quien no ha tenido tan buena fortuna; en el caso contrario, es decir, en el caso en el que se opte por quitarle a quien más tiene para darle al más necesitado, pues, lo correcto sería utilizar el término supervivencia.

CIRILO.

Quiero señalar que es posible que haya una actitud saludable de supervivencia como una actitud corrosiva al respecto. Por otro lado, te pregunto, ¿no es esto como decir que debe ganar el equipo perdedor en un juego?, ¿o acaso no es como decir que debe ganar el luchador más débil?

DAVID.

Convengo en ello, Cirilo, pero si retomamos el prejuicio al que nos redirecciona el término igualdad puedes intuir sin ni siquiera nombrar los casos que eso depende del contexto; por ejemplo, no es la misma igualdad que hay entre las dos manzanas en relación con su aspecto, que la igualdad que hay entre los derechos humanos, los cuales deben ser iguales para cada individuo, y asimismo no es la misma igualdad que hay entre el equipo ganador y el equipo perdedor, pues, el juego mismo consiste en que resulte un ganador y un perdedor, y muy seguros de que va ganar el más apto, podemos concluir entonces que es justo que pierda el que tiene menos mérito.

CIRILO.

Si, el contexto, David, y es que hablando de la justicia del estado, se entiende que esta es un poco impersonal en relación con cierto tipo de cosas, como por ejemplo el aspecto físico, el cual nunca se toma en cuenta en la constitución de ningún país, a menos que se trate de la raza, no obstante, se pueden encontrar en dichas constituciones decretos menos específicos como aquellos que versan sobre practicas vejatorias, mas no suele ser común que se especifique el aspecto físico como se especifica en el género de terror. Por otro lado, quiero traer otro término para ilustrar mejor tus conclusiones, dicho término es hipocresía; bueno, el ser hipócrita no puede ser sino gracias a los intereses, es decir que no es creíble que alguien vaya a un estadio a ver que ganen ambos equipos o ambos luchadores, cuando lo cierto es que todos asisten a dichos eventos con la idea de que alguien va a ganar y alguien va a perder, y que esto no es otra cosa que desigualdad, además que es en este tipo de casos en los que se puede originar la admiración, y que esta admiración bien podría ir de la mano con la hipocresía, pues entre admirar a una persona que posee una gran fortuna y poseerla uno, pues, es más consecuente que uno piense que esa fortuna debería ser propia. Los casos que prueban nuestras conjeturas y las excepciones son tantas que quiero expresar que en esta conversación solo se expondrá una serie muy mezquina de lo que en realidad podría ser; he aquí otro caso que nos habla del término admiración, figurémonos que un hombre admira a una mujer por su aspecto físico, aquello que subyace en esta situación no es que el hombre que la admira quiera ser así, sino que se entiende que el quid del asunto va por el hecho de que en vez de desearla en realidad quiera poseerla, y es esto a lo que hemos llamado hipocresía, y es esta la predilección de la desigualdad positiva, puesto que esta mujer es más hermosa que las demás y es por lo tanto desigual a estas, y asimismo se podría objetar que el hombre sea quien quiere ser deseado, puesto que hay un desbalance entre solo admirar y no ser admirado. Otro caso similar se presenta con los intelectuales, pues, que una persona admire a un intelectual, sea cual sea el talento que este haya cultivado, no quiere decir que esa persona desee ser intelectual, no obstante existe una desigualdad positiva entre el intelectual y el admirador, y esta “desigualdad positiva” la consideramos aquí y en esta conversación como tal, pues, partiendo del hecho de que en vez de causar perjuicios causa beneficios, los cuales podrían ser la misma admiración o el placer de disfrutar de x o y talento, además que el término desigualdad se ve eclipsado en estos casos por el mérito, al cual bien podríamos denominar de una manera más dramática, como por ejemplo, con el término sacrificio. Otro caso de desigualdad positiva podría darse en el caso de las empresas, o sea, que si bien estas empresas se lucran del consumo de sus productos, pues, las mismas compensan esta desigualdad con la generación de empleos y con el consumo de materia prima, y es que de este caso se puede argumentar que cuando una persona compra un producto, es correcto afirmar que dicha persona no posee la misma riqueza que la empresa que elabora el producto, por lo que es viable concluir que existe una desigualdad entre el comprador y la empresa, no obstante, hay que tener en cuenta que dicha empresa genera empleo, y que la empresa se lucra del empleado y el empleado de la empresa, y que la primera empresa se lucra de la materia prima que compra a la segunda empresa, como la segunda empresa se lucra de venderle la materia prima a la primera empresa, asimismo como el consumidor común se lucra de su compra y la empresa se lucra de su venta, aunque este consumidor no posea el mismo poderío económico de la empresa a la cual compra su producto; también cabe señalar que el producto que compra el consumidor común no tenga nada que ver con el poderío económico de la empresa en cuestión, por ejemplo, que el susodicho producto fuera una caja de leche, pues, nada tiene que ver el valor del producto con el poderío económico de la empresa que provee la leche, de lo que podemos concluir que la inversión del comprador común es del mismo valor del producto y no del valor de la empresa, y es que esto es como ir al mar a sacar agua con un balde, y aunque el mar posea toda el agua que alcanzas a apreciar, solamente puedes llevarte el agua que el balde te permita, y cabe aclarar que el balde del ejemplo equivale al dinero del comprador y el mar equivale a la empresa, es decir, que el comprador se lleva un producto que corresponde con su inversión, y muy seguro de que la desigualdad que hay entre él y la empresa está cabalmente justificada.

DAVID.

Y es que ha quedado claro que el término igualdad puede presentarse de muchas maneras;  en este momento se me ocurre es el caso de la idoneidad por desigualdad, me explico: digamos que se da el caso de que dos personas tienen una edad distinta, pero el uno es un maestro y el otro es un alumno, o que el uno sea el padre y el otro sea el hijo, o que exista una atracción sexual basada en la diferencia de edades. Y en contraste, pienso que pueden resultar otros casos como en los que la igualdad negativa se vuelve el factor decisivo a la hora de determinar la idoneidad, como en los casos en los que la pobreza extrema hace las veces de idoneidad para los habitantes de la calle.

CIRILO.

Me parecen notables tus apreciaciones, David.

DAVID.

Pero dime, Cirilo, ¿qué piensas de los casos en los que una persona toma la justicia por su propia cuenta, es decir, el caso de los asesinatos?

CIRILO.

Te refieres es a las venganzas…pues, opino que no es del interés de nadie morir o ser asesinado, a menos que sea un suicida, y si no es del interés de una persona el dejar de vivir, es cuerdo pensar que es injusto que alguien le arrebate la vida, además que la justicia del estado se encarga de penalizar estos casos, indiferentemente de quien se trate o por las razones que sean, puesto que ante la ley todos somos iguales, no obstante, nosotros no somos la justicia del estado y no es nuestro asunto el regular la sociedad, por lo que el hecho de que sea justo que todos sean juzgados de la misma manera se vuelve una cuestión malsana en ciertas ocasiones y cuando se ve desde el punto de vista personal. Retomando la frase “no es nuestro asunto”, quiero decir que es congruente pensar que no es asunto de la justicia del estado los motivos por los cuales una persona comete un crimen, como tampoco es asunto de la empresa de las cajas de leche lo que el comprador haga con la leche, es decir que los puntos de vista filosóficos son nulos delante de la justicia del estado, puesto que no es propio de la naturaleza de la justicia del estado el indagar en el saber y la verdad sino el regular la sociedad para su buen funcionamiento.

DAVID.

¿Entonces la justicia del estado está por encima de la filosofía?

CIRILO.

No, esto es como decir que el hambre está por encima de los seres vivos.

DAVID.

¿Son entonces equivalentes la filosofía y la justicia del estado?

CIRILO.

Yo utilizaría el término análogo, mi querido David, puesto que la filosofía busca es la verdad, que es lo correcto, mientras que la justicia busca la regulación, lo cual también es correcto, sin embargo, y como ya lo hemos expresado, la sociedad nos llena de una serie de factores que vuelven difuso no solo el hecho de dictaminar si hay igualdad en algo, sino también si hay o no justicia en algo. Es como los casos en los que una persona atropella a otra y esta persona muere, e imaginando que este hecho fue un accidente y no un asesinato, podemos figurarnos que la justicia no mirará la culpabilidad de quien atropelló a la otra persona sino el hecho en sí, y es aquí donde la filosofía tiene un interés en la verdad, el cual es que dicho hecho no es un crimen, pero también es donde la justicia tiene un interés en la regulación, el cual es que dicho hecho sucedió y la persona perdió la vida.

DAVID.

Contundente.

CIRILO.

Bueno, esa es la idea, no digo que la justicia del estado siempre lleve a buen término sus deberes, pero si no lo hace es o por negligencia o por corrupción, pero se entiende que esa es su tarea.

DAVID.

A veces cuando estoy a solas observando con tono irreverente las noticias, pues, hago comentarios sobre la susodicha corrupción, acerca de que se me antoja la mayoría de las veces como la mas descarada de las negligencias, y es que, si otro fuera el contexto, pues, esto sería otro comentario sarcástico, pero en ocasiones veo también analogía entre la justicia del estado y la medicina; y es que como filósofo se me antoja más colorida la estupidez que la malignidad.

CIRILO.

Creo que nuestra discusión a llegado a su fin, David, y en relación con tu última apreciación opino que la estupidez es al filósofo como lo que es la enfermedad al médico, ¿no te parece?

DAVID.

Soy de tu dictamen.