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En medio de la eterna oscuridad,
arde mi entendimiento, impertérrito,
semejante al pabilo de una vela;
y sentado en la nada yo cavilo.

Y atrona mi corazón cual un bombo
destruyendo universos de silencio,
de silencio capcioso y sugestivo;
y entre diablos bostezo, nigromántico.

Y extingo yo la fe de mi enemigo
como quien sopla un diente de león,
e ingrávidos mis ojos se deslíen.

Y en una helada sangre de limones
vierto yo cien encrespados ciempiés;
y oro yo por mis faltas viperinas.

Hugo o de las dimensiones

HUGO.

Bueno, el tema que trataremos hoy es el de las dimensiones.

CELESTINO.

Sí, en eso habíamos quedado, aunque confieso que no tengo una idea clara acerca de que es a lo que te refieres cuando dices “las dimensiones”.

HUGO.

Ahora que lo mencionas, también opino que la etiqueta no es muy descriptiva que digamos.

CELESTINO.

No obstante, me imagino que tienes un discurso bien sustentado al respecto, y con bien sustentado quiero decir que incluyo la fluidez que debe tenerse para que otro individuo se desenvuelva con el mismo virtuosismo que el orador.

HUGO.

Por supuesto, Celestino. Además, quiero aclarar que este tipo de debates no son similares a una exposición, pues, en la que se expone un tema sin esperar una opinión que refute lo expuesto, como podría suceder en una clase de historia, a menos que el catedrático incurra en un error, es decir, que este individuo proporcione una información falsa.

CELESTINO.

Lo que quieres decir es que tu solo has postulado el tema, y que esto no quiere decir que yo no pueda tener razón en mis objeciones, ¿no es así?

HUGO.

En efecto.

CELESTINO.

Sin embargo, quiero retribuir esta intención, pues, pienso que aquí el maestro eres tú, y que es de esperarse que seas tú quien lleva la razón.

HUGO.

Soy maestro por mis aciertos y no por mis errores.

CELESTINO.

Bueno, no importa.

HUGO.

Quiero comenzar con una pregunta, y es la siguiente: ¿qué es un metro?

CELESTINO.

Un metro es una unidad de longitud, y tengo entendido que consta de 100 cm; aunque también entiendo que un metro es un medio de transporte.

HUGO.

Me refería a la unidad de longitud, Celestino. Ahora bien, ¿esta unidad de longitud es similar a la que conocemos como centímetros o el metro es una unidad de longitud y el centímetro es otra cosa?

CELESTINO.

¿A qué te refieres cuando dices que el centímetro es otra cosa?

HUGO.

Es decir, pregunto si el centímetro es una unidad de longitud igual que el metro, o si es posible que el metro sea una unidad de longitud y el centímetro sea otra cosa distinta como un color o un sonido.

CELESTINO.

Indudablemente ambos son una unidad de longitud.

HUGO.

Ahora bien, ¿este metro y este centímetro son iguales al kilómetro o el kilómetro es otra cosa distinta como un color o un sonido?

CELESTINO.

Los tres son unidades de longitud.

HUGO.

¿Y este centímetro, este metro y este kilómetro son iguales al milímetro o el milímetro es otra cosa diferente como un color o un sonido?

CELESTINO.

El milímetro es una unidad de longitud igual que el centímetro, el metro y el kilómetro.

HUGO.

¿Ahora entiendes el término “dimensiones”?

CELESTINO.

Me va pareciendo mucho más entendible, Hugo.

HUGO.

Pues bien, ahora te formulo otra pregunta, ¿la diferencia que hay entre el milímetro y el centímetro no es igual a la diferencia que hay entre el bebé y el niño?

CELESTINO.

Es similar, Hugo.

HUGO.

¿Podemos afirmar que el bebé y el niño son personas o por el contrario es coherente pensar que el uno es una cosa y el otro es otra cosa diferente?

CELESTINO.

Es coherente pensar que ambos son personas, y que difieren es en edad y no en naturaleza, como también es coherente pensar que el milímetro y el centímetro son unidades de longitud pero de distinto valor.

HUGO.

Pues, veras, el asunto es muy simple, vamos a disertar acerca de la idea de que las dimensiones de algo puedan afectar su propia naturaleza.

CELESTINO.

Explícate.

HUGO.

Veras, de lo que acabamos de hablar hemos concluido que las unidades de longitud no han dejado de ser lo que son, aunque varíen en sus dimensiones, es decir, que el milímetro, el centímetro, el metro y el kilómetro siguen siendo lo mismo en esencia, del mismo modo que el bebe y el niño son personas, incluso si este niño se vuelve un adolescente, un adulto o un anciano, ¿no es así?

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

HUGO.

Sin embargo, el tema lo he postulado porque en algún momento de mi vida algunas personas me han dicho que ciertos actos que nos parecen de cierta manera pueden ser de otra manera si los concebimos en otras dimensiones.

CELESTINO.

¿Algo así como que un golpe puede ser análogo a una guerra, pues, del mismo modo que el kilómetro no es otra cosa que una serie de milímetros?

HUGO.

En efecto, esa es la cuestión.

CELESTINO.

Entiendo, yo también he llegado a conjeturar ese tipo de asuntos en algún momento.

HUGO.

Ahora que lo mencionas, el caso del golpe y la guerra parece elocuente, aunque personalmente me parece que la guerra es un conflicto, en cambio el golpe no es un conflicto por sí mismo, y aunque se podría decir que el golpe es un ataque y que la guerra es análoga al golpe porque en la guerra hay ataques, habría que tener la premisa de que el golpe se deba a algún conflicto, para así poder concebirlo como una guerra en miniatura. No obstante, se me antoja que el punto que quieres señalar es que un golpe puede llegar a ser mortal, y que esta mortalidad se puede asemejar a la mortalidad de una guerra, ¿no es así?

CELESTINO.

Ahora lo es, en realidad si concebí la idea de que el golpe y la guerra fueran análogos si se analizaban a escala.

HUGO.

Por otro lado, opino que el asunto es que el golpe no es un ataque y por lo tanto no puede ser análogo a la guerra, pero si es cierto que un golpe puede ser mortal, y es inevitable pensar que la guerra no es sino una sucesión de ataques mortales; no obstante, es la intención y el contexto lo que hace que el golpe y la guerra no sean análogos, aunque en ambos casos el resultado sea el dolor.

CELESTINO.

Lo que pasa es que es el golpe si es un ataque, y para lograr que la analogía entre el golpe y la guerra sea mas nítida necesitamos tener la certidumbre de que el golpe se haya propinado con mala intención, puesto que es inverosímil pensar que los ataques de las guerras tienen buena intención, aunque se puede decir al respecto que existe la defensa propia o el contrataque, o también algún tipo de juego brusco.

HUGO.

Quiero hacer el mismo ejercicio que hicimos con las unidades de longitud, pero esta vez con el caso del golpe y la guerra. Podríamos comenzar a figurarnos una situación en la que dos individuos se miren despectivamente, con la clara intención de mostrar su desdén, otra dimensión de este hecho es el de utilizar la violencia verbal, y otra dimensión de esto es la violencia física; en este punto podemos figurarnos que si los siguientes casos son tal y como los he descrito, pues, es verosímil concluir que las dimensiones no han afectado la naturaleza de estos hechos, es decir, que es lo mismo lo primero que lo último. Además, este tipo de casos se nos vienen a la mente porque pueden surgir malinterpretaciones de los hechos, como por ejemplo, que la mirada desdeñosa sea un rasgo genético del individuo en cuestión, o que la violencia verbal se confunda con una expresión desabrida, pues, en relación con este punto podemos figurarnos que no todas las personas se expresan de la misma manera, y que ciertamente existen personas que por su oficio o por alguna otra razón similar se expresan de manera excesivamente urbana, y en relación con el último punto, puedo decir que pueden surgir casos que pueden generar controversia a la hora de catalogarlos como una dimensión de algo como una guerra, como por ejemplo la violencia en la crianza de los hijos, y es que este caso nos recuerda el punto de la intención, que es difícil pensar que en medio de una guerra se este dando una lección de vida y para provecho del individuo que la recibe, aunque esta violencia sea un ataque y la guerra no sea otra cosa que una sucesión de ataques, y es más, quiero agregar que no se puede afirmar tan a la carrera que la violencia intrafamiliar sea una dimensión de algo como una guerra, puesto que la guerra se libra para ganarla y la violencia intrafamiliar no tiene esa finalidad, pues, sea que en realidad se presente un caso de violencia intrafamiliar con fines educativos o que se presente un caso de violencia intrafamiliar con una intención sádica.

CELESTINO.

Yo opino que para afirmar que una cosa es igual en distintas dimensiones tienen que cumplirse dos factores, el del hecho y el de la intención, porque ciertamente un golpe causa un daño y este daño se siente indistintamente de la intención, aunque se pueda objetar que hay golpes de doble filo, que golpean no solo la carne sino también la moral y que la intención es la que puede llegar a vulnerar esta parte interna del individuo en cuestión, pero también es innegable que la intención se queda con un 50% de la verdad, es decir, que no se puede afirmar que la corrección de los hijos por medio de un castigo físico se pueda comparar con una guerra, pues, en relación con el tema de las dimensiones, aunque en ambos caso haya una agresión, y que esta agresión es la causa de un dolor, porque en la guerra hay ganadores y perdedores y en la corrección de los hijos no existe dicha modalidad, aunque si exista un dolor que puede ser igual o superior al de un ataque, y son estos ataques la característica principal de las guerras.

HUGO.

Celestino, ¿y cuáles serían las dimensiones de esta corrección de los hijos sino es algo como una guerra?

CELESTINO.

Ahora que me lo preguntas se me ocurre que debe ser algo como la ley del estado, o como la educación en los planteles educativos, ¿no lo crees así?

HUGO.

Sí, me parece muy elocuente tu dictamen.

CELESTINO.

Otra dimensión mas pequeña de este caso puede ser la agricultura.

HUGO.

Me parece un poco inexacta tu respuesta, pero se entiende.

CELESTINO.

Quiero señalar algo que en primera instancia parece obvio pero que en este contexto es fundamental, y es que puede existir un engaño, es decir, si anteriormente hemos dicho que para dictaminar si algo como un golpe es lo mismo en todas sus dimensiones, pues, hay que tener en cuenta no solo el hecho del golpe sino también la intención, y es consecuente pensar que se puede caer en un engaño, y este engaño nos interesa desde el momento en el que influye en la conclusión de nuestros razonamientos; no obstante, podemos seguir nuestro escrutinio y concluir que incluso con el engaño puede que dos cosas de distintas dimensiones no sean lo mismo, porque en relación con nuestro ejemplo del golpe y la guerra, habría que incluir la sucesión de ataques y la competencia en la que necesariamente hay un ganador y un perdedor. Además, hay que tener en cuenta que no en balde hice esta apreciación, puesto que es verosímil la idea de que en una guerra un bando engañe al bando contrario para infligir un ataque y, análogamente, no es descabellado pensar que la violencia intrafamiliar posea una modalidad similar, en la cual se utiliza un engaño o un pretexto para infligir un ataque.

HUGO.

Muy bien, y ahora te hago la siguiente pregunta: ¿no crees que un error grande sigue siendo tan erróneo como un error pequeño?

CELESTINO.

Sí, y eso me recuerda aquello que te comenté acerca de que eres tú el maestro, es decir, aunque tu opinión es “grande” en relación con mi opinión, tú puedes llegar a cometer una falacia tan simple como la que yo podría cometer. También me figuro que en este caso pueden contarse los errores históricos, las falacias cometidas por los grandes pensadores, los principios éticos de la sociedad que se vuelven reprochables desde el punto de vista de la filosofía o las ideologías políticas contraproducentes; concibo, pues, que en este caso las dimensiones son de una naturaleza muy diferente a las de las unidades de longitud, y asimismo, también me imagino que un factor como el tiempo puede llegar a formar la dimensión de una idea, e igualmente se sobreentiende que este tamaño es figurado y, por consiguiente, se puede hacer una comparación con otros razonamiento de poca importancia, en cuya comparación ambas ideas quedan en igualdad de condiciones y solo queda el dictaminar cual es falaz y cual es correcta. Por otro lado, aclaro que no estoy incitando a un escepticismo caprichoso, pues, sinceramente pienso que es congruente el pensar que una idea no se plasma en la consciencia colectiva por pura casualidad, pero es sano sospechar de este tipo de razonamientos, y del mismo modo es sano sospechar sobre la veracidad de un razonamiento cuya fuente es dudosa, pero siendo filósofos, no es viable suponer que la verdad deba su veracidad a la fuente de la que es producto sino a su propia lógica, por ende, para dictaminar sobre la veracidad de un razonamiento es necesario transgredir esa dimensión ilusoria tanto del pensamiento “grande” como la del pensamiento “pequeño” y juzgarlos equitativamente y en razón de la verdad y no en razón de sus dimensiones.

HUGO.

Opino que lo que acabas de decir es algo complejo de imaginar, es decir, el tamaño de los pensamientos filosóficos, pues, muy contrario al caso de un golpe, cuyas dimensiones se pueden medir en relación con el dolor o el daño que cause; y opino que dichos tamaños no existen sino en el mundo del prejuicio, porque un argumento tiene solo dos dimensiones, estas son la verdad y la mentira. Esta impresión de tamaño en los argumentos proviene de la importancia de dicha verdad y de otros factores como la antigüedad, pero si adoptamos una actitud autómata podemos figurarnos que cualquier razonamiento que el hombre pueda concebir puede ser o cierto o falso y, por lo tanto, todos estos razonamientos son iguales ante los ojos de la filosofía, aunque sea muy distinto en otros contextos, y sin embargo, opino que tampoco es irracional que esto sea así, puesto que cualquier cosa que nos interese tenderá a verse en una dimensión mas dilatada que el resto de los asuntos que tenemos en mente.

CELESTINO.

Hugo, ¿estas de acuerdo cuando digo que el camino no es otra cosa que una dimensión de un paso?

HUGO.

Estoy de acuerdo.

CELESTINO.

Hugo, ¿estás de acuerdo cuando digo que un brazo es una dimensión de la mano, y que la mano es a su vez una dimensión del dedo, y que este dedo es a su vez una dimensión de la uña?

HUGO.

Sin duda.

CELESTINO.

Hugo, ¿estás de acuerdo cuando digo que la gota es una dimensión del mar?

HUGO.

Totalmente de acuerdo.

CELESTINO.

¿Qué piensas si te digo que la hoja es una dimensión del árbol?

HUGO.

Que suena concebible.

CELESTINO.

¿Y si te digo que el planeta es una dimensión del universo?

HUGO.

Te diría que es una idea plausible.

CELESTINO.

Hugo, ¿no te parece que la hora es una dimensión del año?

HUGO.

Bueno, pienso que el tiempo es una convención abstracta e inevitablemente necesaria en la sociedad en la que vivimos, sin embargo, creo que tu idea es totalmente racional.

CELESTINO.

Lo que intentas decir es que mi idea es correcta o verosímil, aunque haya un punto de vista ambiguo y/o abstracto en relación con una parte del enunciado, y que este punto de vista en realidad no tenía nada que ver con nuestro debate, ¿no es así?

HUGO.

En efecto, además, quiero agregar que, aunque este punto de vista es abstracto, tu idea no se disloca en ningún caso, es decir, ya sea que tomemos el tiempo como se toma generalmente o que lo tomemos como una convención abstracta y necesaria en la sociedad.

CELESTINO.

¿Estás insinuando que el tiempo no existe?

HUGO.

Opino que hablar al respecto sería cambiar de tema de una manera bastante abrupta, sin embargo, opino que lo que llamamos tiempo no es otra cosa que sucesos, pues, cuando decimos “ha pasado mucho tiempo”, en realidad nos referimos a que han sucedido muchas cosas, indistintamente de su importancia, ¿no lo crees así?

CELESTINO.

Creo lo siguiente: en primera instancia te podría responder que no es así como lo explicas, porque bien podrían pasar muchas cosas en poco tiempo o pocas cosas en mucho tiempo, pero si lo pienso con calma, se me viene a la cabeza un ejemplo como el de los latidos del corazón, es decir, que partiendo de esta idea podemos figurarnos que estos latidos serán muchos más en relación con el tiempo que transcurra, y es mas factible pensar que han transcurrido mas sucesos, como el de los latidos del corazón, que afirmar que ha pasado más tiempo, el cual no lo podemos señalar porque no lo podemos ver, y esto es debido a que no existe como tal, y en contraste, es congruente pensar que en efecto han sucedido estos latidos del corazón puesto que no estamos muertos.

HUGO.

Yo agregaría que en efecto estos eventos suceden, que uno sea testigo de ello o no es distinto, pues, lo digo por tu comentario acerca de que pueden suceder muchas cosas en poco tiempo o pocas cosas en mucho tiempo, además, lo digo también porque me parece que el ejemplo de los latidos del corazón tiene una apariencia algo artificial.

CELESTINO.

Posiblemente.

HUGO.

Celestino, ¿crees que la humanidad es una dimensión del reino animal?

CELESTINO.

Si te dijera que sí, pensarías que siempre lo he pensado y no es así, pero ahora que lo preguntas, y en este contexto, me parece una idea razonable.

HUGO.

¿Crees que el reino animal es una dimensión del reino vegetal?

CELESTINO.

Esta opción me parece un poco mas abstracta, no obstante, sigue siendo razonable en este contexto.

HUGO.

¿Y qué me dices de los reinos protista y monera?

CELESTINO.

Por eso decía que esto es algo abstracto, porque ahora que hablamos de estos reinos, pues, se me ocurre que la idea es viable hasta que entra algo como el reino vegetal, es cual no tiene una similitud aceptable en relación con lo que podrían ser sus otras dimensiones, porque incluso podríamos decir que una bacteria es una persona en miniatura, pero el factor que hace más abstracta la comparación entre los seres humanos y el reino vegetal es algo tan básico como el movimiento, el cual existe incluso en el reino protista, pero no existe en el reino vegetal, y si existe, es de una manera abstracta. No obstante, la gravedad del término dimensiones puede que sea la respuesta, es decir, que no es tan inverosímil pensar que el reino vegetal es una versión a escala de la humanidad desde el momento que hemos aceptado  que el planeta tierra es una versión a escala del universo, y aun con todo, surge otro factor a tener en cuenta, ese factor es la parte, y es que podríamos también decir que un grano de arena es una dimensión de la playa, y que la parte es en esta caso idéntica al total, o a su dimensión más elevada; este característica es la que hace que nuestra comparación entre el reino vegetal y la humanidad sea abstracta, como ya lo he mencionado, por un factor tan simple como el del movimiento. También es conveniente señalar que en este punto puede surgir una ambigüedad entre el término parte y el término dimensión, y lo digo por el ejemplo del grano de arena y la playa, pues bien podríamos decir que el grano de arena es una parte de la playa como también podríamos decir que el grano de arena es una dimensión de la playa, y pues, de este caso podemos decir que el grano de arena tiene la misma apariencia y el mismo comportamiento que el total o su dimensión mas elevada, lo que contrasta con el caso de la humanidad y el reino vegetal, pues, en relación con su comportamiento, o mas exactamente con la cualidad del movimiento, el cual, como dijimos, se encuentra en el reino animal, en el reino protista y en el reino monera, y aun con todo, podría apelar a la gravedad del término “dimensión”, y argumentar que el caso del grano de arena y la playa no cuenta con una amplitud de dimensiones suficientes para que surjan el tipo de diferencias que surgen en casos como el de la ley del estado y la crianza de los hijos, o como las diferencias que surgen en el caso del reino vegetal y la humanidad, y es que puedo objetar que en el caso de la crianza de los hijos, pues, en relación con el caso de la ley del estado, existen leyes implícitas , y que esta mismas leyes existen a escala en la sociedad, solo que las leyes de la crianza de los hijos normalmente provienen de los padres y las leyes del estado provienen de la historia de la humanidad, y podemos figurarnos que existen muchas diferencias entre las leyes que se le imponen a un infante a las leyes que rigen la sociedad, del mismo modo que existen diferencias entre el reino vegetal y la humanidad, y es más, podemos decir que las leyes que rigen la crianza de los hijos y las leyes que rigen la sociedad son leyes, valga la redundancia, y asimismo, el reino vegetal y los seres humanos son seres vivos, y contando con esta columna vertebral, podemos concluir que es la transposición de dimensiones lo que crea estas características tan particulares, o si se quiere, dispares.

HUGO.

Celestino, ¿crees que la máxima dimensión de la calma personal es la paz colectiva?

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

HUGO.

¿Podrías concebir que una dimensión de la paz es el caos?

CELESTINO.

No lo creo, además, pienso que son este tipo de discrepancias las que nos han inspirado este debate.

HUGO.

¿Se puede afirmar que una dimensión de la luz es la oscuridad?

CELESTINO.

No lo había tomado de esa manera, a mi parecer es una pregunta bastante retorcida, además, pienso que lo correcto hubiese sido preguntar si lo contrario de la luz es la oscuridad, pero me parece que el caso encaja en ambas preguntas, es decir, que en efecto lo contrario de la luz es la oscuridad y, posiblemente, una dimensión de la luz sea la oscuridad, pues, en su más pequeña dimensión.

HUGO.

¿Y no te parece que es más coherente pensar que una dimensión de la luz es la oscuridad cuando piensas que una dimensión de la genialidad puede ser la estupidez?

CELESTINO.

Mi respuesta es la misma, o sea, parece ambiguo, inadecuado, pero creo que al fin de cuentas tu pregunta encaja; es decir, podría objetar que lo correcto hubiese sido preguntar si lo contrario de la genialidad es la estupidez, pero pienso que el asunto de las dimensiones encaja inevitablemente, por ejemplo: a un genio grande lo sucede un genio mediano, y a un genio mediano lo sucede un genio pequeño, y así sucesivamente hasta llegar a la estupidez, cada sucesión se puede considerar una dimensión, pues, del mismo modo que lo entendimos con las unidades de longitud, y en este caso en particular la dimensión mas pequeña sería la estupidez y la dimensión más grande sería la genialidad, ¿o qué opinas tú?

HUGO.

Es justo ese el quid del asunto, porque mira que intentábamos averiguar si algo es una misma cosa en todas sus dimensiones para rastrear algún posible error, pero mira el giro que ha tomado nuestro debate, ahora resulta que si uno recorre todas las dimensiones de una cosa en cuestión puede encontrarse no con lo mismo sino con lo contrario, a modo de antónimo.

CELESTINO.

Ahora quiero yo hacer la siguiente pregunta, ¿puede la verdad ser una mentira en alguna de sus dimensiones?

HUGO.

No lo creo, o a menos que la susodicha verdad no sea verdad, que sea tal vez una falacia, un malentendido, una suposición o una generalización y, además, no creo que las verdades tengan dimensiones, aunque en la vida  me ha pasado que he tenido una respuesta correcta acerca de algo y esta respuesta se ha vuelto mucho mas real con el tiempo, no obstante, no creo que pueda afirmar que esto se pueda considerar como una dimensión. Ahora bien, Celestino, respóndeme con franqueza, ¿es cierto o no que tu y yo estamos hablando?

CELESTINO.

Es cierto.

HUGO.

¿Y puedes concebir que desde otro punto de vista tu y yo no estemos hablando?

CELESTINO.

No, inconcebible.

HUGO.

Entonces si tenemos en cuenta que es verdad que tu y yo estamos hablando, podemos figurarnos que esta verdad no puede ser variable, es decir que no hay una dimensión en la que estemos hablando más, o una dimensión en la que no estemos hablando, además, recordemos que este caso se trata es de saber si la verdad tiene dimensiones, y no se trata de saber si el hecho de hablar tiene dimensiones, porque en este segundo caso, podríamos decir que una dimensión de nuestra conversación es la conversación de todas las personas del mundo, la conversación que estas personas están teniendo en este mismo momento en diversas parte del globo, y reitero, no se trata de saber si nuestra conversación tiene otras dimensiones, sino que se trata de saber si la verdad tiene otras dimensiones, ahora bien, ¿cuál verdad?, la de que es cierto que tu y yo estamos conversando.

CELESTINO.

Ya me parece que la verdad no es algo que pueda tener dimensiones, tal como las unidades de longitud; es decir, la verdad es algo totalmente inmutable, indiferentemente de su importancia, pues, siempre y cuando esta verdad sea verdad.

HUGO.

Me parece que es necesario un ejemplo mucho mas simplista para poder explicar mas nítidamente nuestra conjetura, y para ello quiero utilizar un ejemplo matemático, el cual es el siguiente: si estamos de acuerdo en que 2+2 es 4, pues, y tenemos la certidumbre de que 2+2 no es 5, 6, o 7 o cualquier otra suma, podemos imaginar que otra dimensión de esta operación matemática sería, por ejemplo, 22+22, y si estamos de acuerdo en que 22+22 es 44 y no 45, 46, o 47 o cualquier otra suma, podemos figurarnos que estamos delante de una verdad, aunque en el caso de las matemáticas es mas elocuente decir que esto es un resultado correcto y no una verdad, y sin embargo, podemos concluir al respecto que lo correcto y la verdad son cuestiones análogas. Ahora bien, si estamos de acuerdo en que ambas operaciones y ambos resultados son lo mismo en esencia, pues, con la diferencia de sus dimensiones, podemos afirmar que no hay discrepancias en la transposición de dimensiones, puesto que es innegable que 2+2 sea 4, tal como es innegable que 22+22 sea 44, por lo que se deduce o se vuelve a comprobar que la verdad es inquebrantable, pues, siempre y cuando esta verdad sea verdad. No siendo suficiente el caso anterior, podemos volver a cambiar de dimensión a la suma que teníamos en un principio, la cual era 2+2, y que termino siendo 22+22, pues, por necesidad y elocuencia para nuestro debate, esta suma deberá transponerse a su siguiente dimensión, la cual podría ser 200+200, no obstante y entre paréntesis, opino que estas dimensiones podrían variar, tal como varían las unidades de longitud, y bueno, evidentemente el resultado de la operación matemática en cuestión, es decir, 200+200, será necesariamente 400. Ahora bien, quiero volver a hacer el recorrido de las operaciones matemáticas e ilustrarlas con las unidades de longitud para entender de una manera mucho mas concreta lo que estoy explicando: la operación matemática “2+2” puede ser análoga a los milímetros, consecuentemente, la operación matemática “22+22” puede ser análoga a los centímetros, y la operación matemática “200+200” puede ser análoga a los metros, y así sucesivamente.

CELESTINO.

Entiendo, pero te pregunto, ¿cómo transponemos este ejemplo al caso que estamos tratando?, porque es que me ha quedado claro la analogía entre las dimensiones de las unidades de longitud y las operaciones matemáticas, pero no me ha quedado del todo claro como podemos aplicar estas dimensiones a la verdad.

HUGO.

Antes que nada, quiero aclarar que este caso se puede tergiversar, porque en este momento te podría decir que tal cosa es verdad o mentira de acuerdo a sus dimensiones, pues, señalando las dimensiones de alguna cosa de que trata x o y afirmación, pero no estaría hablando de la verdad en sí, sino de algo que existe dentro del enunciado; no obstante, creo que el ejemplo de las operaciones matemáticas no es insuficiente, pienso es que falta una parte de la argumentación con este ejemplo, y es la siguiente: si tenemos la certidumbre de que 2+2 es 4, y transponemos esta operación a su siguiente dimensión, el resultado será inevitablemente correcto, pero si tenemos una operación que es, por ejemplo, 2+3 y afirmamos que el resultado de esta operación es 4, y fuera de eso la transponemos a su dimensión mas próxima, pues, es inevitable que el error también se transponga.

CELESTINO.

¿Entonces es cierto que la verdad no tiene otra dimensión que las dimensiones que pueden tener las cosas o sucesos de que trata dicha verdad?

HUGO.

Eso parece, no obstante, también quise decir que si tratas sobre las dimensiones de las cosas o sucesos que componen una afirmación, y en su dimensión natural esta afirmación posee algún error de lógica o de expresión, o de algún tipo de información errónea, pues, este error se transpondrá a la dimensión requerida, como lo expliqué con el ejemplo de la operación matemática, pero para ilustrarlo de una manera más idiomática para la filosofía, pues, quiero exponer el siguiente ejemplo: “dos perros están peleando y se están mordiendo las alas”, bueno, esta afirmación es falaz puesto que es sabido que los perros no tienen alas, y yo creo que estamos totalmente de acuerdo en ello, aunque hay un punto que queda pendiente y es el de las metáforas, no obstante, si se tratase de una metáfora habría que tener en cuenta que ya no sería una falacia, y sin embargo, las metáforas son figuras literarias que no se pueden considerar falacias por sí mismas puesto que no significan lo que predican, pero si se podría juzgar de una manera lógica el verdadero significado de la metáfora, es decir que aunque la metáfora en sí no puede ser falacia, el significado detrás de la metáfora si puede ser falaz. Y bueno, otra dimensión del enunciado de los perros podría ser el siguiente: “dos hombres están peleando y se están partiendo las alas”, y pues, como era de esperarse, la falacia se ha transpuesto, puesto que es sabido que los hombres no tienen alas, y pues es innecesario volver a repetir que existe una posibilidad de que esta falacia sea en realidad una metáfora, pero ya he explicado ese asunto.

CELESTINO.

Quiero concluir de una vez por todas que la verdad no tiene dimensiones.

HUGO.

Eso parece.

CELESTINO.

De esta afirmación me surge una duda, y es la siguiente: ¿qué cosas tienen dimensiones?

HUGO.

Buena pregunta, ahora me da la impresión de que debimos formular esta pregunta desde el principio. Pues bien, opino que las cosas que tienen dimensión son todas las cosas que se pueden aumentar y disminuir, por ejemplo: si tengo un dibujo de un círculo, este círculo que tengo dibujado es el mismo círculo que veo en el sol, pues, visto desde la tierra, porque sabemos a ciencia cierta que el sol tiene una apariencia esférica, y esto es una aumentación abstracta, porque el círculo no es el sol ni el sol es un círculo, pues, el círculo es un círculo y el sol es el sol, pero si nos referimos a la forma en sí, ambos son círculos de distinto tamaño; y bueno, en relación con esa parte de mi respuesta que dice “y esto es una aumentación abstracta”, pues, creo que ya hemos hablado al respecto, es decir, acerca de las diferencias que resultan de la transposición de dimensiones, y sin embargo, me parece necesario dictaminar que estas transposiciones de dimensiones deben explicarse individualmente, y no de manera automática, como sería en el caso de las matemáticas.

CELESTINO.

Lo que entiendo es que el circulo tiene dimensiones desde el momento en que podemos dibujar o concebir círculos de diversos tamaños, hasta llegar a concebir un círculo del tamaño del sol y, además, entiendo que el asunto no es que el círculo sea una dimensión del sol, sino que la forma del sol es un círculo a escala, ¿no es así?

HUGO.

Efectivamente.

CELESTINO.

¿Entonces te parece que es correcto afirmar que el libro es una dimensión de la biblioteca?

HUGO.

Sí, me parece correcto, no obstante, quiero objetar que ya he dictaminado que cada caso debe analizarse por separado, sobre todo por las particularidades que resultan de la transposición de dimensiones. En este caso dichas particularidades son mínimas, con la excepción de que cada libro es distinto.

CELESTINO.

¿Crees que es correcto afirmar que un cabello es una dimensión de la cabellera?

HUGO.

Sí, creo que es correcto.

CELESTINO.

¿Crees que una persona es una dimensión de la sociedad?

HUGO.

Así lo creo.

CELESTINO.

Hugo, quiero retomar el ejemplo del dibujo del círculo. Pues, veras, me he figurado que, si pongo este dibujo de cara al sol, puedo encajar su figura con la figura del sol, de modo que ambos círculos se alineen como si fueran del mismo tamaño. Y esto me ha inspirado un caso similar, y es el siguiente: levanto mi mano de frente a un edificio, el cual se encuentra a una distancia considerable, luego cierro el puño y levanto mi dedo índice, y lo ubico de cara al edificio, y pues, se deduce que la figura del dedo y la figura del edificio es la misma, y me parece necesario explicar que no estoy afirmando que el edificio sea una dimensión del dedo, sino que la figura del dedo y la figura del edificio son las mismas pero en distintas dimensiones. Este mismo ejercicio del dedo y el edificio puede tener otras acepciones, una de ellas radica en cambiar el dedo por el antebrazo, y pues, se deduce que el resultado es el mismo, es decir, que la figura del antebrazo y la figura del edificio en efecto son las mismas, pues, con la diferencia de sus respectivas dimensiones. Y asimismo como acabo de exponer la acepción anterior, podemos figurarnos que sucederá lo mismo si cambiamos el antebrazo por una pierna o por el cuerpo entero, de lo que se concluye que estamos hablando de la misma figura, pero en distintas dimensiones, y a esta figura la llamaré de momento “línea recta”. Por otro lado, y retomando el caso del dibujo del circulo, pues, quiero afirmar que este círculo es un círculo tanto en el dibujo como en la forma del sol, y nunca una línea recta, y esta línea recta es una línea recta tanto en el dedo, como en el antebrazo, como en la pierna, como en el cuerpo entero y como en el edificio, pues, no es aceptable afirmar que el edificio sea un círculo desde ningún punto de vista, aunque hayan objetos con formas circulares y objetos con formas de “línea recta” que posean el mismo tamaño, por ende, es sensato deducir que el tamaño, es decir, la dimensión, no afecta la forma, o que lo que es círculo será círculo en todas sus dimensiones y lo que es línea recta será línea recta en todas sus dimensiones.

HUGO.

Celestino, creo que es inevitable hablar sobre las partes del cuerpo en este apartado, sobre todo lo que concierne a la vanidad y a la sexualidad, ¿no te parece?

CELESTINO.

No lo había sospechado, pero creo que el tema se ha presentado por sí solo. Quiero agregar y/o reiterar, que la calidad de la filosofía no depende de su temática, y que no tomo a mal tu propuesta, a sabiendas que la sexualidad es un tema de interés general, aunque intimista, claro está, y pues, te escucho.

HUGO.

Bueno, volviendo retomar aquello que hemos denominado “línea recta”, quiero hacerte la siguiente pregunta: ¿crees que la forma de un dedo se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de un brazo se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de una pierna se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de un pene se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Y crees que la forma de un edificio se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Estás de acuerdo en que todas estas cosas tienen la misma forma pero distan en sus dimensiones?

CELESTINO.

Estoy totalmente de acuerdo.

HUGO.

¿Piensas que la forma de un cuello se puede considerar como una “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

Celestino, ¿acaso piensas que la forma de un cuello se asemeja a la forma de un brazo?

CELESTINO.

No, inconcebible.

HUGO.

¿Piensas acaso que un dedo no es largo porque no mide lo mismo que una pierna?

CELESTINO.

No.

HUGO.

¿Por qué?

CELESTINO.

Bueno, pensándolo detenidamente, creo que un dedo mide lo mismo que una pierna, solo que miden lo mismo en distintas dimensiones, o si sus medidas no son iguales desde este punto de vista abstracto, pues, seguramente serán muy similares.

HUGO.

¿Y eres consciente de que un pene no va medir nunca lo que mide una pierna y, sin embargo, tanto el pene como la pierna tienen la misma forma de “línea recta”?

CELESTINO.

Soy consciente de ello, además, creo que la respuesta para este punto es la misma que te acabo de dar, es decir, el pene y la pierna miden aproximadamente lo mismo, solo que en distintas dimensiones.

HUGO.

¿Crees que el pene, la pierna y el edificio miden lo mismo o aproximadamente lo mismo pero distan en sus dimensiones?

CELESTINO.

Eso es lo que creo.

HUGO.

Yo también opino lo mismo y, sin embargo, esto me recuerda el periodo de vida de ciertos animales como el de los perros, de lo que deduzco que ellos viven su infancia, su adolescencia, su adultez y su ancianidad a una velocidad distinta a la de nosotros; y te preguntaras, ¿cuál es el punto?, pues, verás, creo que uno debe tener claro que es lo normal y que es lo anormal, y habiendo dicho lo anterior podemos suponer que es anormal que los perros vivan 70 años, y en contraste, es normal que las personas vivan aproximadamente 70 años, teniendo esto en cuenta podemos reflexionar acerca del tamaño de los dedos, de las piernas, del cuello o del pene, en relación con las medidas que posea la mayoría de la gente. Y esto no quiere decir que yo ignore la importancia de las excepciones, como es el caso de la inteligencia, pues, es totalmente creíble que todas las personas piensan, pero no es creíble que todas las personas sean genios y, pues, esto mismo suele suceder con los atributos físicos; sin embargo, creo que hay algunos puntos que aclarar, por ejemplo, ¿la forma de la cabeza humana se te asemeja más al sol o al edificio?

CELESTINO.

A la forma del sol, Hugo.

HUGO.

¿Piensas que la forma de la cabeza humana tiene un prejuicio de tamaño como lo tiene el pene en el hombre o el busto en la mujer?

CELESTINO.

No, entiendo que el prejuicio del rostro radica es en su belleza, por más variable que esta pueda ser.

HUGO.

¿Y entiendes que una cabeza puede ser grande sin que mida lo mismo que una pierna?

CELESTINO.

Lo entiendo.

HUGO.

¿Entiendes que la pierna no tiene forma de círculo?

CELESTINO.

Claro lo entiendo.

HUGO.

¿Es correcto afirmar que el pene tiene forma circular?

CELESTINO.

No es correcto

HUGO.

¿Crees que las nalgas de la mujer tienen forma de edificio?

CELESTINO.

No tienen forma de edificio.

HUGO.

¿Entiendes que las nalgas de la mujer pueden ser grandes sin medir lo mismo que las piernas?

CELESTINO.

Lo comprendo claramente.

HUGO.

¿Entiendes que las pupilas dilatadas de los ojos se ven grandes pero que éstas son más pequeñas que el busto de una mujer?

CELESTINO.

Lo entiendo, y es que para que ese caso sea lógico, habría que comparar el busto de la mujer con otros bustos que se puedan considerar grandes.

HUGO.

Celestino, si recuerdas el caso del círculo y el sol, y tienes en cuenta que el círculo no es el sol ni el sol es el círculo, puedes concluir que las formas son un recipiente, pues, en este contexto erótico; es decir que el atributo x o y de una persona puede equivaler el círculo, y ese mismo atributo de otra persona puede equivaler al sol, aunque ambos posean la misma figura.

CELESTINO.

Ya sé que el tema erótico está de más en el debate, sin embargo, pienso que tiene toda la razón, incluso si uno apelara a los gustos personales.

HUGO.

Bueno, yo creo que eso ha sido todo, Celestino.

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

85

Camino bajo la lluvia, bucólico,
y cual células del mar la concibo,
y ascético la vista vuelvo atrás
para exhumar aquel sendero arcaico,

el cuál es el carrete de mis pasos;
y un eclipse sus negros rayos vierte
pues, como una eyaculación malévola,
sobre la urbe suicida y predadora.

De un gato observo el básico sosiego,
el cual observa, a su vez, la llovizna,
y medito sobre la evolución

sobre la amarga evolución senil
la cual es como un árbol de traiciones
y que diserta sobre lo perfecto.

84

Maniacodepresivos son los besos,
un sanguinario relámpago son,
y son los besos sadomasoquistas,
cual el llanto sin lágrimas son estos;

son cual catar un vacío perfume
o como un paroxismo todo etéreo,
y son como un labial canibalismo,
como una cacería lingual son.

Como el presentimiento más rosáceo,
como la inspiración o el argumento
o como tibia paranoia son;

y son como una infecta candidez,
como el ensueño de la confusión,
un banquete insaboro son los besos.

83

En el árido ombligo del infierno
blande su espada ofídica Satán;
guardián vencido, autómata cadáver,
caballo que su pinga zarandea.

Y por el céfiro invernal y frígido,
susurra la arboleda desollada,
y desclava un violáceo contrapunto
de aquellas oquedades cadavéricas.

Y extingue con sus alas el asombro
e inmortaliza la monotonía;
extraña su psicosis el enfermo.

Y enrosca las verdades en su cola
y las torna execrables, repulsivas;
fina la sicalipsis del pecado.

82

Como quien de la muerte ha regresado,
de una muerte arraigada y enraizada
en las profundidades de mis sesos,
abro mis ojos, pues, y me despierto;

y el vaho que agoniza en mi aposento
tal como una azufrada cabellera,
danza estático y encima del prepucio
magmático y viscoso de las sombras.

Posteriormente, pues, la exangüe luz
de la ciudad por la ventana invade,
luego ondean las hojas de los libros;

y columbro mi inerte ordenador
como un portal universal…y en medio
de la dysania, mórbido suspiro.

81

Como un glaciar de sangres ardo yo,
con un fuego cebado por la astenia,
como si un bosque hubiese en mis cenizas;
y en el oscuro trono de la gula,

postrado por aqueste detrimento,
yo me consumo como el tiempo mismo
y esta consumición me multiplica,
me resucita de esta consunción.

Y en este disonante estado psíquico
con mi veneno estoy purificándome
y también madurando mi intelecto;

y en un ciclón de luz andando estoy,
envuelto en una calma luminosa
y no cernícalo en tormentas pútridas.

80

Mientras en la necrópolis divago,
saltan de las entrañas de la tierra
como de una espantosa sopa hirviente,
los cadáveres todos putrefactos;

y heridos por vivir sus onirismos
pareciendo anacrónicos demonios,
se consagran a duelos so flemáticos
entre desbaratadas calaveras,

y por estas vivencias se lamentan,
que de haberlas vivído, equivaldrían
a meras menudencias infantiles…

pues, con el tiempo, como cualquier cosa;
y con brujescas nostalgias me drogo
y unas ráfagas cortan los lamentos.

79

Perpetuo hierve el sol
cual pócima mortífera
sobre el ácido averno,
mientras ondean ánimas

cual rasgada cortina
sobre la emocional
carroña de este mundo,
y yo, agujero negro,

cautivo en mis memorias
mis ardores expulso
como un pulpo su tinta.

Ay, ave sanguinaria,
quien caza al cazador
y al sabio desambigua.

Yo o de la filosofía

YO.

Habíamos acordado que hoy trataríamos el tema de la filosofía, ¿no es así?

DEMETRIO.

Si, y aquí estoy.

YO.

Bueno, para comenzar quiero aclarar que en esta discusión no hablaremos sobre x o y filósofo, sino que disertaremos sobre la naturaleza misma de la filosofía, sobre su importancia y, en resumen, sobre sus pros y sus contras, ¿estás de acuerdo?

DEMETRIO.

Sí, y quiero opinar que a lo que te refieres es a que hablaremos no del objeto en sí sino del mecanismo, y que esto es como la diferencia que hay entre que un poeta hable sobre el ocaso a que un astrónomo explique dicho fenómeno.

YO.

Elemental.

DEMETRIO.

Y ya que has sido tu el que me ha convidado para esta discusión, y el que la ha comenzado, quiero yo hacer la primera pregunta, y es la siguiente: ¿qué es la filosofía para ti?

YO.

Concibo la filosofía como la búsqueda de la verdad por medio de los argumentos.

DEMETRIO.

Pero me imagino que esta verdad es algo distinto y/o análogo a lo correcto y, por lo tanto, la mentira y el error serían igualmente distintos y/o análogos, ¿no lo crees así?

YO.

Quisiera escuchar tu punto de vista de una manera más detallada, Demetrio.

DEMETRIO.

Bueno, partiendo de tu definición de filosofía como “la búsqueda de la verdad”, he subrayado el término verdad, y lo he subrayado porque me parece que la verdad es algo que es correcto, y que hay cuestiones que son correctas pero que es impreciso denominarlas como verdad, por ejemplo: yo puedo decir que 2+2 es igual a 4, y que dicho resultado nos invita mas al termino correcto que al termino verdad, y es más, creo que hay una confusión en relación con el término correcto y con el término verdad dado que ambos son resultados, y esta confusión se consolida más aún si  los llamamos “resultados positivos”, pues, en relación con sus contrarios, que serían el error y la mentira; supongo que esto se debe a que ambas operaciones, es decir, la filosofía y las matemáticas, pues, son cuestiones de las cuales se obtiene un resultado positivo o negativo, o cierto o falso, según sea el caso, a diferencia del arte, cuyo resultado es forzoso llamarlo error o mentira.

YO.

Tu ya has dado una luz sobre este punto, y es que se pueden tratar los temas de distintas formas, como cuando dijiste que era distinto que un poeta hable sobre el ocaso a que lo haga un astrónomo; además, opino que la confusión de la que hablas se debe a que los términos que estamos tratando son sinónimos, y que no siempre los sinónimos son tan equivalentes y que además se puede caer en un prejuicio basado en el hábito, porque en realidad no es incorrecto decir “es verdad que 2+2 es igual a 4”, en relación con la otra opción que sería “es correcto que 2+2 es igual a 4”. Ahora bien, el prejuicio del que acabo de hablar trata sobre aquellas situaciones a las cuales asociamos el término mentira o el término verdad, por ejemplo: si yo te digo “mi esposa me ha dicho una mentira”, esto es mas común que decir “mi esposa me ha dicho algo incorrecto”, y aunque en teoría ambas opciones son iguales, es por el hábito que la primera suena más elocuente.

DEMETRIO.

Pero no puedes negar que el término mentira nos redirecciona es a una verdad ocultada adrede y no a un error, cosa que no pasa con el término error, el cual nos redirecciona es a un resultado entorpecido.

YO.

Tienes razón, Demetrio.

DEMETRIO.

¿Qué me puedes decir de los temas que trata la filosofía?

YO.

Me imagino que tu pregunta es producto de la idea de que los temas influyen a la hora de determinar si algo es correcto o verdadero, más sin embargo, ya hemos aclarado que cualquier tema se puede abordar desde varios puntos de vista, como en el ejemplo del poeta que habla del ocaso; no obstante, y habiendo recalcado este apunto, quiero decir que la filosofía puede abordar todo tipo de temas, ya que el carácter de los filósofos tienda más a ciertos temas, como los temas políticos o existencialistas, es distinto.

DEMETRIO.

Yo opino que aquello que las personas denominan como “ideología” no es otra cosa que una filosofía que no se ha desarrollado en un tratado.

YO.

Por eso digo que la filosofía se puede aplicar a todo tipo de temas, incluso en algo no tan trascendental como una “ideología”.

DEMETRIO.

Esto me hace recordar la idea de que todos somos filósofos por naturaleza.

YO.

Me imagino que dicho esto podemos afirmar que el inicio de la filosofía en el hombre es una cuestión connatural, tal como lo son los sentimientos y las emociones.

DEMETRIO.

Yo agregaría el arte, pues, me parece que el arte ha sido una necesidad del hombre desde la prehistoria.

YO.

Concuerdo en ello, y además creo que el resto de la cuestión connatural en el hombre es que existan quienes dediquen por entero su vida a dichos oficios.

DEMETRIO.

Muy simple, Yo. Pero ahora te pregunto, ¿la filosofía es la verdad?

YO.

Como ya lo he dicho, es la búsqueda de la verdad.

DEMETRIO.

Pero creo que tu respuesta suena muy vaga, no es algo como decir que 2+2 es igual a 4.

YO.

Tienes razón, y en relación con la filosofía puedo decir que esta es igual que las matemáticas, pero a escala, porque el fin de la filosofía es igual a una operación matemática, mas sin embargo, nadie se desorienta en la vida por una operación matemática, en cambio la gente filosofa connaturalmente sobre los temas que suele abordar la filosofía, y que depurar las respuestas que surjan en el proceso y el tener el porte y la gracia para expresarlo, pues, es el arte de nuestra materia. Y hablando de oficios análogos al nuestro, quiero hacer otra comparación con el arte de la pintura, pues, habiendo dicho que la filosofía es connatural al hombre, la filosofía resulta como la pintura, o sea, desde muy temprana edad todos pueden hacerse un bosquejo de la realidad que les es mas inmediata o necesaria, o de aquella realidad que mas les interesa, no obstante, estas realidades se pueden depurar tanto como se depura una pintura, e incluso puede darse el caso de que el principio de las conjeturas sea muy similar al resultado final.

DEMETRIO.

El caso de la pintura me parece idóneo, y creo que lo que intentas expresar es, por ejemplo, que si un niño dibuja un perro, este perro es un perro igual que el perro que podría dibujar un pintor consumado, no obstante, es la maestría y detalle con que lo pinta lo que diferencia la pintura del niño con la pintura del pintor consumado.

YO.

Muy simple.

DEMETRIO.

Pero dime, Demetrio, ¿no nos ha llevado nuestra discusión a admirar el talento de estos oficios?

YO.

Ciertamente.

DEMETRIO.

¿Y no es conveniente desde cierto punto de vista esto para aquellos hombres?

YO.

Seguramente, Demetrio. Por otro lado, quiero expresar que esa parte de tu comentario que dice “desde cierto punto de vista”, se refiere es a que en realidad no le estamos prestando ningún servicio a estos oficios ni mucho menos a estos hombres; no obstante, desde un punto de vista global, se puede decir que a muchos sino a todos, pues, les conviene que la gente se detenga a apreciar su oficio con minuciosidad.

DEMETRIO.

Aunque bien podrían admirarlo con escrúpulo y minuciosidad y de una manera despectiva.

YO.

He aquí donde nuestro oficio entra con sus gigantes apreciaciones metafísicas, o sea, es de esperarse que, si se analiza un oficio, pues, este oficio pueda criticarse de una manera positiva o negativa, no obstante, también se podría dar el caso que las personas solo vean cosas positivas en un oficio, o bien, que solo vean cosas negativas, pues, a fuerza de capricho y soberbia y no de reflexión. Además, que habría que diferenciar entre el oficio y el individuo, porque habría que recalcar si es que se critica el oficio en sí o si es que se critica a un individuo en sí, ¿o es lo mismo el arte que el artista?

DEMETRIO.

De ninguna manera.

YO.

¿Es lo mismo el ciudadano que el estado?

DEMETRIO.

El ciudadano es una parte del estado más no es el estado.

YO.

¿Es lo mismo el filósofo y la filosofía?

DEMETRIO.

Que estén relacionados no quiere decir que sean la misma cosa.

YO.

Ahora bien, habiendo dictaminado que el objetivo de la filosofía es la verdad, quiero saber si piensas si la verdad depende solo de sí misma o si depende de algo ajeno a ella para ser más exacta o inexacta.

DEMETRIO.

Explícate.

YO.

Por ejemplo, ¿una verdad cualquiera puede ser menos cierta si alguien la expresa con timidez?

DEMETRIO.

No, siempre y cuando se tenga la certidumbre de que esta verdad es en realidad cierta, aunque por instinto uno pensaría que quien habla tímidamente no esta seguro de lo que dice y que esto se debe es a un porcentaje elevado de probabilidades de estar en un error o que en su defecto se trata de una mentira premeditada, por ende, es entendible que una persona suponga que si otra persona habla con seguridad es muy seguramente porque tiene la razón. Pero retomemos nuestro ejemplo básico de matemáticas y meditemos sobre si el resultado de la operación 2+2 puede variar de acuerdo a la forma en que expresemos dicha operación, ora que sea con solemnidad o con vergüenza.

YO.

Deduzco que el resultado de la operación no cambiara, aunque la expresemos de forma solemne o avergonzada. No obstante, y como se expresó anteriormente, el caso de las matemáticas parece ser una cuestión a escala en relación con los temas que suele abarcar la filosofía, sin ánimo de desmeritar dicho oficio, porque no me parece tan evidente que estos escrutinios se tengan en cuenta a la hora de meditar sobre la congruencia de un discurso político, por ejemplo.

DEMETRIO.

Quiero opinar que es muy consecuente deducir que el talento del político radique es en su capacidad para gobernar y no en su raciocinio ni en su oratoria, no obstante, tu apreciación acerca de los discursos políticos en relación con las matemáticas me parece en suma interesante.

YO.

¿No crees que esto es como decir que un político puede desempeñar bien su cargo a pesar de su ineptitud?

DEMETRIO.

En primer lugar, hay que señalar que el político puede ser político sin ser filósofo como el filósofo puede ser filósofo sin ser político, y en segundo lugar hay que señalar que el asunto de la política recae no solo en los gobernantes sino también en el pueblo. Dicho esto, podemos figurarnos que el pueblo puede ser inepto en relación con la filosofía y aún así ser un buen pueblo, del mismo modo que el político puede ser un buen político aunque sea inepto en relación con la filosofía, pero esto es como decir que un reloj puede carecer de minutero y solo subsistir a base de su segundero y horario.

YO.

¿Entonces cual es el mérito del político?

DEMETRIO.

Yo diría que el pueblo es al político lo que el caos es al filósofo, por ejemplo, cuando hablamos de un mar, pues, nosotros no somos ese mar y, análogamente, el político maneja los asuntos del pueblo pero no es el pueblo mismo, no obstante, el caos no es una genialidad por ser caos y el filósofo no es este caos, pero el filósofo si es genio en tanto que resuelva de la mejor manera este caos, asimismo, el político no es el pueblo, y su talento es el supremo arte de desarrollar al pueblo como el filósofo desarrolla el caos, y este desarrollo no es otra cosa que el éxito.

YO.

¿Qué me puedes decir acerca de que el filósofo desarrolla este caos solamente en su mente mas no en la realidad?

DEMETRIO.

Es una objeción comprensible, pero la incapacidad del filósofo de poner en practica sus razonamientos es algo que no depende enteramente de él.

YO.

¿Qué cosas dependen enteramente de nosotros?

DEMETRIO.

Bueno, en relación con los filósofos, depende enteramente de nosotros el llevar a buen término nuestros razonamientos sin infringir las leyes de la lógica, tal como depende enteramente de nosotros nuestro aseo personal y el cuidar de nuestra salud, pero en relación con esta última opción puedo objetar que sí podemos prevenir lesiones o enfermedades mediante la buena alimentación o tomando ciertas medidas de seguridad, pero esto no nos exime de sufrir algún tipo de accidente o contraer algún tipo de enfermedad. Otro ejemplo que resulta mas ilustrativo es el de aquellas personas que se dedican a pronosticar desastres naturales, pues, su oficio radica es en la predicción de un desastre natural determinado, y el talento de estas personas radica es en la precisión con la que predicen estos siniestros, este oficio es necesario para tomar medidas preventivas con el fin de evitar, en lo posible, la perdida de vidas humanas y daños materiales, pero en ningún momento depende de quien predice el fenómeno natural el poder evitar su aparición o el poder contenerlo. No obstante, el filósofo, no siendo el caos mismo y no pudiendo controlarlo, sí sugiere métodos para transustanciarlo en orden y en armonía.

YO.

Quiero retomar el tema de la expresión.

DEMETRIO.

Te escucho.

YO.

Íbamos en que la verdad sigue siendo verdad si se expresa con vergüenza o con solemnidad, ¿no es cierto?

DEMETRIO.

Sí.

YO.

Ahora te pregunto, ¿qué opinas de los casos en que una mentira se plasma en la sociedad y perdura en la historia?

DEMETRIO.

Opino que sigue siendo mentira, aunque las personas puedan objetar que se trata de un malentendido o de una metáfora o de un prejuicio. Pero dame algún ejemplo que te parezca idóneo para el caso, para debatirlo.

YO.

El caso del universo me parece interesante, pues, en relación con su antigüedad, con su tamaño, con las cosas que en él existen o con la materia que lo constituye.

DEMETRIO.

Me parece que es un estudio que como mucho otros, ha tenido una diversidad de opiniones considerable y que con el tiempo estas opiniones han ganado detalle o corrección, como sucede en otros oficios, como el de la medicina. Sin embargo, me parece que este caso tiende más es al error que a la mentira, y sino me equivoco en este tipo de materias existe el término teoría, el cual hace referencia es a una suposición y no a una verdad.

YO.

Sí, entiendo.

DEMETRIO.

En relación con el término suposición quiero decir que lo que hace que estas suposiciones no sean errores es el término afirmación, porque solo las afirmaciones pueden ser errores o aciertos. Y este caso es como el caso de la omisión, que es como pensar en cometer un crimen pero no cometerlo.

YO.

Bueno, otra pregunta, ¿qué hacer en un caso en que una verdad no nos convenga?

DEMETRIO.

Buscar una solución para superar aquello que no nos conviene. Además, quiero ahondar en tu pregunta y agregar que lo que quieres decir es que la filosofía se puede volver contra nosotros, ¿no es cierto?

YO.

Sí, y bueno, ¿qué pasaría si no encontramos una solución para superar aquello que no nos conviene?

DEMETRIO.

Si no encontramos una solución para algo que no nos conviene, pues, consecuentemente nos perturbaremos, por lo que lo mas sensato sería dejar de pensar en aquellas cosas que no podemos cambiar bajo ninguna circunstancia; como el caso de las personas que se dedican a predecir los desastres naturales, pues, lo único que está en su poder es el poder predecirlos, y si la persona que hace dichas predicciones se perturba por no poder contrarrestar por sí sola aquellos fenómenos, muy seguramente sufrirá en vano.

YO.

¿No crees que el hombre pueda encontrar alguna forma de controlar los fenómenos naturales?

DEMETRIO.

Posiblemente, pero no es ese el quid del asunto.

YO.

Tengo otras preguntas en mente que me parecen simples pero necesarias. Una de estas preguntas es: si hubiera una guerra y cada bando tuviera una idea por la cual luchar dicha guerra, ¿quién tendría la razón sino el bando ganador?

DEMETRIO.

Pienso que tu pregunta malogra este caso, porque el caso que nos incumbe no es quien gane la guerra, sino que la idea en cuestión sea correcta, y bien podría tener la razón el bando ganador como el bando perdedor, como también podría darse el caso de que ninguno de los dos bandos tuviera razón. Por otro lado, opino que desde el punto de vista de quien guerrea debe ser mas importante ganar la guerra que tener un argumento, puesto que el talento del guerrero no es otro que ganar guerras.

YO.

Aunque eso de que el talento del guerrero no es otro que ganar guerras no me parece que sea tan congruente, pues, como ya habíamos expresado, la filosofía es connatural al hombre, y lo es justamente por necesidad, del mismo modo que tenemos ojos para ver, ¿no lo crees así?

DEMETRIO.

Si, pero quiero agregar que sí es congruente la idea de que el guerrero solo debe centrarse en ganar su guerra, lo que sucede es que dicha idea solo posee la mitad de la verdad, y opino que la otra mitad de la verdad deben ser los motivos por los cuales va a esa guerra, los cuales deben ser congruentes como todas las demás cosas en la vida. Por otro lado, opino que en nuestro debate existen en negativo algunos prejuicios, por ejemplo, que el guerrero no puede filosofar, y esto es como decir que el filósofo no pueda guerrear.

YO.

O como que el hombre de carácter no pueda ser cobarde o que el cobarde no pueda mostrar coraje.

DEMETRIO.

Tú lo has dicho.

YO.

Basado en este último punto se me antoja la siguiente pregunta: ¿qué sería de nosotros sin la filosofía?

DEMETRIO.

Me imagino que tu pregunta se debe a que tú deduces que desde algún punto de vista menos reflexivo es coherente pensar que el guerrero no puede filosofar o que el filósofo no puede guerrear, y que esto reduce nuestra comprensión de la realidad, ¿no es así?

YO.

Exacto, y que esta reducción de la comprensión de la realidad no es otra cosa que subdesarrollo.

DEMETRIO.

Entonces podemos afirmar que la filosofía contribuye al desarrollo intelectual del hombre, y que este desarrollo intelectual influirá decisivamente en el desarrollo de la sociedad, por lo tanto, podemos concluir que el resultado de una sociedad que es ajena a la filosofía es inevitablemente el subdesarrollo. Sin embargo, y retomando los términos que analizamos al principio de nuestro debate, quiero objetar que la sociedad también puede verse desarrollada a base del método, el cual es análogo a la filosofía, y que nos recuerda nuestro ejemplo de las matemáticas, no obstante, tampoco se puede negar que la filosofía tiene un mecanismo metódico, el cual es la lógica, y que los números de las matemáticas no son sino una versión arcaica de los temas que suele abordar la filosofía.

YO.

¿Y solo es necesaria la filosofía para desarrollar la sociedad?

DEMETRIO.

A ver, digamos que vivo en una época prehistórica, y tengo una necesidad de tener una vivienda donde pasar las noches, ahora bien, ¿por qué me es necesario tener esa vivienda?

YO.

Seguramente porque has sentido el dolor que causa la inclemencia del clima, y has razonado en favor de excluir ese dolor de tu vida, es decir, que entre sentir dolor y no sentir dolor es mas razonable no sentir dolor, y la forma de dejar de sentir ese dolor consiste en evadir la inclemencia del clima por medio de la vivienda.

DEMETRIO.

Muy bien, Yo. Ahora bien, ¿no crees que esa vivienda se construye con un método y no con filosofía?

YO.

La vivienda se construye con un método, el cual conocemos por el nombre de arquitectura.

DEMETRIO.

¿Y el motivo por el cual yo construiría dicha vivienda no es por la gracia de los razonamientos que he tenido luego de querer excluir el dolor que me proporciona la inclemencia del clima?

YO.

Es por la gracia de los razonamientos que has tenido luego de querer excluir el dolor que te proporciona la inclemencia del clima.

DEMETRIO.

Y si alguien entrara en mi vivienda sin mi autorización, ¿cuál crees que sería mi reacción?

YO.

En primer lugar, supongo que habría una reacción de preservación ante la sospecha de un ataque y, en segundo lugar, supongo que podría haber una sensación de injusticia en relación con el esfuerzo que te exigió la construcción de dicha vivienda. Pero el asunto aquí es muy simple, y es que de las reacciones de esta situación es necesario hacer un análisis filosófico, sobre las cuestiones morales que implica el defenderse ante una amenaza o el aclarar si es justo el compartir una vivienda, pues, teniendo en cuenta los esfuerzos que tener una vivienda implican.

DEMETRIO.

Entiendo, y es que el asunto de que la filosofía hace parte del desarrollo de la sociedad se puede ver claramente en este ejemplo, en el cual yo he construido una vivienda con un método que conocemos como arquitectura, pero la he construido después de una reflexión filosófica. Del mismo modo, luego expusimos el caso de que alguien entra sin mi autorización en mi vivienda, y si tenemos en cuenta el contexto del ejemplo, el cual tiene lugar en la prehistoria, podemos imaginarnos que el personaje que entra en mi vivienda sin mi autorización no tiene una vivienda propia, y muy seguramente este buscando un lugar para protegerse de la inclemencia del clima, de lo que se deduce que este acto es el resultado de haber razonado acerca de lo indeseable que puede ser el dolor y de lo estimable que puede ser el confort, por lo que podemos concluir que ambos tuvimos la necesidad de evitar las inclemencias del clima, pero solo yo encontré la solución para este inconveniente. Además, y como ya lo hiciste notar, luego de percatarme de la presencia de este individuo en mi vivienda, pues, podría darse el caso de que me tuviera que defender ante una amenaza, y que esta situación merece un análisis filosófico sobre la posible mortalidad que esto pueda ocasionar, además que aunque la razón pueda validar muchos actos como legítimos, la justicia del estado puede entrar a hablar a favor de la moral, tanto en mi defensa como en defensa del intruso, por lo que ya tenemos no solo la creación de la vivienda sino también la creación de la justicia del estado. Por otro lado, también esta ese otro punto que señalaste que versa sobre el compartir una vivienda con otra persona, pues, por caridad, a lo que puedo responder que la solución a este punto es que la caridad tiene una mitad de coherencia y una mitad de moralidad, por lo que este tipo de acciones son juzgadas neutralmente tanto por la justicia del estado como por la filosofía.

YO.

¿Quién juzga neutralmente la caridad?, ¿la filosofía en general, algún filósofo en particular o tu?

DEMETRIO.

Lo confieso, soy yo quien la juzga de una manera neutral. Pues, pienso que cada quien es libre de practicar la caridad tanto como también es libre de no practicarla, y pienso que esto está de acuerdo tanto con la justicia del estado como con la filosofía, es decir, pienso que la justicia del estado no me puede obligar a hacer obras de caridad, aunque tampoco me lo puede impedir, y es porque el hacer obras de caridad no hace parte de mis deberes constitucionales, y el impedirme hacer obras de caridad vulnera mi derecho a la libertad. Análogamente, opino que desde el punto de vista filosófico es consecuente que una persona actúe de un modo prosistema, como quien asea su habitación, y es mucho más consecuente si se tiene en cuenta que esta persona puede obtener algún tipo de retribución moral, no obstante, también se puede objetar al respecto que el hacer obras de caridad no es una práctica justa desde el momento que no es recíproca, además, que es justo que alguien carezca de aquello que no ha ganado y es justo que una persona se niegue a compartir sus frutos con alguien que no los merece. Y pues, de lo dicho anteriormente vuelvo a concluir que ambas posturas quedan igualmente justificadas.

YO.

Me parece interesante esa parte de tu argumentación que dice: “también se puede objetar al respecto que el hacer obras de caridad no es una práctica justa desde el momento que no es recíproca”. Y opino que tienes la razón, aún teniendo en cuenta que el hecho de no hacer obras de caridad puede llegar a parecer mezquino, pero observemos como por ejemplo la reciprocidad se presenta en un acto tan moral como el amor o en una práctica tan lucrativa como el comercio.

DEMETRIO.

Sin palabras.

YO.

Ahora que estamos hablando de la justicia del estado, pues, quiero aprovechar para hacerte la siguiente interrogante: ¿qué sucedería en el caso de que la justicia del estado comenzara a violar sus propias normas?, es decir, que esta justicia se tornase perversa.

DEMETRIO.

Esta pregunta se me antoja muy simple pero necesaria, y esto se debe a que este caso se ha tornado mórbido en un sinnúmero de ocasiones, y del cual ha surgido la frase “abuso de autoridad”. Pero quiero que recuerdes el caso del guerrero y el filósofo, en el que decíamos que es consecuente concluir que el guerrero puede filosofar del mismo modo que el filósofo puede guerrear; asimismo, el hecho de que la justicia del estado imparta justicia para el pueblo no quiere decir que no pueda impartir injusticia para el mismo.

YO.

Esto es como decir que si el pueblo obedece las leyes del estado, pues, no las pueda desobedecer.

DEMETRIO.

En efecto, Yo.

YO.

Demetrio, te tengo otra pregunta capciosa, y es la siguiente: ¿no es posible que quien se comporta de una manera lógica lo hace con la intención de que los demás se comporten de la misma manera con su persona?

DEMETRIO.

Sí, y esto es como decir que si lanzo una manzana al aire, pues, sea sospechoso que espere que esta manzana caiga, y es que la única forma de que la manzana no caiga sería que no hubiera fuerza de gravedad, como en el espacio exterior; y del mismo modo que no nos es posible vivir en el espacio exterior, asimismo no podemos convivir sin un porcentaje mínimo de coherencia en cualquier tipo de relación. Además, quiero hacer un paréntesis en mi apreciación, y es que quiero subrayar esa parte de mi argumento en la que dije “asimismo no podemos convivir sin un porcentaje mínimo de coherencia en cualquier tipo de relación”, y es que opino que incluso entre las gentes mas primitivas hay un porcentaje mínimo de coherencia, pues, partiendo de la afirmación que ya hemos hecho en este debate, la cual nos dicta que la filosofía es connatural al hombre, y en contraste, igualmente podemos encontrar entre la gente mas sofisticada un porcentaje mínimo de incoherencia, pues, partiendo de que es el estado perpetuo de estupidez lo que nos ha inscrito la filosofía en nuestro ser como un instinto natural.

YO.

Muy bien, Demetrio. Ahora otra pregunta: ¿cuál crees que es la diferencia entre la lógica y la filosofía?

DEMETRIO.

La diferencia entre la lógica y la filosofía es la misma diferencia que hay entre el sonido y la música.

YO.

¿Qué hacer en el caso de querer refutar una verdad?

DEMETRIO.

Si un razonamiento se puede refutar es porque no es verdad, es decir que las verdades no se pueden refutar.

YO.

¿Y qué me puedes decir de la ambigüedad?

DEMETRIO.

La ambigüedad se puede presentar por una mala expresión de quien expone el razonamiento o por una mala interpretación de quien recibe dicho razonamiento.

YO.

Pero si existe una sola verdad y la ambigüedad es algo similar a un error, ¿cómo es que existen tantos filósofos?

DEMETRIO.

Esto se debe a que las situaciones que se pueden analizar desde un punto de vista filosófico son “infinitas”, además que se puede analizar una misma situación desde distintos ángulos, por ejemplo: habiendo hablado de política, podríamos imaginar que podemos disertar desde el punto de vista del político, o desde el punto de vista del pueblo, o de desde el punto de vista de un historiador, y asimismo se podría disertar sobre la importancia o inutilidad de la política, sobre los distintos movimientos políticos, o de la importancia de la política en relación con otros temas como el arte, la ciencia o la belleza física.

YO.

Excelso, Demetrio.

DEMETRIO.

Ahora yo seré quien formule la siguiente pregunta, ¿cómo puedes identificar los niveles de complejidad de la filosofía?

YO.

Bueno, opino que la retórica y la oratoria suelen ser muestras contundentes de un filósofo consumado, no obstante, opino que estas facultades son una parte del talento del filósofo mas no es el total, por ejemplo: una obra musical no es mejor solo por la dificultad que supone su interpretación, y análogamente, la complejidad retórica no hace que la filosofía sea más elevada, ¿me hago entender?

DEMETRIO.

Sí.

YO.

Demetrio, lo que quiero decir es que es una cuestión abstracta el determinar la complejidad de la filosofía, y que la única forma de expresar el desarrollo intelectual del filósofo, pues, es por medio de la galanura del lenguaje, pero como acabo de decir, esto no es sino una parte del talento del filósofo, mas no es el total.

DEMETRIO.

Yo creería que un buen filósofo es aquel que no comete ningún error de lógica, es decir, que no incurre en falacias.

YO.

Yo agregaría que el caso de no incurrir en falacias es tan vital como el saber formular las preguntas correctas; y esto es como que el médico debe saber tanto diagnosticar como curar.

DEMETRIO.

Concuerdo en ello.

YO.

Y pienso que nuestro debate está llegando a su fin, Demetrio.

DEMETRIO.

En efecto, Yo. Sin embargo, me parece adecuado que expongamos una conclusión sobre nuestro debate.

YO.

Te escucho.

DEMETRIO.

Concluimos que la filosofía es la búsqueda de la verdad por medio de los razonamientos, y que el método por el cual alcanzamos esta verdad no es otro que la lógica, ¿no es así?

YO.

Sí.

DEMETRIO.

Concluimos también que la verdad que busca la filosofía es distinta a las cosas correctas que son producto de un método, como lo son los resultados de las operaciones matemáticas, ¿no es así?

YO.

Por supuesto.

DEMETRIO.

Concluimos que la filosofía es connatural al hombre y, por lo tanto, también es connatural a la sociedad; asimismo, concluimos que la filosofía ha hecho parte del desarrollo de esta sociedad junto con el método y, además, como respuesta a todos los inconvenientes que se pueden presentar a la hora de llevar la filosofía a buen término, se ha instaurado la moral y la justicia del estado.

YO.

No pudo haber sido de otra manera.

DEMETRIO.

Y no siendo más, nuestro debate ha terminado.