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5

Emerge mi silueta longilínea
de abismos sempiternos y de lágrimas;
suspiro voluptuoso, hijo de eones,
chisporroteas triángulos ilógicos.

¡Oh!, arrechera insaciada, florilegios
de asexuales y de huérfanas lolitas;
me harto de aqueste cáliz los delirios
de grandeza femíneos, poeta.

Y canos mis cabellos se diluyen
en tóxicas humaredas venéreas,
cual si un grano de arena el mar secara;

y siento mis vivencias cinemáticas,
ardiendo en mi interior ya fluorescentes;
callar de laberintos y escorpión.

4

Gula sexual que fluyes ya maníaca
y como un mar de soledad nos unes
y disocias, por votos tan comunes
de dignidad suprema y demoníaca.

Es el sexo la meca del juzgado
y de la historia humana, del amor,
burdel de lo inferior, del desamor;
es una némesis inanimada.

Es el sexo argumento y coyuntura,
Inevitablemente vacuo e inmundo
y de la creación, caligrafía.

La tragedia hormonal, la arquitectura
genética y ancestral de nuestro mundo;
quid de la humanidad, filosofía.

3

Deseo dilatar tus celos todos
como magma quimérico y vengarme;
ignorar el total, sexualizarme,
ser mi alter ego y devorar los cielos.

Hosca, prender inciensos de rechazos
y caminar maldita sobre alfombras
de trancas disecadas, de entre sombras,
toda ojerosa, estéril y en pedazos.

Y ser la causa universal…y la única,
del régimen voraz, masturbatorio,
y ser el numen cruel, con halo y todo;

y, similar a un agujero negro,
realidades y mundos triturar;
— vesania e insania: fálicos elixires —.

2

Veleidad silenciosa y rojo amargo:
manzana milenaria y venenosa,
del árbol más excelso, vagarosa,
caíste, despertando del letargo.

Prisionera en egregios monasterios
y acuciosa de altivas carcajadas,
de un clúster de repulsas so sagradas
y de ser virgen de altos ministerios.

Zumo de celos, kármica, agrietada,
y a saber, que sus másculos amantes
en artes amatorias son España.

¡Oh!, inexistencia vacua y profanada,
coagulados retiros disonantes,
vacío insatisfecho y agria compaña.

1

Observo el pénsil cósmico, ya onírico,
con ramilletes de ácidos relámpagos
y orgías de algodón; sermón nocturno,
nonata arenga y celestial juguete.

Observo en estas noches anacrónicas
secuencias delusorias de un pasado,
como un vergel de vidas marchitadas,
ya luengo y cano como la calígine.

Y aquesta algarabía astral, estática,
toda fractal, espesa y hundida en ella,
y en mis blancas pupilas estancada;

y aquestos deja vú de matemáticas
en mi amnesia bosquejan negros soles
por aquesta diatriba so azufrada.

Hugo o de las dimensiones

HUGO.

Bueno, el tema que trataremos hoy es el de las dimensiones.

CELESTINO.

Sí, en eso habíamos quedado, aunque confieso que no tengo una idea clara acerca de que es a lo que te refieres cuando dices “las dimensiones”.

HUGO.

Ahora que lo mencionas, también opino que la etiqueta no es muy descriptiva que digamos.

CELESTINO.

No obstante, me imagino que tienes un discurso bien sustentado al respecto, y con bien sustentado quiero decir que incluyo la fluidez que debe tenerse para que otro individuo se desenvuelva con el mismo virtuosismo que el orador.

HUGO.

Por supuesto, Celestino. Además, quiero aclarar que este tipo de debates no son similares a una exposición, pues, en la que se expone un tema sin esperar una opinión que refute lo expuesto, como podría suceder en una clase de historia, a menos que el catedrático incurra en un error, es decir, que este individuo proporcione una información falsa.

CELESTINO.

Lo que quieres decir es que tu solo has postulado el tema, y que esto no quiere decir que yo no pueda tener razón en mis objeciones, ¿no es así?

HUGO.

En efecto.

CELESTINO.

Sin embargo, quiero retribuir esta intención, pues, pienso que aquí el maestro eres tú, y que es de esperarse que seas tú quien lleva la razón.

HUGO.

Soy maestro por mis aciertos y no por mis errores.

CELESTINO.

Bueno, no importa.

HUGO.

Quiero comenzar con una pregunta, y es la siguiente: ¿qué es un metro?

CELESTINO.

Un metro es una unidad de longitud, y tengo entendido que consta de 100 cm; aunque también entiendo que un metro es un medio de transporte.

HUGO.

Me refería a la unidad de longitud, Celestino. Ahora bien, ¿esta unidad de longitud es similar a la que conocemos como centímetros o el metro es una unidad de longitud y el centímetro es otra cosa?

CELESTINO.

¿A qué te refieres cuando dices que el centímetro es otra cosa?

HUGO.

Es decir, pregunto si el centímetro es una unidad de longitud igual que el metro, o si es posible que el metro sea una unidad de longitud y el centímetro sea otra cosa distinta como un color o un sonido.

CELESTINO.

Indudablemente ambos son una unidad de longitud.

HUGO.

Ahora bien, ¿este metro y este centímetro son iguales al kilómetro o el kilómetro es otra cosa distinta como un color o un sonido?

CELESTINO.

Los tres son unidades de longitud.

HUGO.

¿Y este centímetro, este metro y este kilómetro son iguales al milímetro o el milímetro es otra cosa diferente como un color o un sonido?

CELESTINO.

El milímetro es una unidad de longitud igual que el centímetro, el metro y el kilómetro.

HUGO.

¿Ahora entiendes el término “dimensiones”?

CELESTINO.

Me va pareciendo mucho más entendible, Hugo.

HUGO.

Pues bien, ahora te formulo otra pregunta, ¿la diferencia que hay entre el milímetro y el centímetro no es igual a la diferencia que hay entre el bebé y el niño?

CELESTINO.

Es similar, Hugo.

HUGO.

¿Podemos afirmar que el bebé y el niño son personas o por el contrario es coherente pensar que el uno es una cosa y el otro es otra cosa diferente?

CELESTINO.

Es coherente pensar que ambos son personas, y que difieren es en edad y no en naturaleza, como también es coherente pensar que el milímetro y el centímetro son unidades de longitud pero de distinto valor.

HUGO.

Pues, veras, el asunto es muy simple, vamos a disertar acerca de la idea de que las dimensiones de algo puedan afectar su propia naturaleza.

CELESTINO.

Explícate.

HUGO.

Veras, de lo que acabamos de hablar hemos concluido que las unidades de longitud no han dejado de ser lo que son, aunque varíen en sus dimensiones, es decir, que el milímetro, el centímetro, el metro y el kilómetro siguen siendo lo mismo en esencia, del mismo modo que el bebe y el niño son personas, incluso si este niño se vuelve un adolescente, un adulto o un anciano, ¿no es así?

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

HUGO.

Sin embargo, el tema lo he postulado porque en algún momento de mi vida algunas personas me han dicho que ciertos actos que nos parecen de cierta manera pueden ser de otra manera si los concebimos en otras dimensiones.

CELESTINO.

¿Algo así como que un golpe puede ser análogo a una guerra, pues, del mismo modo que el kilómetro no es otra cosa que una serie de milímetros?

HUGO.

En efecto, esa es la cuestión.

CELESTINO.

Entiendo, yo también he llegado a conjeturar ese tipo de asuntos en algún momento.

HUGO.

Ahora que lo mencionas, el caso del golpe y la guerra parece elocuente, aunque personalmente me parece que la guerra es un conflicto, en cambio el golpe no es un conflicto por sí mismo, y aunque se podría decir que el golpe es un ataque y que la guerra es análoga al golpe porque en la guerra hay ataques, habría que tener la premisa de que el golpe se deba a algún conflicto, para así poder concebirlo como una guerra en miniatura. No obstante, se me antoja que el punto que quieres señalar es que un golpe puede llegar a ser mortal, y que esta mortalidad se puede asemejar a la mortalidad de una guerra, ¿no es así?

CELESTINO.

Ahora lo es, en realidad si concebí la idea de que el golpe y la guerra fueran análogos si se analizaban a escala.

HUGO.

Por otro lado, opino que el asunto es que el golpe no es un ataque y por lo tanto no puede ser análogo a la guerra, pero si es cierto que un golpe puede ser mortal, y es inevitable pensar que la guerra no es sino una sucesión de ataques mortales; no obstante, es la intención y el contexto lo que hace que el golpe y la guerra no sean análogos, aunque en ambos casos el resultado sea el dolor.

CELESTINO.

Lo que pasa es que es el golpe si es un ataque, y para lograr que la analogía entre el golpe y la guerra sea mas nítida necesitamos tener la certidumbre de que el golpe se haya propinado con mala intención, puesto que es inverosímil pensar que los ataques de las guerras tienen buena intención, aunque se puede decir al respecto que existe la defensa propia o el contrataque, o también algún tipo de juego brusco.

HUGO.

Quiero hacer el mismo ejercicio que hicimos con las unidades de longitud, pero esta vez con el caso del golpe y la guerra. Podríamos comenzar a figurarnos una situación en la que dos individuos se miren despectivamente, con la clara intención de mostrar su desdén, otra dimensión de este hecho es el de utilizar la violencia verbal, y otra dimensión de esto es la violencia física; en este punto podemos figurarnos que si los siguientes casos son tal y como los he descrito, pues, es verosímil concluir que las dimensiones no han afectado la naturaleza de estos hechos, es decir, que es lo mismo lo primero que lo último. Además, este tipo de casos se nos vienen a la mente porque pueden surgir malinterpretaciones de los hechos, como por ejemplo, que la mirada desdeñosa sea un rasgo genético del individuo en cuestión, o que la violencia verbal se confunda con una expresión desabrida, pues, en relación con este punto podemos figurarnos que no todas las personas se expresan de la misma manera, y que ciertamente existen personas que por su oficio o por alguna otra razón similar se expresan de manera excesivamente urbana, y en relación con el último punto, puedo decir que pueden surgir casos que pueden generar controversia a la hora de catalogarlos como una dimensión de algo como una guerra, como por ejemplo la violencia en la crianza de los hijos, y es que este caso nos recuerda el punto de la intención, que es difícil pensar que en medio de una guerra se este dando una lección de vida y para provecho del individuo que la recibe, aunque esta violencia sea un ataque y la guerra no sea otra cosa que una sucesión de ataques, y es más, quiero agregar que no se puede afirmar tan a la carrera que la violencia intrafamiliar sea una dimensión de algo como una guerra, puesto que la guerra se libra para ganarla y la violencia intrafamiliar no tiene esa finalidad, pues, sea que en realidad se presente un caso de violencia intrafamiliar con fines educativos o que se presente un caso de violencia intrafamiliar con una intención sádica.

CELESTINO.

Yo opino que para afirmar que una cosa es igual en distintas dimensiones tienen que cumplirse dos factores, el del hecho y el de la intención, porque ciertamente un golpe causa un daño y este daño se siente indistintamente de la intención, aunque se pueda objetar que hay golpes de doble filo, que golpean no solo la carne sino también la moral y que la intención es la que puede llegar a vulnerar esta parte interna del individuo en cuestión, pero también es innegable que la intención se queda con un 50% de la verdad, es decir, que no se puede afirmar que la corrección de los hijos por medio de un castigo físico se pueda comparar con una guerra, pues, en relación con el tema de las dimensiones, aunque en ambos caso haya una agresión, y que esta agresión es la causa de un dolor, porque en la guerra hay ganadores y perdedores y en la corrección de los hijos no existe dicha modalidad, aunque si exista un dolor que puede ser igual o superior al de un ataque, y son estos ataques la característica principal de las guerras.

HUGO.

Celestino, ¿y cuáles serían las dimensiones de esta corrección de los hijos sino es algo como una guerra?

CELESTINO.

Ahora que me lo preguntas se me ocurre que debe ser algo como la ley del estado, o como la educación en los planteles educativos, ¿no lo crees así?

HUGO.

Sí, me parece muy elocuente tu dictamen.

CELESTINO.

Otra dimensión mas pequeña de este caso puede ser la agricultura.

HUGO.

Me parece un poco inexacta tu respuesta, pero se entiende.

CELESTINO.

Quiero señalar algo que en primera instancia parece obvio pero que en este contexto es fundamental, y es que puede existir un engaño, es decir, si anteriormente hemos dicho que para dictaminar si algo como un golpe es lo mismo en todas sus dimensiones, pues, hay que tener en cuenta no solo el hecho del golpe sino también la intención, y es consecuente pensar que se puede caer en un engaño, y este engaño nos interesa desde el momento en el que influye en la conclusión de nuestros razonamientos; no obstante, podemos seguir nuestro escrutinio y concluir que incluso con el engaño puede que dos cosas de distintas dimensiones no sean lo mismo, porque en relación con nuestro ejemplo del golpe y la guerra, habría que incluir la sucesión de ataques y la competencia en la que necesariamente hay un ganador y un perdedor. Además, hay que tener en cuenta que no en balde hice esta apreciación, puesto que es verosímil la idea de que en una guerra un bando engañe al bando contrario para infligir un ataque y, análogamente, no es descabellado pensar que la violencia intrafamiliar posea una modalidad similar, en la cual se utiliza un engaño o un pretexto para infligir un ataque.

HUGO.

Muy bien, y ahora te hago la siguiente pregunta: ¿no crees que un error grande sigue siendo tan erróneo como un error pequeño?

CELESTINO.

Sí, y eso me recuerda aquello que te comenté acerca de que eres tú el maestro, es decir, aunque tu opinión es “grande” en relación con mi opinión, tú puedes llegar a cometer una falacia tan simple como la que yo podría cometer. También me figuro que en este caso pueden contarse los errores históricos, las falacias cometidas por los grandes pensadores, los principios éticos de la sociedad que se vuelven reprochables desde el punto de vista de la filosofía o las ideologías políticas contraproducentes; concibo, pues, que en este caso las dimensiones son de una naturaleza muy diferente a las de las unidades de longitud, y asimismo, también me imagino que un factor como el tiempo puede llegar a formar la dimensión de una idea, e igualmente se sobreentiende que este tamaño es figurado y, por consiguiente, se puede hacer una comparación con otros razonamiento de poca importancia, en cuya comparación ambas ideas quedan en igualdad de condiciones y solo queda el dictaminar cual es falaz y cual es correcta. Por otro lado, aclaro que no estoy incitando a un escepticismo caprichoso, pues, sinceramente pienso que es congruente el pensar que una idea no se plasma en la consciencia colectiva por pura casualidad, pero es sano sospechar de este tipo de razonamientos, y del mismo modo es sano sospechar sobre la veracidad de un razonamiento cuya fuente es dudosa, pero siendo filósofos, no es viable suponer que la verdad deba su veracidad a la fuente de la que es producto sino a su propia lógica, por ende, para dictaminar sobre la veracidad de un razonamiento es necesario transgredir esa dimensión ilusoria tanto del pensamiento “grande” como la del pensamiento “pequeño” y juzgarlos equitativamente y en razón de la verdad y no en razón de sus dimensiones.

HUGO.

Opino que lo que acabas de decir es algo complejo de imaginar, es decir, el tamaño de los pensamientos filosóficos, pues, muy contrario al caso de un golpe, cuyas dimensiones se pueden medir en relación con el dolor o el daño que cause; y opino que dichos tamaños no existen sino en el mundo del prejuicio, porque un argumento tiene solo dos dimensiones, estas son la verdad y la mentira. Esta impresión de tamaño en los argumentos proviene de la importancia de dicha verdad y de otros factores como la antigüedad, pero si adoptamos una actitud autómata podemos figurarnos que cualquier razonamiento que el hombre pueda concebir puede ser o cierto o falso y, por lo tanto, todos estos razonamientos son iguales ante los ojos de la filosofía, aunque sea muy distinto en otros contextos, y sin embargo, opino que tampoco es irracional que esto sea así, puesto que cualquier cosa que nos interese tenderá a verse en una dimensión mas dilatada que el resto de los asuntos que tenemos en mente.

CELESTINO.

Hugo, ¿estas de acuerdo cuando digo que el camino no es otra cosa que una dimensión de un paso?

HUGO.

Estoy de acuerdo.

CELESTINO.

Hugo, ¿estás de acuerdo cuando digo que un brazo es una dimensión de la mano, y que la mano es a su vez una dimensión del dedo, y que este dedo es a su vez una dimensión de la uña?

HUGO.

Sin duda.

CELESTINO.

Hugo, ¿estás de acuerdo cuando digo que la gota es una dimensión del mar?

HUGO.

Totalmente de acuerdo.

CELESTINO.

¿Qué piensas si te digo que la hoja es una dimensión del árbol?

HUGO.

Que suena concebible.

CELESTINO.

¿Y si te digo que el planeta es una dimensión del universo?

HUGO.

Te diría que es una idea plausible.

CELESTINO.

Hugo, ¿no te parece que la hora es una dimensión del año?

HUGO.

Bueno, pienso que el tiempo es una convención abstracta e inevitablemente necesaria en la sociedad en la que vivimos, sin embargo, creo que tu idea es totalmente racional.

CELESTINO.

Lo que intentas decir es que mi idea es correcta o verosímil, aunque haya un punto de vista ambiguo y/o abstracto en relación con una parte del enunciado, y que este punto de vista en realidad no tenía nada que ver con nuestro debate, ¿no es así?

HUGO.

En efecto, además, quiero agregar que, aunque este punto de vista es abstracto, tu idea no se disloca en ningún caso, es decir, ya sea que tomemos el tiempo como se toma generalmente o que lo tomemos como una convención abstracta y necesaria en la sociedad.

CELESTINO.

¿Estás insinuando que el tiempo no existe?

HUGO.

Opino que hablar al respecto sería cambiar de tema de una manera bastante abrupta, sin embargo, opino que lo que llamamos tiempo no es otra cosa que sucesos, pues, cuando decimos “ha pasado mucho tiempo”, en realidad nos referimos a que han sucedido muchas cosas, indistintamente de su importancia, ¿no lo crees así?

CELESTINO.

Creo lo siguiente: en primera instancia te podría responder que no es así como lo explicas, porque bien podrían pasar muchas cosas en poco tiempo o pocas cosas en mucho tiempo, pero si lo pienso con calma, se me viene a la cabeza un ejemplo como el de los latidos del corazón, es decir, que partiendo de esta idea podemos figurarnos que estos latidos serán muchos más en relación con el tiempo que transcurra, y es mas factible pensar que han transcurrido mas sucesos, como el de los latidos del corazón, que afirmar que ha pasado más tiempo, el cual no lo podemos señalar porque no lo podemos ver, y esto es debido a que no existe como tal, y en contraste, es congruente pensar que en efecto han sucedido estos latidos del corazón puesto que no estamos muertos.

HUGO.

Yo agregaría que en efecto estos eventos suceden, que uno sea testigo de ello o no es distinto, pues, lo digo por tu comentario acerca de que pueden suceder muchas cosas en poco tiempo o pocas cosas en mucho tiempo, además, lo digo también porque me parece que el ejemplo de los latidos del corazón tiene una apariencia algo artificial.

CELESTINO.

Posiblemente.

HUGO.

Celestino, ¿crees que la humanidad es una dimensión del reino animal?

CELESTINO.

Si te dijera que sí, pensarías que siempre lo he pensado y no es así, pero ahora que lo preguntas, y en este contexto, me parece una idea razonable.

HUGO.

¿Crees que el reino animal es una dimensión del reino vegetal?

CELESTINO.

Esta opción me parece un poco mas abstracta, no obstante, sigue siendo razonable en este contexto.

HUGO.

¿Y qué me dices de los reinos protista y monera?

CELESTINO.

Por eso decía que esto es algo abstracto, porque ahora que hablamos de estos reinos, pues, se me ocurre que la idea es viable hasta que entra algo como el reino vegetal, es cual no tiene una similitud aceptable en relación con lo que podrían ser sus otras dimensiones, porque incluso podríamos decir que una bacteria es una persona en miniatura, pero el factor que hace más abstracta la comparación entre los seres humanos y el reino vegetal es algo tan básico como el movimiento, el cual existe incluso en el reino protista, pero no existe en el reino vegetal, y si existe, es de una manera abstracta. No obstante, la gravedad del término dimensiones puede que sea la respuesta, es decir, que no es tan inverosímil pensar que el reino vegetal es una versión a escala de la humanidad desde el momento que hemos aceptado  que el planeta tierra es una versión a escala del universo, y aun con todo, surge otro factor a tener en cuenta, ese factor es la parte, y es que podríamos también decir que un grano de arena es una dimensión de la playa, y que la parte es en esta caso idéntica al total, o a su dimensión más elevada; este característica es la que hace que nuestra comparación entre el reino vegetal y la humanidad sea abstracta, como ya lo he mencionado, por un factor tan simple como el del movimiento. También es conveniente señalar que en este punto puede surgir una ambigüedad entre el término parte y el término dimensión, y lo digo por el ejemplo del grano de arena y la playa, pues bien podríamos decir que el grano de arena es una parte de la playa como también podríamos decir que el grano de arena es una dimensión de la playa, y pues, de este caso podemos decir que el grano de arena tiene la misma apariencia y el mismo comportamiento que el total o su dimensión mas elevada, lo que contrasta con el caso de la humanidad y el reino vegetal, pues, en relación con su comportamiento, o mas exactamente con la cualidad del movimiento, el cual, como dijimos, se encuentra en el reino animal, en el reino protista y en el reino monera, y aun con todo, podría apelar a la gravedad del término “dimensión”, y argumentar que el caso del grano de arena y la playa no cuenta con una amplitud de dimensiones suficientes para que surjan el tipo de diferencias que surgen en casos como el de la ley del estado y la crianza de los hijos, o como las diferencias que surgen en el caso del reino vegetal y la humanidad, y es que puedo objetar que en el caso de la crianza de los hijos, pues, en relación con el caso de la ley del estado, existen leyes implícitas , y que esta mismas leyes existen a escala en la sociedad, solo que las leyes de la crianza de los hijos normalmente provienen de los padres y las leyes del estado provienen de la historia de la humanidad, y podemos figurarnos que existen muchas diferencias entre las leyes que se le imponen a un infante a las leyes que rigen la sociedad, del mismo modo que existen diferencias entre el reino vegetal y la humanidad, y es más, podemos decir que las leyes que rigen la crianza de los hijos y las leyes que rigen la sociedad son leyes, valga la redundancia, y asimismo, el reino vegetal y los seres humanos son seres vivos, y contando con esta columna vertebral, podemos concluir que es la transposición de dimensiones lo que crea estas características tan particulares, o si se quiere, dispares.

HUGO.

Celestino, ¿crees que la máxima dimensión de la calma personal es la paz colectiva?

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

HUGO.

¿Podrías concebir que una dimensión de la paz es el caos?

CELESTINO.

No lo creo, además, pienso que son este tipo de discrepancias las que nos han inspirado este debate.

HUGO.

¿Se puede afirmar que una dimensión de la luz es la oscuridad?

CELESTINO.

No lo había tomado de esa manera, a mi parecer es una pregunta bastante retorcida, además, pienso que lo correcto hubiese sido preguntar si lo contrario de la luz es la oscuridad, pero me parece que el caso encaja en ambas preguntas, es decir, que en efecto lo contrario de la luz es la oscuridad y, posiblemente, una dimensión de la luz sea la oscuridad, pues, en su más pequeña dimensión.

HUGO.

¿Y no te parece que es más coherente pensar que una dimensión de la luz es la oscuridad cuando piensas que una dimensión de la genialidad puede ser la estupidez?

CELESTINO.

Mi respuesta es la misma, o sea, parece ambiguo, inadecuado, pero creo que al fin de cuentas tu pregunta encaja; es decir, podría objetar que lo correcto hubiese sido preguntar si lo contrario de la genialidad es la estupidez, pero pienso que el asunto de las dimensiones encaja inevitablemente, por ejemplo: a un genio grande lo sucede un genio mediano, y a un genio mediano lo sucede un genio pequeño, y así sucesivamente hasta llegar a la estupidez, cada sucesión se puede considerar una dimensión, pues, del mismo modo que lo entendimos con las unidades de longitud, y en este caso en particular la dimensión mas pequeña sería la estupidez y la dimensión más grande sería la genialidad, ¿o qué opinas tú?

HUGO.

Es justo ese el quid del asunto, porque mira que intentábamos averiguar si algo es una misma cosa en todas sus dimensiones para rastrear algún posible error, pero mira el giro que ha tomado nuestro debate, ahora resulta que si uno recorre todas las dimensiones de una cosa en cuestión puede encontrarse no con lo mismo sino con lo contrario, a modo de antónimo.

CELESTINO.

Ahora quiero yo hacer la siguiente pregunta, ¿puede la verdad ser una mentira en alguna de sus dimensiones?

HUGO.

No lo creo, o a menos que la susodicha verdad no sea verdad, que sea tal vez una falacia, un malentendido, una suposición o una generalización y, además, no creo que las verdades tengan dimensiones, aunque en la vida  me ha pasado que he tenido una respuesta correcta acerca de algo y esta respuesta se ha vuelto mucho mas real con el tiempo, no obstante, no creo que pueda afirmar que esto se pueda considerar como una dimensión. Ahora bien, Celestino, respóndeme con franqueza, ¿es cierto o no que tu y yo estamos hablando?

CELESTINO.

Es cierto.

HUGO.

¿Y puedes concebir que desde otro punto de vista tu y yo no estemos hablando?

CELESTINO.

No, inconcebible.

HUGO.

Entonces si tenemos en cuenta que es verdad que tu y yo estamos hablando, podemos figurarnos que esta verdad no puede ser variable, es decir que no hay una dimensión en la que estemos hablando más, o una dimensión en la que no estemos hablando, además, recordemos que este caso se trata es de saber si la verdad tiene dimensiones, y no se trata de saber si el hecho de hablar tiene dimensiones, porque en este segundo caso, podríamos decir que una dimensión de nuestra conversación es la conversación de todas las personas del mundo, la conversación que estas personas están teniendo en este mismo momento en diversas parte del globo, y reitero, no se trata de saber si nuestra conversación tiene otras dimensiones, sino que se trata de saber si la verdad tiene otras dimensiones, ahora bien, ¿cuál verdad?, la de que es cierto que tu y yo estamos conversando.

CELESTINO.

Ya me parece que la verdad no es algo que pueda tener dimensiones, tal como las unidades de longitud; es decir, la verdad es algo totalmente inmutable, indiferentemente de su importancia, pues, siempre y cuando esta verdad sea verdad.

HUGO.

Me parece que es necesario un ejemplo mucho mas simplista para poder explicar mas nítidamente nuestra conjetura, y para ello quiero utilizar un ejemplo matemático, el cual es el siguiente: si estamos de acuerdo en que 2+2 es 4, pues, y tenemos la certidumbre de que 2+2 no es 5, 6, o 7 o cualquier otra suma, podemos imaginar que otra dimensión de esta operación matemática sería, por ejemplo, 22+22, y si estamos de acuerdo en que 22+22 es 44 y no 45, 46, o 47 o cualquier otra suma, podemos figurarnos que estamos delante de una verdad, aunque en el caso de las matemáticas es mas elocuente decir que esto es un resultado correcto y no una verdad, y sin embargo, podemos concluir al respecto que lo correcto y la verdad son cuestiones análogas. Ahora bien, si estamos de acuerdo en que ambas operaciones y ambos resultados son lo mismo en esencia, pues, con la diferencia de sus dimensiones, podemos afirmar que no hay discrepancias en la transposición de dimensiones, puesto que es innegable que 2+2 sea 4, tal como es innegable que 22+22 sea 44, por lo que se deduce o se vuelve a comprobar que la verdad es inquebrantable, pues, siempre y cuando esta verdad sea verdad. No siendo suficiente el caso anterior, podemos volver a cambiar de dimensión a la suma que teníamos en un principio, la cual era 2+2, y que termino siendo 22+22, pues, por necesidad y elocuencia para nuestro debate, esta suma deberá transponerse a su siguiente dimensión, la cual podría ser 200+200, no obstante y entre paréntesis, opino que estas dimensiones podrían variar, tal como varían las unidades de longitud, y bueno, evidentemente el resultado de la operación matemática en cuestión, es decir, 200+200, será necesariamente 400. Ahora bien, quiero volver a hacer el recorrido de las operaciones matemáticas e ilustrarlas con las unidades de longitud para entender de una manera mucho mas concreta lo que estoy explicando: la operación matemática “2+2” puede ser análoga a los milímetros, consecuentemente, la operación matemática “22+22” puede ser análoga a los centímetros, y la operación matemática “200+200” puede ser análoga a los metros, y así sucesivamente.

CELESTINO.

Entiendo, pero te pregunto, ¿cómo transponemos este ejemplo al caso que estamos tratando?, porque es que me ha quedado claro la analogía entre las dimensiones de las unidades de longitud y las operaciones matemáticas, pero no me ha quedado del todo claro como podemos aplicar estas dimensiones a la verdad.

HUGO.

Antes que nada, quiero aclarar que este caso se puede tergiversar, porque en este momento te podría decir que tal cosa es verdad o mentira de acuerdo a sus dimensiones, pues, señalando las dimensiones de alguna cosa de que trata x o y afirmación, pero no estaría hablando de la verdad en sí, sino de algo que existe dentro del enunciado; no obstante, creo que el ejemplo de las operaciones matemáticas no es insuficiente, pienso es que falta una parte de la argumentación con este ejemplo, y es la siguiente: si tenemos la certidumbre de que 2+2 es 4, y transponemos esta operación a su siguiente dimensión, el resultado será inevitablemente correcto, pero si tenemos una operación que es, por ejemplo, 2+3 y afirmamos que el resultado de esta operación es 4, y fuera de eso la transponemos a su dimensión mas próxima, pues, es inevitable que el error también se transponga.

CELESTINO.

¿Entonces es cierto que la verdad no tiene otra dimensión que las dimensiones que pueden tener las cosas o sucesos de que trata dicha verdad?

HUGO.

Eso parece, no obstante, también quise decir que si tratas sobre las dimensiones de las cosas o sucesos que componen una afirmación, y en su dimensión natural esta afirmación posee algún error de lógica o de expresión, o de algún tipo de información errónea, pues, este error se transpondrá a la dimensión requerida, como lo expliqué con el ejemplo de la operación matemática, pero para ilustrarlo de una manera más idiomática para la filosofía, pues, quiero exponer el siguiente ejemplo: “dos perros están peleando y se están mordiendo las alas”, bueno, esta afirmación es falaz puesto que es sabido que los perros no tienen alas, y yo creo que estamos totalmente de acuerdo en ello, aunque hay un punto que queda pendiente y es el de las metáforas, no obstante, si se tratase de una metáfora habría que tener en cuenta que ya no sería una falacia, y sin embargo, las metáforas son figuras literarias que no se pueden considerar falacias por sí mismas puesto que no significan lo que predican, pero si se podría juzgar de una manera lógica el verdadero significado de la metáfora, es decir que aunque la metáfora en sí no puede ser falacia, el significado detrás de la metáfora si puede ser falaz. Y bueno, otra dimensión del enunciado de los perros podría ser el siguiente: “dos hombres están peleando y se están partiendo las alas”, y pues, como era de esperarse, la falacia se ha transpuesto, puesto que es sabido que los hombres no tienen alas, y pues es innecesario volver a repetir que existe una posibilidad de que esta falacia sea en realidad una metáfora, pero ya he explicado ese asunto.

CELESTINO.

Quiero concluir de una vez por todas que la verdad no tiene dimensiones.

HUGO.

Eso parece.

CELESTINO.

De esta afirmación me surge una duda, y es la siguiente: ¿qué cosas tienen dimensiones?

HUGO.

Buena pregunta, ahora me da la impresión de que debimos formular esta pregunta desde el principio. Pues bien, opino que las cosas que tienen dimensión son todas las cosas que se pueden aumentar y disminuir, por ejemplo: si tengo un dibujo de un círculo, este círculo que tengo dibujado es el mismo círculo que veo en el sol, pues, visto desde la tierra, porque sabemos a ciencia cierta que el sol tiene una apariencia esférica, y esto es una aumentación abstracta, porque el círculo no es el sol ni el sol es un círculo, pues, el círculo es un círculo y el sol es el sol, pero si nos referimos a la forma en sí, ambos son círculos de distinto tamaño; y bueno, en relación con esa parte de mi respuesta que dice “y esto es una aumentación abstracta”, pues, creo que ya hemos hablado al respecto, es decir, acerca de las diferencias que resultan de la transposición de dimensiones, y sin embargo, me parece necesario dictaminar que estas transposiciones de dimensiones deben explicarse individualmente, y no de manera automática, como sería en el caso de las matemáticas.

CELESTINO.

Lo que entiendo es que el circulo tiene dimensiones desde el momento en que podemos dibujar o concebir círculos de diversos tamaños, hasta llegar a concebir un círculo del tamaño del sol y, además, entiendo que el asunto no es que el círculo sea una dimensión del sol, sino que la forma del sol es un círculo a escala, ¿no es así?

HUGO.

Efectivamente.

CELESTINO.

¿Entonces te parece que es correcto afirmar que el libro es una dimensión de la biblioteca?

HUGO.

Sí, me parece correcto, no obstante, quiero objetar que ya he dictaminado que cada caso debe analizarse por separado, sobre todo por las particularidades que resultan de la transposición de dimensiones. En este caso dichas particularidades son mínimas, con la excepción de que cada libro es distinto.

CELESTINO.

¿Crees que es correcto afirmar que un cabello es una dimensión de la cabellera?

HUGO.

Sí, creo que es correcto.

CELESTINO.

¿Crees que una persona es una dimensión de la sociedad?

HUGO.

Así lo creo.

CELESTINO.

Hugo, quiero retomar el ejemplo del dibujo del círculo. Pues, veras, me he figurado que, si pongo este dibujo de cara al sol, puedo encajar su figura con la figura del sol, de modo que ambos círculos se alineen como si fueran del mismo tamaño. Y esto me ha inspirado un caso similar, y es el siguiente: levanto mi mano de frente a un edificio, el cual se encuentra a una distancia considerable, luego cierro el puño y levanto mi dedo índice, y lo ubico de cara al edificio, y pues, se deduce que la figura del dedo y la figura del edificio es la misma, y me parece necesario explicar que no estoy afirmando que el edificio sea una dimensión del dedo, sino que la figura del dedo y la figura del edificio son las mismas pero en distintas dimensiones. Este mismo ejercicio del dedo y el edificio puede tener otras acepciones, una de ellas radica en cambiar el dedo por el antebrazo, y pues, se deduce que el resultado es el mismo, es decir, que la figura del antebrazo y la figura del edificio en efecto son las mismas, pues, con la diferencia de sus respectivas dimensiones. Y asimismo como acabo de exponer la acepción anterior, podemos figurarnos que sucederá lo mismo si cambiamos el antebrazo por una pierna o por el cuerpo entero, de lo que se concluye que estamos hablando de la misma figura, pero en distintas dimensiones, y a esta figura la llamaré de momento “línea recta”. Por otro lado, y retomando el caso del dibujo del circulo, pues, quiero afirmar que este círculo es un círculo tanto en el dibujo como en la forma del sol, y nunca una línea recta, y esta línea recta es una línea recta tanto en el dedo, como en el antebrazo, como en la pierna, como en el cuerpo entero y como en el edificio, pues, no es aceptable afirmar que el edificio sea un círculo desde ningún punto de vista, aunque hayan objetos con formas circulares y objetos con formas de “línea recta” que posean el mismo tamaño, por ende, es sensato deducir que el tamaño, es decir, la dimensión, no afecta la forma, o que lo que es círculo será círculo en todas sus dimensiones y lo que es línea recta será línea recta en todas sus dimensiones.

HUGO.

Celestino, creo que es inevitable hablar sobre las partes del cuerpo en este apartado, sobre todo lo que concierne a la vanidad y a la sexualidad, ¿no te parece?

CELESTINO.

No lo había sospechado, pero creo que el tema se ha presentado por sí solo. Quiero agregar y/o reiterar, que la calidad de la filosofía no depende de su temática, y que no tomo a mal tu propuesta, a sabiendas que la sexualidad es un tema de interés general, aunque intimista, claro está, y pues, te escucho.

HUGO.

Bueno, volviendo retomar aquello que hemos denominado “línea recta”, quiero hacerte la siguiente pregunta: ¿crees que la forma de un dedo se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de un brazo se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de una pierna se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Crees que la forma de un pene se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Y crees que la forma de un edificio se puede denominar como “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

¿Estás de acuerdo en que todas estas cosas tienen la misma forma pero distan en sus dimensiones?

CELESTINO.

Estoy totalmente de acuerdo.

HUGO.

¿Piensas que la forma de un cuello se puede considerar como una “línea recta”?

CELESTINO.

Sí.

HUGO.

Celestino, ¿acaso piensas que la forma de un cuello se asemeja a la forma de un brazo?

CELESTINO.

No, inconcebible.

HUGO.

¿Piensas acaso que un dedo no es largo porque no mide lo mismo que una pierna?

CELESTINO.

No.

HUGO.

¿Por qué?

CELESTINO.

Bueno, pensándolo detenidamente, creo que un dedo mide lo mismo que una pierna, solo que miden lo mismo en distintas dimensiones, o si sus medidas no son iguales desde este punto de vista abstracto, pues, seguramente serán muy similares.

HUGO.

¿Y eres consciente de que un pene no va medir nunca lo que mide una pierna y, sin embargo, tanto el pene como la pierna tienen la misma forma de “línea recta”?

CELESTINO.

Soy consciente de ello, además, creo que la respuesta para este punto es la misma que te acabo de dar, es decir, el pene y la pierna miden aproximadamente lo mismo, solo que en distintas dimensiones.

HUGO.

¿Crees que el pene, la pierna y el edificio miden lo mismo o aproximadamente lo mismo pero distan en sus dimensiones?

CELESTINO.

Eso es lo que creo.

HUGO.

Yo también opino lo mismo y, sin embargo, esto me recuerda el periodo de vida de ciertos animales como el de los perros, de lo que deduzco que ellos viven su infancia, su adolescencia, su adultez y su ancianidad a una velocidad distinta a la de nosotros; y te preguntaras, ¿cuál es el punto?, pues, verás, creo que uno debe tener claro que es lo normal y que es lo anormal, y habiendo dicho lo anterior podemos suponer que es anormal que los perros vivan 70 años, y en contraste, es normal que las personas vivan aproximadamente 70 años, teniendo esto en cuenta podemos reflexionar acerca del tamaño de los dedos, de las piernas, del cuello o del pene, en relación con las medidas que posea la mayoría de la gente. Y esto no quiere decir que yo ignore la importancia de las excepciones, como es el caso de la inteligencia, pues, es totalmente creíble que todas las personas piensan, pero no es creíble que todas las personas sean genios y, pues, esto mismo suele suceder con los atributos físicos; sin embargo, creo que hay algunos puntos que aclarar, por ejemplo, ¿la forma de la cabeza humana se te asemeja más al sol o al edificio?

CELESTINO.

A la forma del sol, Hugo.

HUGO.

¿Piensas que la forma de la cabeza humana tiene un prejuicio de tamaño como lo tiene el pene en el hombre o el busto en la mujer?

CELESTINO.

No, entiendo que el prejuicio del rostro radica es en su belleza, por más variable que esta pueda ser.

HUGO.

¿Y entiendes que una cabeza puede ser grande sin que mida lo mismo que una pierna?

CELESTINO.

Lo entiendo.

HUGO.

¿Entiendes que la pierna no tiene forma de círculo?

CELESTINO.

Claro lo entiendo.

HUGO.

¿Es correcto afirmar que el pene tiene forma circular?

CELESTINO.

No es correcto

HUGO.

¿Crees que las nalgas de la mujer tienen forma de edificio?

CELESTINO.

No tienen forma de edificio.

HUGO.

¿Entiendes que las nalgas de la mujer pueden ser grandes sin medir lo mismo que las piernas?

CELESTINO.

Lo comprendo claramente.

HUGO.

¿Entiendes que las pupilas dilatadas de los ojos se ven grandes pero que éstas son más pequeñas que el busto de una mujer?

CELESTINO.

Lo entiendo, y es que para que ese caso sea lógico, habría que comparar el busto de la mujer con otros bustos que se puedan considerar grandes.

HUGO.

Celestino, si recuerdas el caso del círculo y el sol, y tienes en cuenta que el círculo no es el sol ni el sol es el círculo, puedes concluir que las formas son un recipiente, pues, en este contexto erótico; es decir que el atributo x o y de una persona puede equivaler el círculo, y ese mismo atributo de otra persona puede equivaler al sol, aunque ambos posean la misma figura.

CELESTINO.

Ya sé que el tema erótico está de más en el debate, sin embargo, pienso que tiene toda la razón, incluso si uno apelara a los gustos personales.

HUGO.

Bueno, yo creo que eso ha sido todo, Celestino.

CELESTINO.

Tú lo has dicho.

Yo o de la filosofía

YO.

Habíamos acordado que hoy trataríamos el tema de la filosofía, ¿no es así?

DEMETRIO.

Si, y aquí estoy.

YO.

Bueno, para comenzar quiero aclarar que en esta discusión no hablaremos sobre x o y filósofo, sino que disertaremos sobre la naturaleza misma de la filosofía, sobre su importancia y, en resumen, sobre sus pros y sus contras, ¿estás de acuerdo?

DEMETRIO.

Sí, y quiero opinar que a lo que te refieres es a que hablaremos no del objeto en sí sino del mecanismo, y que esto es como la diferencia que hay entre que un poeta hable sobre el ocaso a que un astrónomo explique dicho fenómeno.

YO.

Elemental.

DEMETRIO.

Y ya que has sido tu el que me ha convidado para esta discusión, y el que la ha comenzado, quiero yo hacer la primera pregunta, y es la siguiente: ¿qué es la filosofía para ti?

YO.

Concibo la filosofía como la búsqueda de la verdad por medio de los argumentos.

DEMETRIO.

Pero me imagino que esta verdad es algo distinto y/o análogo a lo correcto y, por lo tanto, la mentira y el error serían igualmente distintos y/o análogos, ¿no lo crees así?

YO.

Quisiera escuchar tu punto de vista de una manera más detallada, Demetrio.

DEMETRIO.

Bueno, partiendo de tu definición de filosofía como “la búsqueda de la verdad”, he subrayado el término verdad, y lo he subrayado porque me parece que la verdad es algo que es correcto, y que hay cuestiones que son correctas pero que es impreciso denominarlas como verdad, por ejemplo: yo puedo decir que 2+2 es igual a 4, y que dicho resultado nos invita mas al termino correcto que al termino verdad, y es más, creo que hay una confusión en relación con el término correcto y con el término verdad dado que ambos son resultados, y esta confusión se consolida más aún si  los llamamos “resultados positivos”, pues, en relación con sus contrarios, que serían el error y la mentira; supongo que esto se debe a que ambas operaciones, es decir, la filosofía y las matemáticas, pues, son cuestiones de las cuales se obtiene un resultado positivo o negativo, o cierto o falso, según sea el caso, a diferencia del arte, cuyo resultado es forzoso llamarlo error o mentira.

YO.

Tu ya has dado una luz sobre este punto, y es que se pueden tratar los temas de distintas formas, como cuando dijiste que era distinto que un poeta hable sobre el ocaso a que lo haga un astrónomo; además, opino que la confusión de la que hablas se debe a que los términos que estamos tratando son sinónimos, y que no siempre los sinónimos son tan equivalentes y que además se puede caer en un prejuicio basado en el hábito, porque en realidad no es incorrecto decir “es verdad que 2+2 es igual a 4”, en relación con la otra opción que sería “es correcto que 2+2 es igual a 4”. Ahora bien, el prejuicio del que acabo de hablar trata sobre aquellas situaciones a las cuales asociamos el término mentira o el término verdad, por ejemplo: si yo te digo “mi esposa me ha dicho una mentira”, esto es mas común que decir “mi esposa me ha dicho algo incorrecto”, y aunque en teoría ambas opciones son iguales, es por el hábito que la primera suena más elocuente.

DEMETRIO.

Pero no puedes negar que el término mentira nos redirecciona es a una verdad ocultada adrede y no a un error, cosa que no pasa con el término error, el cual nos redirecciona es a un resultado entorpecido.

YO.

Tienes razón, Demetrio.

DEMETRIO.

¿Qué me puedes decir de los temas que trata la filosofía?

YO.

Me imagino que tu pregunta es producto de la idea de que los temas influyen a la hora de determinar si algo es correcto o verdadero, más sin embargo, ya hemos aclarado que cualquier tema se puede abordar desde varios puntos de vista, como en el ejemplo del poeta que habla del ocaso; no obstante, y habiendo recalcado este apunto, quiero decir que la filosofía puede abordar todo tipo de temas, ya que el carácter de los filósofos tienda más a ciertos temas, como los temas políticos o existencialistas, es distinto.

DEMETRIO.

Yo opino que aquello que las personas denominan como “ideología” no es otra cosa que una filosofía que no se ha desarrollado en un tratado.

YO.

Por eso digo que la filosofía se puede aplicar a todo tipo de temas, incluso en algo no tan trascendental como una “ideología”.

DEMETRIO.

Esto me hace recordar la idea de que todos somos filósofos por naturaleza.

YO.

Me imagino que dicho esto podemos afirmar que el inicio de la filosofía en el hombre es una cuestión connatural, tal como lo son los sentimientos y las emociones.

DEMETRIO.

Yo agregaría el arte, pues, me parece que el arte ha sido una necesidad del hombre desde la prehistoria.

YO.

Concuerdo en ello, y además creo que el resto de la cuestión connatural en el hombre es que existan quienes dediquen por entero su vida a dichos oficios.

DEMETRIO.

Muy simple, Yo. Pero ahora te pregunto, ¿la filosofía es la verdad?

YO.

Como ya lo he dicho, es la búsqueda de la verdad.

DEMETRIO.

Pero creo que tu respuesta suena muy vaga, no es algo como decir que 2+2 es igual a 4.

YO.

Tienes razón, y en relación con la filosofía puedo decir que esta es igual que las matemáticas, pero a escala, porque el fin de la filosofía es igual a una operación matemática, mas sin embargo, nadie se desorienta en la vida por una operación matemática, en cambio la gente filosofa connaturalmente sobre los temas que suele abordar la filosofía, y que depurar las respuestas que surjan en el proceso y el tener el porte y la gracia para expresarlo, pues, es el arte de nuestra materia. Y hablando de oficios análogos al nuestro, quiero hacer otra comparación con el arte de la pintura, pues, habiendo dicho que la filosofía es connatural al hombre, la filosofía resulta como la pintura, o sea, desde muy temprana edad todos pueden hacerse un bosquejo de la realidad que les es mas inmediata o necesaria, o de aquella realidad que mas les interesa, no obstante, estas realidades se pueden depurar tanto como se depura una pintura, e incluso puede darse el caso de que el principio de las conjeturas sea muy similar al resultado final.

DEMETRIO.

El caso de la pintura me parece idóneo, y creo que lo que intentas expresar es, por ejemplo, que si un niño dibuja un perro, este perro es un perro igual que el perro que podría dibujar un pintor consumado, no obstante, es la maestría y detalle con que lo pinta lo que diferencia la pintura del niño con la pintura del pintor consumado.

YO.

Muy simple.

DEMETRIO.

Pero dime, Demetrio, ¿no nos ha llevado nuestra discusión a admirar el talento de estos oficios?

YO.

Ciertamente.

DEMETRIO.

¿Y no es conveniente desde cierto punto de vista esto para aquellos hombres?

YO.

Seguramente, Demetrio. Por otro lado, quiero expresar que esa parte de tu comentario que dice “desde cierto punto de vista”, se refiere es a que en realidad no le estamos prestando ningún servicio a estos oficios ni mucho menos a estos hombres; no obstante, desde un punto de vista global, se puede decir que a muchos sino a todos, pues, les conviene que la gente se detenga a apreciar su oficio con minuciosidad.

DEMETRIO.

Aunque bien podrían admirarlo con escrúpulo y minuciosidad y de una manera despectiva.

YO.

He aquí donde nuestro oficio entra con sus gigantes apreciaciones metafísicas, o sea, es de esperarse que, si se analiza un oficio, pues, este oficio pueda criticarse de una manera positiva o negativa, no obstante, también se podría dar el caso que las personas solo vean cosas positivas en un oficio, o bien, que solo vean cosas negativas, pues, a fuerza de capricho y soberbia y no de reflexión. Además, que habría que diferenciar entre el oficio y el individuo, porque habría que recalcar si es que se critica el oficio en sí o si es que se critica a un individuo en sí, ¿o es lo mismo el arte que el artista?

DEMETRIO.

De ninguna manera.

YO.

¿Es lo mismo el ciudadano que el estado?

DEMETRIO.

El ciudadano es una parte del estado más no es el estado.

YO.

¿Es lo mismo el filósofo y la filosofía?

DEMETRIO.

Que estén relacionados no quiere decir que sean la misma cosa.

YO.

Ahora bien, habiendo dictaminado que el objetivo de la filosofía es la verdad, quiero saber si piensas si la verdad depende solo de sí misma o si depende de algo ajeno a ella para ser más exacta o inexacta.

DEMETRIO.

Explícate.

YO.

Por ejemplo, ¿una verdad cualquiera puede ser menos cierta si alguien la expresa con timidez?

DEMETRIO.

No, siempre y cuando se tenga la certidumbre de que esta verdad es en realidad cierta, aunque por instinto uno pensaría que quien habla tímidamente no esta seguro de lo que dice y que esto se debe es a un porcentaje elevado de probabilidades de estar en un error o que en su defecto se trata de una mentira premeditada, por ende, es entendible que una persona suponga que si otra persona habla con seguridad es muy seguramente porque tiene la razón. Pero retomemos nuestro ejemplo básico de matemáticas y meditemos sobre si el resultado de la operación 2+2 puede variar de acuerdo a la forma en que expresemos dicha operación, ora que sea con solemnidad o con vergüenza.

YO.

Deduzco que el resultado de la operación no cambiara, aunque la expresemos de forma solemne o avergonzada. No obstante, y como se expresó anteriormente, el caso de las matemáticas parece ser una cuestión a escala en relación con los temas que suele abarcar la filosofía, sin ánimo de desmeritar dicho oficio, porque no me parece tan evidente que estos escrutinios se tengan en cuenta a la hora de meditar sobre la congruencia de un discurso político, por ejemplo.

DEMETRIO.

Quiero opinar que es muy consecuente deducir que el talento del político radique es en su capacidad para gobernar y no en su raciocinio ni en su oratoria, no obstante, tu apreciación acerca de los discursos políticos en relación con las matemáticas me parece en suma interesante.

YO.

¿No crees que esto es como decir que un político puede desempeñar bien su cargo a pesar de su ineptitud?

DEMETRIO.

En primer lugar, hay que señalar que el político puede ser político sin ser filósofo como el filósofo puede ser filósofo sin ser político, y en segundo lugar hay que señalar que el asunto de la política recae no solo en los gobernantes sino también en el pueblo. Dicho esto, podemos figurarnos que el pueblo puede ser inepto en relación con la filosofía y aún así ser un buen pueblo, del mismo modo que el político puede ser un buen político aunque sea inepto en relación con la filosofía, pero esto es como decir que un reloj puede carecer de minutero y solo subsistir a base de su segundero y horario.

YO.

¿Entonces cual es el mérito del político?

DEMETRIO.

Yo diría que el pueblo es al político lo que el caos es al filósofo, por ejemplo, cuando hablamos de un mar, pues, nosotros no somos ese mar y, análogamente, el político maneja los asuntos del pueblo pero no es el pueblo mismo, no obstante, el caos no es una genialidad por ser caos y el filósofo no es este caos, pero el filósofo si es genio en tanto que resuelva de la mejor manera este caos, asimismo, el político no es el pueblo, y su talento es el supremo arte de desarrollar al pueblo como el filósofo desarrolla el caos, y este desarrollo no es otra cosa que el éxito.

YO.

¿Qué me puedes decir acerca de que el filósofo desarrolla este caos solamente en su mente mas no en la realidad?

DEMETRIO.

Es una objeción comprensible, pero la incapacidad del filósofo de poner en practica sus razonamientos es algo que no depende enteramente de él.

YO.

¿Qué cosas dependen enteramente de nosotros?

DEMETRIO.

Bueno, en relación con los filósofos, depende enteramente de nosotros el llevar a buen término nuestros razonamientos sin infringir las leyes de la lógica, tal como depende enteramente de nosotros nuestro aseo personal y el cuidar de nuestra salud, pero en relación con esta última opción puedo objetar que sí podemos prevenir lesiones o enfermedades mediante la buena alimentación o tomando ciertas medidas de seguridad, pero esto no nos exime de sufrir algún tipo de accidente o contraer algún tipo de enfermedad. Otro ejemplo que resulta mas ilustrativo es el de aquellas personas que se dedican a pronosticar desastres naturales, pues, su oficio radica es en la predicción de un desastre natural determinado, y el talento de estas personas radica es en la precisión con la que predicen estos siniestros, este oficio es necesario para tomar medidas preventivas con el fin de evitar, en lo posible, la perdida de vidas humanas y daños materiales, pero en ningún momento depende de quien predice el fenómeno natural el poder evitar su aparición o el poder contenerlo. No obstante, el filósofo, no siendo el caos mismo y no pudiendo controlarlo, sí sugiere métodos para transustanciarlo en orden y en armonía.

YO.

Quiero retomar el tema de la expresión.

DEMETRIO.

Te escucho.

YO.

Íbamos en que la verdad sigue siendo verdad si se expresa con vergüenza o con solemnidad, ¿no es cierto?

DEMETRIO.

Sí.

YO.

Ahora te pregunto, ¿qué opinas de los casos en que una mentira se plasma en la sociedad y perdura en la historia?

DEMETRIO.

Opino que sigue siendo mentira, aunque las personas puedan objetar que se trata de un malentendido o de una metáfora o de un prejuicio. Pero dame algún ejemplo que te parezca idóneo para el caso, para debatirlo.

YO.

El caso del universo me parece interesante, pues, en relación con su antigüedad, con su tamaño, con las cosas que en él existen o con la materia que lo constituye.

DEMETRIO.

Me parece que es un estudio que como mucho otros, ha tenido una diversidad de opiniones considerable y que con el tiempo estas opiniones han ganado detalle o corrección, como sucede en otros oficios, como el de la medicina. Sin embargo, me parece que este caso tiende más es al error que a la mentira, y sino me equivoco en este tipo de materias existe el término teoría, el cual hace referencia es a una suposición y no a una verdad.

YO.

Sí, entiendo.

DEMETRIO.

En relación con el término suposición quiero decir que lo que hace que estas suposiciones no sean errores es el término afirmación, porque solo las afirmaciones pueden ser errores o aciertos. Y este caso es como el caso de la omisión, que es como pensar en cometer un crimen pero no cometerlo.

YO.

Bueno, otra pregunta, ¿qué hacer en un caso en que una verdad no nos convenga?

DEMETRIO.

Buscar una solución para superar aquello que no nos conviene. Además, quiero ahondar en tu pregunta y agregar que lo que quieres decir es que la filosofía se puede volver contra nosotros, ¿no es cierto?

YO.

Sí, y bueno, ¿qué pasaría si no encontramos una solución para superar aquello que no nos conviene?

DEMETRIO.

Si no encontramos una solución para algo que no nos conviene, pues, consecuentemente nos perturbaremos, por lo que lo mas sensato sería dejar de pensar en aquellas cosas que no podemos cambiar bajo ninguna circunstancia; como el caso de las personas que se dedican a predecir los desastres naturales, pues, lo único que está en su poder es el poder predecirlos, y si la persona que hace dichas predicciones se perturba por no poder contrarrestar por sí sola aquellos fenómenos, muy seguramente sufrirá en vano.

YO.

¿No crees que el hombre pueda encontrar alguna forma de controlar los fenómenos naturales?

DEMETRIO.

Posiblemente, pero no es ese el quid del asunto.

YO.

Tengo otras preguntas en mente que me parecen simples pero necesarias. Una de estas preguntas es: si hubiera una guerra y cada bando tuviera una idea por la cual luchar dicha guerra, ¿quién tendría la razón sino el bando ganador?

DEMETRIO.

Pienso que tu pregunta malogra este caso, porque el caso que nos incumbe no es quien gane la guerra, sino que la idea en cuestión sea correcta, y bien podría tener la razón el bando ganador como el bando perdedor, como también podría darse el caso de que ninguno de los dos bandos tuviera razón. Por otro lado, opino que desde el punto de vista de quien guerrea debe ser mas importante ganar la guerra que tener un argumento, puesto que el talento del guerrero no es otro que ganar guerras.

YO.

Aunque eso de que el talento del guerrero no es otro que ganar guerras no me parece que sea tan congruente, pues, como ya habíamos expresado, la filosofía es connatural al hombre, y lo es justamente por necesidad, del mismo modo que tenemos ojos para ver, ¿no lo crees así?

DEMETRIO.

Si, pero quiero agregar que sí es congruente la idea de que el guerrero solo debe centrarse en ganar su guerra, lo que sucede es que dicha idea solo posee la mitad de la verdad, y opino que la otra mitad de la verdad deben ser los motivos por los cuales va a esa guerra, los cuales deben ser congruentes como todas las demás cosas en la vida. Por otro lado, opino que en nuestro debate existen en negativo algunos prejuicios, por ejemplo, que el guerrero no puede filosofar, y esto es como decir que el filósofo no pueda guerrear.

YO.

O como que el hombre de carácter no pueda ser cobarde o que el cobarde no pueda mostrar coraje.

DEMETRIO.

Tú lo has dicho.

YO.

Basado en este último punto se me antoja la siguiente pregunta: ¿qué sería de nosotros sin la filosofía?

DEMETRIO.

Me imagino que tu pregunta se debe a que tú deduces que desde algún punto de vista menos reflexivo es coherente pensar que el guerrero no puede filosofar o que el filósofo no puede guerrear, y que esto reduce nuestra comprensión de la realidad, ¿no es así?

YO.

Exacto, y que esta reducción de la comprensión de la realidad no es otra cosa que subdesarrollo.

DEMETRIO.

Entonces podemos afirmar que la filosofía contribuye al desarrollo intelectual del hombre, y que este desarrollo intelectual influirá decisivamente en el desarrollo de la sociedad, por lo tanto, podemos concluir que el resultado de una sociedad que es ajena a la filosofía es inevitablemente el subdesarrollo. Sin embargo, y retomando los términos que analizamos al principio de nuestro debate, quiero objetar que la sociedad también puede verse desarrollada a base del método, el cual es análogo a la filosofía, y que nos recuerda nuestro ejemplo de las matemáticas, no obstante, tampoco se puede negar que la filosofía tiene un mecanismo metódico, el cual es la lógica, y que los números de las matemáticas no son sino una versión arcaica de los temas que suele abordar la filosofía.

YO.

¿Y solo es necesaria la filosofía para desarrollar la sociedad?

DEMETRIO.

A ver, digamos que vivo en una época prehistórica, y tengo una necesidad de tener una vivienda donde pasar las noches, ahora bien, ¿por qué me es necesario tener esa vivienda?

YO.

Seguramente porque has sentido el dolor que causa la inclemencia del clima, y has razonado en favor de excluir ese dolor de tu vida, es decir, que entre sentir dolor y no sentir dolor es mas razonable no sentir dolor, y la forma de dejar de sentir ese dolor consiste en evadir la inclemencia del clima por medio de la vivienda.

DEMETRIO.

Muy bien, Yo. Ahora bien, ¿no crees que esa vivienda se construye con un método y no con filosofía?

YO.

La vivienda se construye con un método, el cual conocemos por el nombre de arquitectura.

DEMETRIO.

¿Y el motivo por el cual yo construiría dicha vivienda no es por la gracia de los razonamientos que he tenido luego de querer excluir el dolor que me proporciona la inclemencia del clima?

YO.

Es por la gracia de los razonamientos que has tenido luego de querer excluir el dolor que te proporciona la inclemencia del clima.

DEMETRIO.

Y si alguien entrara en mi vivienda sin mi autorización, ¿cuál crees que sería mi reacción?

YO.

En primer lugar, supongo que habría una reacción de preservación ante la sospecha de un ataque y, en segundo lugar, supongo que podría haber una sensación de injusticia en relación con el esfuerzo que te exigió la construcción de dicha vivienda. Pero el asunto aquí es muy simple, y es que de las reacciones de esta situación es necesario hacer un análisis filosófico, sobre las cuestiones morales que implica el defenderse ante una amenaza o el aclarar si es justo el compartir una vivienda, pues, teniendo en cuenta los esfuerzos que tener una vivienda implican.

DEMETRIO.

Entiendo, y es que el asunto de que la filosofía hace parte del desarrollo de la sociedad se puede ver claramente en este ejemplo, en el cual yo he construido una vivienda con un método que conocemos como arquitectura, pero la he construido después de una reflexión filosófica. Del mismo modo, luego expusimos el caso de que alguien entra sin mi autorización en mi vivienda, y si tenemos en cuenta el contexto del ejemplo, el cual tiene lugar en la prehistoria, podemos imaginarnos que el personaje que entra en mi vivienda sin mi autorización no tiene una vivienda propia, y muy seguramente este buscando un lugar para protegerse de la inclemencia del clima, de lo que se deduce que este acto es el resultado de haber razonado acerca de lo indeseable que puede ser el dolor y de lo estimable que puede ser el confort, por lo que podemos concluir que ambos tuvimos la necesidad de evitar las inclemencias del clima, pero solo yo encontré la solución para este inconveniente. Además, y como ya lo hiciste notar, luego de percatarme de la presencia de este individuo en mi vivienda, pues, podría darse el caso de que me tuviera que defender ante una amenaza, y que esta situación merece un análisis filosófico sobre la posible mortalidad que esto pueda ocasionar, además que aunque la razón pueda validar muchos actos como legítimos, la justicia del estado puede entrar a hablar a favor de la moral, tanto en mi defensa como en defensa del intruso, por lo que ya tenemos no solo la creación de la vivienda sino también la creación de la justicia del estado. Por otro lado, también esta ese otro punto que señalaste que versa sobre el compartir una vivienda con otra persona, pues, por caridad, a lo que puedo responder que la solución a este punto es que la caridad tiene una mitad de coherencia y una mitad de moralidad, por lo que este tipo de acciones son juzgadas neutralmente tanto por la justicia del estado como por la filosofía.

YO.

¿Quién juzga neutralmente la caridad?, ¿la filosofía en general, algún filósofo en particular o tu?

DEMETRIO.

Lo confieso, soy yo quien la juzga de una manera neutral. Pues, pienso que cada quien es libre de practicar la caridad tanto como también es libre de no practicarla, y pienso que esto está de acuerdo tanto con la justicia del estado como con la filosofía, es decir, pienso que la justicia del estado no me puede obligar a hacer obras de caridad, aunque tampoco me lo puede impedir, y es porque el hacer obras de caridad no hace parte de mis deberes constitucionales, y el impedirme hacer obras de caridad vulnera mi derecho a la libertad. Análogamente, opino que desde el punto de vista filosófico es consecuente que una persona actúe de un modo prosistema, como quien asea su habitación, y es mucho más consecuente si se tiene en cuenta que esta persona puede obtener algún tipo de retribución moral, no obstante, también se puede objetar al respecto que el hacer obras de caridad no es una práctica justa desde el momento que no es recíproca, además, que es justo que alguien carezca de aquello que no ha ganado y es justo que una persona se niegue a compartir sus frutos con alguien que no los merece. Y pues, de lo dicho anteriormente vuelvo a concluir que ambas posturas quedan igualmente justificadas.

YO.

Me parece interesante esa parte de tu argumentación que dice: “también se puede objetar al respecto que el hacer obras de caridad no es una práctica justa desde el momento que no es recíproca”. Y opino que tienes la razón, aún teniendo en cuenta que el hecho de no hacer obras de caridad puede llegar a parecer mezquino, pero observemos como por ejemplo la reciprocidad se presenta en un acto tan moral como el amor o en una práctica tan lucrativa como el comercio.

DEMETRIO.

Sin palabras.

YO.

Ahora que estamos hablando de la justicia del estado, pues, quiero aprovechar para hacerte la siguiente interrogante: ¿qué sucedería en el caso de que la justicia del estado comenzara a violar sus propias normas?, es decir, que esta justicia se tornase perversa.

DEMETRIO.

Esta pregunta se me antoja muy simple pero necesaria, y esto se debe a que este caso se ha tornado mórbido en un sinnúmero de ocasiones, y del cual ha surgido la frase “abuso de autoridad”. Pero quiero que recuerdes el caso del guerrero y el filósofo, en el que decíamos que es consecuente concluir que el guerrero puede filosofar del mismo modo que el filósofo puede guerrear; asimismo, el hecho de que la justicia del estado imparta justicia para el pueblo no quiere decir que no pueda impartir injusticia para el mismo.

YO.

Esto es como decir que si el pueblo obedece las leyes del estado, pues, no las pueda desobedecer.

DEMETRIO.

En efecto, Yo.

YO.

Demetrio, te tengo otra pregunta capciosa, y es la siguiente: ¿no es posible que quien se comporta de una manera lógica lo hace con la intención de que los demás se comporten de la misma manera con su persona?

DEMETRIO.

Sí, y esto es como decir que si lanzo una manzana al aire, pues, sea sospechoso que espere que esta manzana caiga, y es que la única forma de que la manzana no caiga sería que no hubiera fuerza de gravedad, como en el espacio exterior; y del mismo modo que no nos es posible vivir en el espacio exterior, asimismo no podemos convivir sin un porcentaje mínimo de coherencia en cualquier tipo de relación. Además, quiero hacer un paréntesis en mi apreciación, y es que quiero subrayar esa parte de mi argumento en la que dije “asimismo no podemos convivir sin un porcentaje mínimo de coherencia en cualquier tipo de relación”, y es que opino que incluso entre las gentes mas primitivas hay un porcentaje mínimo de coherencia, pues, partiendo de la afirmación que ya hemos hecho en este debate, la cual nos dicta que la filosofía es connatural al hombre, y en contraste, igualmente podemos encontrar entre la gente mas sofisticada un porcentaje mínimo de incoherencia, pues, partiendo de que es el estado perpetuo de estupidez lo que nos ha inscrito la filosofía en nuestro ser como un instinto natural.

YO.

Muy bien, Demetrio. Ahora otra pregunta: ¿cuál crees que es la diferencia entre la lógica y la filosofía?

DEMETRIO.

La diferencia entre la lógica y la filosofía es la misma diferencia que hay entre el sonido y la música.

YO.

¿Qué hacer en el caso de querer refutar una verdad?

DEMETRIO.

Si un razonamiento se puede refutar es porque no es verdad, es decir que las verdades no se pueden refutar.

YO.

¿Y qué me puedes decir de la ambigüedad?

DEMETRIO.

La ambigüedad se puede presentar por una mala expresión de quien expone el razonamiento o por una mala interpretación de quien recibe dicho razonamiento.

YO.

Pero si existe una sola verdad y la ambigüedad es algo similar a un error, ¿cómo es que existen tantos filósofos?

DEMETRIO.

Esto se debe a que las situaciones que se pueden analizar desde un punto de vista filosófico son “infinitas”, además que se puede analizar una misma situación desde distintos ángulos, por ejemplo: habiendo hablado de política, podríamos imaginar que podemos disertar desde el punto de vista del político, o desde el punto de vista del pueblo, o de desde el punto de vista de un historiador, y asimismo se podría disertar sobre la importancia o inutilidad de la política, sobre los distintos movimientos políticos, o de la importancia de la política en relación con otros temas como el arte, la ciencia o la belleza física.

YO.

Excelso, Demetrio.

DEMETRIO.

Ahora yo seré quien formule la siguiente pregunta, ¿cómo puedes identificar los niveles de complejidad de la filosofía?

YO.

Bueno, opino que la retórica y la oratoria suelen ser muestras contundentes de un filósofo consumado, no obstante, opino que estas facultades son una parte del talento del filósofo mas no es el total, por ejemplo: una obra musical no es mejor solo por la dificultad que supone su interpretación, y análogamente, la complejidad retórica no hace que la filosofía sea más elevada, ¿me hago entender?

DEMETRIO.

Sí.

YO.

Demetrio, lo que quiero decir es que es una cuestión abstracta el determinar la complejidad de la filosofía, y que la única forma de expresar el desarrollo intelectual del filósofo, pues, es por medio de la galanura del lenguaje, pero como acabo de decir, esto no es sino una parte del talento del filósofo, mas no es el total.

DEMETRIO.

Yo creería que un buen filósofo es aquel que no comete ningún error de lógica, es decir, que no incurre en falacias.

YO.

Yo agregaría que el caso de no incurrir en falacias es tan vital como el saber formular las preguntas correctas; y esto es como que el médico debe saber tanto diagnosticar como curar.

DEMETRIO.

Concuerdo en ello.

YO.

Y pienso que nuestro debate está llegando a su fin, Demetrio.

DEMETRIO.

En efecto, Yo. Sin embargo, me parece adecuado que expongamos una conclusión sobre nuestro debate.

YO.

Te escucho.

DEMETRIO.

Concluimos que la filosofía es la búsqueda de la verdad por medio de los razonamientos, y que el método por el cual alcanzamos esta verdad no es otro que la lógica, ¿no es así?

YO.

Sí.

DEMETRIO.

Concluimos también que la verdad que busca la filosofía es distinta a las cosas correctas que son producto de un método, como lo son los resultados de las operaciones matemáticas, ¿no es así?

YO.

Por supuesto.

DEMETRIO.

Concluimos que la filosofía es connatural al hombre y, por lo tanto, también es connatural a la sociedad; asimismo, concluimos que la filosofía ha hecho parte del desarrollo de esta sociedad junto con el método y, además, como respuesta a todos los inconvenientes que se pueden presentar a la hora de llevar la filosofía a buen término, se ha instaurado la moral y la justicia del estado.

YO.

No pudo haber sido de otra manera.

DEMETRIO.

Y no siendo más, nuestro debate ha terminado.

Dexter o del pesimismo

DEXTER.

¿Cuál crees que sea la razón por la cual existe el pesimismo?

NICOLÁS.

Supongo que se debe al carácter del pesimista.

DEXTER.

¿Quieres decir que el pesimista es pesimista no por la razón sino por la emoción?

NICOLÁS.

Dexter, dije claramente que lo suponía, no estoy aseverando que esto sea así, pero a lo que me refiero es a que es la emoción del pesimista lo que dirige sus razones.

DEXTER.

Ciertamente que no es creíble que nadie tome algún partido sin razones, así estas razones no sean válidas, y aun teniendo en cuenta que la persona en sí las tome como ciertas, y esto es así incluso en los casos en los que las personas afirman que actúan de una manera ajena a la lógica, y me atrevo a aseverar que ha sido justo la razón la que los inspiró a no dar tantas vueltas a un asunto debido a su escasa capacidad intelectual, por lo que les resulta mucho más práctico tomar decisiones más inmediatas.

NICOLÁS.

Es de suponer que el caso del optimista sea análogo, es decir, que el optimista es optimista en parte por su forma de sentir, aunque tenga sus argumentos para ser optimista.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Pero dime, Dexter, ¿cuál de las dos posturas crees que sea más consecuente?

DEXTER.

En primer lugar, quiero expresar que como muchas otras conclusiones, este caso se basa en las probabilidades, es decir, que tanto el pesimista como el optimista tienen razón en pensar lo que piensan, aunque sea o no cierto que su forma de sentir intervenga directamente en sus pensamientos, por ejemplo: ¿es o no es cierto que si salimos a la calle podemos ser víctimas de un ataque?

NICOLÁS.

Es posible, ese tipo de cosas pasan todos los días.

DEXTER.

¿Y no es posible, en contraste, que al salir de nuestro hogar no nos pase nada malo?

NICOLÁS.

Bueno, hablando de probabilidades pienso que aunque acabo de responder que sí es posible que si salimos a la calle nos puede pasar algo indeseado como un ataque, también es posible que no nos pase nada, y ciertamente son muchos más los casos en los que no nos sucede nada que los caso en los que sí, tanto así que los casos en los que no nos pasa nada son la regla y los casos en los que nos pasa algo perjudicial son la excepción.

DEXTER.

Entonces no hay nada de extraño que las personas se centren en lo negativo puesto que es consecuente pensar en este tipo de cosas para prevenirlas.

NICOLÁS.

Aquí podríamos afirmar que es optimista pensar que todo lo negativo se puede prevenir, cuando es del todo posible que haya casos en los que un suceso desafortunado nos tome por sorpresa, y que esta forma de razonar es la que justifica la postura del pesimista, cuando este diga que no solo lo negativo es posible, sino que también es inevitable.

DEXTER.

Yo opino al respecto que lo más sensato sería concluir que lo negativo hace parte de nuestras vidas y que a veces las cosas negativas se pueden evitar y otras veces no se pueden evitar; lo mismo sucede con lo positivo, o sea, lo positivo hace parte de nuestras vidas y a veces estas cosas se pueden evitar y otras veces no, pero no es muy verosímil que la gente evite cosas positivas, puesto que lo positivo es deseable y no es lógico que alguien rechace algo que desee.

NICOLÁS.

Quiero objetar al respecto que se pueden dar los casos en que una persona rechace algo que desea, como por ejemplo en las relaciones eróticas o sentimentales, pues, a sabiendas de que se rechaza lo que no se desea y que se desea solo lo valioso, se puede dar la ocasión de que alguien rechace a otra persona para restarle valor y así disminuir la sensación de incompatibilidad.

DEXTER.

Pues, Nicolás, creo que ese tipo de artimañas existen, y aunque no se puedan corroborar a ciencia cierta se vuelven muy evidentes en la charla, este tipo de apuntes se me antojan como los hechos que se pueden corroborar como hechos pero de los cuales no tenemos una explicación, y que en tiempos remotos fueron la razón de ser de los mitos, pues, que con el paso del tiempo alcanzaron la explicación teórica, no obstante, es de suponer que este tipo de indiscreciones no sean dignas de un estudio científico.

NICOLÁS.

Quiero agregar al respecto que este tipo de estratagemas tienen su veneno en que, si se vuelve muy evidente que se rechaza con el fin de evadir impuestos, es igualmente verosímil que se rechaza por falta de interés, por desagrado y por incompatibilidad. Además, quiero opinar acerca de tu apreciación sobre el estudio científico, o sea, opino que ese comentario desmerita nuestras apreciaciones, y es que el talento del filósofo no radica en la magnanimidad de sus temas sino en su escrutinio y discernimiento, es como pensar que quien analiza los virus tiene un talento microscópico y quien analiza el universo tiene un talento macroscópico.

DEXTER.

Soy de tu dictamen, Nicolás. Además, quiero agregar que hay otro efecto o ilusión en este caso del estudio científico, y es que se puede pensar que el talento que se enfoca en lo importante es mas grande que el talento que se enfoca en lo que no es importante, aunque sea un poco desabrido dedicar esfuerzos a algo sin importancia, y ciertamente es falaz hacer ese tipo de asociaciones, como por ejemplo, curar una enfermedad es algo importante y en cierta medida es algo de interés colectivo, pero esto no quiere decir que quien cura una enfermedad tenga un talento mas vasto que un pintor.

NICOLÁS.

Retomando el hilo de la conversación, te vuelvo a preguntar, ¿quién puede tener objetivamente la razón entre el pesimista y el optimista?, ¿o qué bando te parece más consecuente?

DEXTER.

Creo que ambos tienen sus razones, y es que muchas cosas en la vida pueden ser macabras y desesperanzadoras tal como también pueden ser elocuentes y gratificantes, no obstante, ahondemos un poco en este tipo de tendencias: ¿qué opinas si te digo que el hedonismo puede no satisfacer a una persona?

NICOLÁS.

Bueno, en primer lugar, me imagino que tu pregunta va es por el lado del pesimismo; pues, opino que es posible dicho caso, y que es aquí donde la gente suele diferenciar entre el placer y la felicidad, por lo que el hedonismo puede catalogarse mas como vicio que como felicidad, dado que este vicio subyuga a la persona en vez de liberarla, y en otras palabras, la idea de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona se  vuelve totalmente creíble por parte de la persona pesimista.

DEXTER.

Imaginando que soy yo dicha persona pesimista y figurándome que quiero sustentar mi punto de vista acerca de que el hedonismo puede no satisfacer a una persona, pues, quiero argumentar que se podría decir que dichos casos dependen en gran medida del carácter de cada quien, es decir, que se podría dar el caso en el que el hedonismo sea el estado natural y más sano de los seres humanos como también darse el caso en el que el hedonismo no sea mas que un martirio del cual se descansa en cuanto nos es posible, pero a esto se puede objetar, pues, a favor del pesimismo, que el hedonismo busca el placer, y que este enunciado nos afirma que este placer se busca desde el no placer, es como decir que el conocimiento se busca desde la ignorancia, por lo que se puede afirmar que el principio del hedonismo es la insatisfacción y/o el no placer, y que esta insatisfacción es el estado natural y la regla, en contraste, el placer que promete el hedonismo es el estado alterado y la excepción, además, también se puede decir que la búsqueda del placer puede tener objetos que no siempre son asequibles, por lo que es considerado con uno mismo formarse una doctrina que nos glorifique la vida abstinente, no sin dejar de lado la certidumbre de que existe la falta de deseo y la apatía, y aunque se podría afirmar que esta falta de deseo es el mismo glorificar la abstinencia que acabo de mencionar, también se puede afirmar sin lugar a dudas que no todas las personas tienen los mismos gustos ni los mismos vicios, y podemos corroborar esto con las preferencias gastronómicas, pues, si es que se piensa que el no exhibir un vicio determinado es solo el producto de la más simple mojigatería. Visto así el asunto podemos figurarnos que no es solo sentimiento sino razón lo que forja el pesimismo.

NICOLÁS.

Ya que has disertado acerca del hedonismo desde un punto de vista pesimista, quiero yo opinar sobre el mismo tema, pero visto desde el punto de vista optimista, y no para altercar en balde, sino para ampliar las miras de nuestra discusión. Pues bien, creo yo que tu comentario acerca de que el hedonismo tiene como principio la insatisfacción tiene cierta connotación negativa, me explico, es muy simple el entender que el deseo no es otra cosa que una necesidad, y que hay distintos tipos de necesidades, y que el abandonar mucho tiempo una necesidad puede devenir en sufrimiento, por ejemplo, tomar agua es una necesidad básica de los seres vivos, y si estos no toman agua por mucho tiempo, pues, es de esperarse que esto los perturbe física y psicológicamente, pero esto no quiere decir que el deseo sea exactamente un sufrimiento, puesto que nadie sufre por no tomar agua. Por otro lado, pienso que siempre que se habla del tema del placer se hace una diferenciación entre el término placer y el término felicidad, pues, pienso yo que el placer no es otra cosa que otro tipo de felicidad, me explico: así como no es igual el amor que una persona siente por su profesión que el amor que una persona siente por su cónyugue, tampoco es igual el placer sexual que el placer que proporcionan los estupefacientes, y aunque la gente asocia el placer mas con lo efímero y superfluo y el amor más con lo trascendente y duradero, opino que en esencia son de la misma naturaleza, solo que socialmente el uno se puede llegar a considerar nocivo y vulgar y el otro social y preferible, y que si se quiere, esto es tan verosímil que incluso se pueden trocar los términos sin que se pierda el significado de lo que se dice, por ejemplo, podemos decir que una persona ama los estupefacientes tanto como podemos decir que es adicta a estos, del mismo modo podemos decir que una persona ama a otra persona como podemos decir que es adicta a dicha persona, no obstante, lo que levanta sospechas en estos casos es la cuestión moral, es decir, que entre amar a una persona y amar los estupefacientes se entiende que lo primero es moral y lo segundo inmoral, pero esto es como decir que un color cuya tonalidad es oscura no es color porque hay colores cuya  tonalidad es clara, pues, en efecto ambos son colores a pesar de las diferencias que se presentan entre ellos, y que incluso podríamos asociar los colores de tonalidad oscura con las cosas negativas y los colores cuya tonalidad es clara con las cosas positivas, sin embargo, aunque hiciéramos estas asociaciones y estas fueran ciertas o no, o solo fueran impresiones y prejuicios basados en todos los motivos que se te ocurran, pues, aún así, ambos colores seguirían siendo colores; lo que quiero decir, Dexter, es que el amor y el placer son de la misma naturaleza, aunque el uno se asocie a cierto tipo de cosas que socialmente se consideran positivas y que el segundo se asocie eventualmente con cosas que pueden resultar tóxicas, no obstante, el amor no es mas que una preferencia, tanto como lo es el placer, ya que esta preferencia sea moral o inmoral o que esta preferencia sea crónica o aguda es distinto. De lo dicho anteriormente quiero resumir que es la necesidad lo que impulsa a desear y no el sufrimiento, y que dependiendo de la importancia de esta necesidad, pues, en el caso de que no se satisficiera, podría esta devenir en sufrimiento, que es distinto a afirmar que es el sufrimiento el estado primero del deseo, además de que lo que motiva al deseo es la complacencia y/o la felicidad que se espera obtener con lo que sea que se desee y no el mero hecho de dejar de sufrir, como tu lo explicas, porque es muy creíble que en medio de la hambruna nos asalte el antojo y no solamente la idea de la preservación de la propia vida, y que incluso en este caso prevalece la idea del placer por encima de la idea de evitar el dolor, y esto último en segunda instancia también se puede considerar hedonista, es decir, evitar el dolor que podría producir la hambruna.

DEXTER.

Creo que lo que señalaste de mi apreciación fue una leve exageración de mi parte, pero creo que tomando el asunto del optimismo en contraste con el pesimismo, pues, desde una perspectiva filosófica, se vuelva muy evidente que ambos partidos exageran sus enunciados, posiblemente por la intensidad de sus pasiones, porque se me hace difícil catalogar tus apreciaciones como optimistas, pues, generalizando y tomando el significado del término optimista de la manera mas común en la que se presenta en la sociedad.

NICOLÁS.

¿Sabes que pienso?

DEXTER.

Dímelo, Nicolás.

NICOLÁS.

Pienso que ambos puntos de vista podrían expresarse de otra manera y en otro contexto, y muy seguramente así podríamos apreciar el carácter que nos figuramos que le corresponde a cada postura.

DEXTER.

Seguramente.

NICOLÁS.

Por otro lado, pienso que nadie siente con furor a la ligera ni cree ciegamente en nada por cualquier motivo, o sea, que no es el mero sentimentalismo lo que mueve ya sea al pesimista o al optimista, sino que es por sentido común que estas posturas existen, ya que en algún momento tanto el uno como el otro no tengan las facultades de defender sus puntos de vista en un debate filosófico es distinto, y que alguno de estos dos partidos no tenga las facultades para defender sus inclinaciones no nos asegura que estas inclinaciones sean incorrectas, nos hablan es en cambio de la ausencia de aptitudes filosóficas de quien se toma por optimista o por pesimista.

DEXTER.

Nicolás, estas afirmando que alguien puede tener la razón sin que tenga que explicarlo o comprobarlo.

NICOLÁS.

Si, eso estoy diciendo.

DEXTER.

Pienso que tu afirmación da una ventaja a quien no debería tenerla, pues la ventaja la debe tener quien tiene la razón y la desventaja quien no tiene la razón, aunque pienso que realmente es cierto, no porque alguien no posea las facultades para explicar lo que piensa quiere decir que este en un error, y me figuro que en estos casos los debates se truncan, puesto que aunque hay dos personas solo una de las dos se encuentra activa, pues, en el caso de que la otra persona este activa, porque si se diera el caso en el que en un debate ninguna de las partes tuviera aptitudes filosóficas, pues, el debate no llegaría a ningún lado y simplemente no se podría denominar como debate. Este caso me recuerda a cierta practica de la ley del estado, la cual dictamina que un acusado de delito se considera inocente mientras no se compruebe su culpabilidad, y en relación con el caso que estamos tratando, pues, podría yo afirmar que quien no sabe explicar o comprobar lo que asevera, no tiene la razón sino hasta que lo compruebe, no obstante, también se podría decir que alguien que afirma algo y no lo explica o lo comprueba podría tener la razón hasta que otra persona compruebe lo contrario, pero este tipo de situaciones nos recuerdan la faceta arlequinesca de los hombres, y es que si esto fuera así, cualquier persona podría afirmar todo tipo de ocurrencias y simplemente no dar el mas mínimo motivo y solo resignarse a que otra persona desenrede sus caprichos; por ejemplo, un caso histórico es el de la religión, en la cual afirmaron la existencia de unos entes sobrenaturales y, que no pudiendo los ateos comprobar la inexistencia de dichos entes, se dio por cierta su existencia, cuando en realidad lo más sensato era que los religiosos comprobaran la existencia de sus deidades.

NICOLÁS.

Pienso que tienes razón en lo que dices, Dexter.

DEXTER.

En síntesis, se puede concluir al respecto que el hecho de que una persona no sepa expresar sus puntos de vista, pues, no es prueba de que dichos puntos de vista sean incorrectos, pero que esto tampoco es un argumento para afirmar que sean todo lo contrario, porque lo más sensato sería pensar que si alguien no es capaz de explicar lo que piensa es muy seguramente porque no sabe de lo que habla, y por consiguiente esté en un error. Sin embargo, en el caso del individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, queda también el lado de comprobar lo que dice, porque también se puede dar el caso de que se compruebe que algo es cierto sin necesidad de argumentación, pero si alguien no puede explicar lo que afirma y tampoco lo puede comprobar, muy seguramente esta persona este en un error, y es más, en el caso de que el individuo que no se sabe expresar o que no se quiere expresar con palabras, pues, presentara pruebas para sustentar lo que dice, esto no sería un argumento para afirmar que tiene la razón, porque las pruebas se presentan para corroborar que algo es cierto, pero el solo hecho de presentar pruebas no quiere decir que estas pruebas sean válidas. Lo correcto sería que, si alguien afirma algo, esta persona lo explique y lo compruebe, no que alguien afirme algo y sin explicar ni comprobar nada espere a que otra persona lo tome por cierto, por lo que la idea de ser condescendiente a favor de la persona que afirma algo pero no lo sabe explicar queda si no rebatida, debilitada.

NICOLÁS.

En fin, no nos perdamos en digresiones y sigamos ilustrando nuestro tema principal. Dexter, ¿No es cierto que uno de los motivos por los cuales estamos vivos es el miedo a la muerte?

DEXTER.

Ciertamente, aunque me parece que volvemos al punto de la expresión, observa como en tu pregunta se aclara que el miedo a la muerte es uno de los motivos mas no es el único, y si apelamos a la imagen estereotipada del individuo pesimista podríamos figurarnos que este nos afirmaría que el miedo a la muerte es el único motivo.

NICOLÁS.

Elemental.

DEXTER.

En este punto de la charla se me antoja aclarar que la neutralidad no es la salida al aparente extremismo de las posturas que estamos tratando, y que este efecto de extremismo no es otra cosa que falta de objetividad en el raciocinio.

NICOLÁS.

¿Y cuál sería entonces un punto de vista optimista de acuerdo a la pregunta que estamos tratando?

DEXTER.

Bueno, sin ánimo de caricaturizar las posturas que estamos tratando, yo diría que si estamos vivos es justo para vivir, del mismo modo que tenemos pies para caminar, y que esto hace parte de la elocuencia de la naturaleza, y que la muerte también hace parte de esta elocuencia, pues, imaginando que esta naturaleza tenga en su entendimiento el sufrimiento que eventualmente se presenta en la vida, y que la muerte puede significar un descanso natural al fluir de la felicidad y los infortunios. Y es que la idea de que es solo el miedo a morir lo que nos mantiene con vida es una afirmación de que eventualmente algunas personas desean morir, y de aquí se puede concluir que la muerte es tan natural a la vida como el vivir la vida misma.

NICOLÁS.

No podría ser de otra manera.

DEXTER.

Analicemos un caso más práctico, ¿qué me dirías si yo te digo que todas las personas mienten?

NICOLÁS.

Te diría que es cierto.

DEXTER.

¿Es decir que las personas nunca dicen la verdad?

NICOLÁS.

Que todas las personas mientan no quiere decir que nunca digan la verdad y, es más, lo más cuerdo es pensar que todas las personas mienten y que todas las personas dicen la verdad, es decir, que a veces mienten y a veces dicen la verdad.

DEXTER.

¿Y por qué crees que mienten?

NICOLÁS.

Me imagino que las personas mienten por los mas diversos motivos, como por ejemplo por conveniencia, por discreción o por hipocresía, y en el caso de que digan la verdad me imagino que es por sentido común, es decir, todo depende del contexto, como por ejemplo que yo te pregunte si tienes hambre para invitarte a comer a mi casa, pues, podría darse el caso de que te de pena aceptar la invitación y mientas y digas que no tienes hambre, o que simplemente no tengas hambre y digas que no tienes hambre. Por otro lado, quiero recalcar el aire negativo de la mentira, es decir, que es de esperarse que el pesimista hubiese dicho que todos mienten todo el tiempo, pero mira que en la vida me ha pasado y yo mismo lo he hecho, pues, decir la verdad para ofender, no obstante, tampoco es objetivo irse al extremo de pensar de que todos dicen la verdad con el fin de ofender, sino que tanto mentir como decir la verdad depende del contexto y de la persona.

DEXTER.

¿No crees que tanto el pesimista como el optimista basan mas sus razonamientos en su propia vida más que en la sociedad en general?, por ejemplo, en el caso del pesimista no es que piense que todas las personas mientan, sino que piensa que todas las personas le mienten a él o a ella.

NICOLÁS.

Podría ser que se den ambos casos, que una persona pesimista piense que todos mienten en general y que otra persona pesimista piense que todos le mienten a él o a ella.

DEXTER.

Esto es como cuando uno escucha a una persona decir que la vida es una mierda, pues, habría que preguntarle a la persona si es que piensa que su vida es una mierda o que en general la vida es una mierda; no obstante, es poco creíble que dicha afirmación pueda ser objetiva cuando mucha gente vive vidas sublimes, por lo que es mas creíble que o se refiere a su propia vida o está divagando.

NICOLÁS.

Pero según lo que acabas de decir se podría afirmar que el pesimista no miente en cierto modo ni tampoco está equivocado, porque el hecho de que a ti no te importe algo no quiere decir que a otros tampoco les importe, o sea, que si el pesimista dice que todo en su vida es dolor, esto no es falso hasta cierto punto y siempre y cuando aclare que se trata de su propia vida y no de la vida en general. ¿Pero entonces cómo es la vida si no es como nos la presenta ya sea el optimista o el pesimista?

DEXTER.

Bueno, para responder esa pregunta primero debo decir que, aunque la vida es una, esta se presenta en una diversidad vastísima de seres, aunque es la de la seres humanos la que nos importa en este debate, ahora bien, si tomamos en cuenta todos los factores que se presentan en la sociedad en la cual vivimos los seres humanos, nos daríamos cuenta que aunque existen similitudes en las vidas de muchos, también existen diferencias en las vidas de otros, por lo que resultaría forzoso decir que la vida es fácil cuando puede ser difícil o viceversa. Lo que quiero decir, Nicolás, es que la vida de algunos si puede encajar en la descripción que te podría dar de la vida un optimista o un pesimista, pero dada la diversidad de destinos sería muy vago el afirmar que la vida en general es de una manera o de otra, y en general, resultaría mucho más conciso afirmar como es la vida de una persona en concreto.

NICOLÁS.

¿Crees entonces que el pesimismo y el optimismo no es otra cosa que una forma falaz y sensible de razonar?

DEXTER.

Es justo esa la razón por la que iniciamos este debate, y es que en tu pregunta parece demasiado obvio que ese es el quid del asunto, solo que había que aclarar que tanto el pesimista como el optimista tienen sus motivos para razonar de dichas maneras, y tanto como el pesimista como el optimista tienen parte de verdad en sus enunciados, en tu pregunta también se sobreentiende solo una parte de verdad, y es que en realidad el pesimista incurre en todo tipo de falacias, no obstante, el resumir el asunto como lo resumes en tu pregunta retórica tampoco es lo más exacto que se pueda “opinar”, porque como dijimos, a veces el asunto solo se resume a una mala expresión, además que se puede creer que el termino sensible puede alterar la veracidad de un enunciado, sea para bien o sea para mal, y esto es como creer que la buena expresión y la parsimonia solo producen razonamientos verdaderos.

NICOLÁS.

Yo opino que las situaciones pesimistas y optimistas pueden tener lugar en la vida de cualquier persona, pero dada la omnipresencia de la neutralidad en la vida de la mayor parte de la gente, sería difícil afirmar que la vida es como nos la puede presentar el optimismo o el pesimismo, y que son las sensaciones las que pueden crear una fijación en alguna de estas dos posturas.

DEXTER.

Yo creo que el término fijación es muy adecuado, porque bien podrían presentarse las situaciones pesimistas u optimistas y no tener una fijación con alguna de estas dos posturas, así como no vivir exactamente situaciones pesimistas u optimistas y tener una fijación con alguna de estas dos posturas; no obstante, quedan los casos en los que individualmente el asunto si es tal como la persona lo pueda retratar, es decir, que en efecto una persona viva una vida en la que todo sea trágico o que una persona viva una vida en la que todo sea sublime.

NICOLÁS.

Es de suponer que tanto el optimista como el pesimista pueden imaginar que la mayoría de las personas viven una vida de acuerdo a sus conclusiones, y que muy seguramente esto sea parte de su argumentación, aunque personalmente pienso que determinar si la vida de la mayoría de las personas es positiva o negativa es una cuestión harto vaga, puesto que como tu lo has dicho, podrían tener vidas negativas y no percibirlas como tal, tanto como tener vidas positivas y no concebirlas como tal, igualmente podríamos imaginar que resulte una masa considerable de personas cuyas vidas transcurren en la neutralidad, lo que opacaría en gran medida los argumentos pesimistas y optimistas acerca de la vida.

DEXTER.

Bueno, no hay mucho que decir al respecto, creo que nuestro debate ha terminado. De todos modos quiero resumir finalmente que el pesimismo y el optimismo tienen parte de verdad, quizá dramatizada, quizá mal expresada, quizá generalizada erróneamente, pero esta parte de verdad es el pilar de dichas posturas. Y es que las sensaciones juegan un papel bastante extraño en este caso, es decir, tal vez yo no sienta el pesimismo, pero eso no es prueba ni argumento para decir que mi vida es maravillosa, ni tampoco es la base para negar que la maldad o las desgracias pueblan nuestro mundo, porque uno podría caer en el error de pensar de que todo esta bien solamente porque uno se siente bien y viceversa.

NICOLÁS.

Yo también pienso que hemos llegado al fin de nuestro debate, Dexter. Yo por mi parte concluyo que muy seguramente estos personajes no sean filósofos, aunque el hecho de que no sean filósofos no quiere decir que estén en un error, como tampoco el ser filósofo significa poseer siempre la razón, no obstante, pudimos dilucidar que el pesimismo y el optimismo carecen de objetividad a la hora postular sus respectivas “doctrinas”. Y un punto que queda sin explorar es el de que ni tu ni yo somos abiertamente pesimistas u optimistas, es decir, que estamos hablando atrevidamente en nombre de estas personas, sin detenernos a escuchar de su propia boca los argumentos que los inducen a estas posturas, no obstante, pienso al respecto que esto no es similar a un proceso judicial, en el que el acusado debe estar presente y exponer su propia defensa, puesto que nuestro interés aquí no es la justicia sino la verdad, y es a la verdad a la que nos hemos referido.

DEXTER.

Convengo ello.

NICOLÁS.

Que así sea.

Cirilo o de la igualdad

CIRILO.

¿Es cierto que todos desean por defecto la igualdad?

DAVID.

Creo que las personas desean todo tipo de cosas.

CIRILO.

Pero dime, ¿a qué crees que se deba esto?

DAVID.

Me figuro que es una cuestión de intereses, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Opino lo mismo, ciertamente es una cuestión de intereses, y ya que nadie desea lo que ya posee, es muy simple concluir que quien desea la igualdad seguramente no la posee.

DAVID.

Es un conflicto que no explicaste en tu pregunta pero que se sobreentiende.

CIRILO.

¿Y no te parece muy evidente y/o creíble que el deseo de igualdad esté acompañado de una actitud resignada frente a la ambición?, es decir, si estuviéramos en un conflicto en el que no podemos ser ambiciosos porque tenemos todas las de perder, ¿no es creíble que nuestra actitud fuese una muy distinta si tuviésemos todas las de ganar?

DAVID.

¿Lo que intentas decir es que las personas desean la igualdad solo cuando se encuentran en estado de indefensión?

CIRILO.

Sí, y además pienso que si el caso fuese al contrario la persona no desearía la igualdad sino la injusticia, puesto que esta injusticia o esta desigualdad le convendría.

DAVID.

Seguramente, y por mi parte pienso que no es creíble que un individuo en medio de la desigualdad, y teniendo en cuenta que esta desigualdad estuviese en su contra, pues, adoptase una actitud activa como la de la ambición, o no es congruente.

CIRILO.

Aunque se podría dar el caso que una persona que esté en medio de la amenaza de la desigualdad, es decir, de la injusticia, pues, adoptase una postura semejante.

DAVID.

No es por pasar por supersticioso cuando hablo sobre cosas que son tan difíciles de comprobar, pero me figuro que si se diera el caso sería una actitud similar al heroísmo.

CIRILO.

Esto es como si un indigente, que no teniendo nada en el mundo más que su propia vida, pues, se enardeciera en arengas progresistas.

DAVID.

Tu ejemplo ilustra a la perfección mi comentario, no obstante, y entre paréntesis, tengamos en cuenta que el hecho de que una situación como la que acabas de exponer resulte incongruente o contraproducente para el individuo que declama el susodicho discurso, pues, no nos dice nada a favor o en contra de sus argumentos, en razón de que estos sean verdaderos o falsos, mas sin embargo la buena lógica nos dicta que no solo no debemos hablar sobre lo que no sabemos sino que tampoco debemos hablar sobre aquello que nos agosta, puesto que la razón se muere sin bases en el primer caso y la credibilidad se pierde en el segundo.

CIRILO.

Según lo que acabas de decir no podría yo hablar acerca de la muerte porque no la he experimentado, y porque además esta muerte le dará fin a mi existencia, y dado que este fin delata mi debilidad al no poder contenerla, pues, se puede considerar esto como un argumento para no dar credibilidad a mis palabras acerca de la muerte; y es que esto es como negarse a ser curado por un médico por el hecho de que este se ha enfermado un sin número de veces en su vida y fuera de eso algún día morirá.

DAVID.

Elemental.

CIRILO.

Pero bueno, retomando el tema podemos concluir que la ambición es una actitud activa en relación con la resignación, además que la ambición es solo un deseo mas no es un método ni algo que se le asemeje, y que nadie consigue lo que sea que quiera conseguir solamente deseándolo, a menos que sea algo que suceda de forma natural, como que una persona deseara que el tiempo pasase mas rápido y pues, definitivamente el tiempo pasará, no rápido, pero pasará.

DAVID.

Eso sucede porque en esos casos la ambición se ve beneficiada por la casualidad, a más que el esfuerzo y la casualidad también pueden ir de la mano.

CIRILO.

Pero bueno, respóndeme francamente, ¿qué es lo igual?

DAVID.

Creo que es lo mismo, Cirilo, como lo son dos manzanas. ¿Pero no crees que en tu pregunta se difumina un poco el término igualdad con el término igual?

CIRILO.

David, eso sucede seguramente porque la igualdad trata de lo igual, solo que, sin ser conscientes de ello, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, aunque se podría aplicar también a muchos otros temas, como el de la relativa igualdad que hay entre dos manzanas.

DAVID.

Muy simple.

CIRILO.

¿Y a qué crees que se deba esta simpleza?

DAVID.

Bueno, ya que ha quedado claro que el término igual es una variación del término igualdad, opino que la simpleza se debe al número de factores a tener en cuenta a la hora de concluir si en una situación hay o no igualdad, y dado que la manzana no pertenece a una sociedad, es de esperarse que carezca de todos los beneficios y percances que generan desigualdad en los seres humanos, y por lo tanto podemos afirmar que la ausencia de esta sociedad y de estos beneficios y percances es lo que hace que sea simple el determinar la relativa igualdad entre las dos manzanas, además, cuando pronunciaste el término relativo al hablar sobre la igualdad de las manzanas, me figuro que te referiste a las pequeñas diferencias físicas de las manzanas, y dado que no es común que una manzana tenga un tallo de 11cm y la otra tenga un tallo de 3cm, o que una manzana pese 6kg y la otra manzana pese 2lb, pues, las diferencias físicas que pueden resultar serían similares a las crestas papilares.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Pero no nos apresuremos, Cirilo, creo que puedo esclarecer este punto de la siguiente manera: lo igual es aquello que tiene exactamente las mismas características que lo otro, tanto en calidad como en cantidad, y que si existen variaciones en estas características, pues, estas variaciones deben ser naturales como las ya citadas crestas papilares y que, para ser mas precisos, debemos diferenciar el término igual del término réplica, porque si tomáramos las crestas papilares o detalles tan ínfimos para negar la igualdad, pues, no encontraríamos ni ser ni cosa igual en la creación, incluso si tomamos en cuenta los productos industriales creados en masa o la mismísima clonación, además, en el caso de que alguien se tomara la molestia de hacer una réplica totalmente exacta de lo que sea que fuere, esto no negaría la igualdad y encajaría más en el término réplica.

CIRILO.

Opino que la aclaración viene del rigor de la lógica, es decir, que si yo digo que una cosa es igual que otra, estas cosas no deben ser parecidas sino iguales, y es más, se puede agregar que esto es una errata tanto de lógica como de semántica, puesto que es comprobable que aquellas dos cosas no sean totalmente iguales, y que si no son totalmente iguales son por lo tanto diferentes, de aquí que podamos afirmar que estoy dando un juicio falso y/o utilizando un término inexacto; en este caso debí utilizar el término parecido en vez del término igual, porque no es lo mismo decir muerto que moribundo.

DAVID.

Cirilo, es que es evidente que la discusión se torna más compleja en relación con el número de factores a tener en cuenta. En el caso de la manzana podríamos tener en cuenta su peso, su tamaño, su color, su sabor, su tallo y demás, pero el término igualdad nos redirecciona inevitablemente a temas relacionados con la sociedad, y es esta sociedad la que multiplica varias veces el número de factores a tener en cuenta para poder concluir que existe igualdad en relación con algo.

CIRILO.

Mi querido David, opino que esto se debe a algo tan simple como a que no es por ser idénticos físicamente la razón por la cual hayan existido desde tiempos ancestrales los conflictos entre los hombres, sino a la ambición de ser más o tener más y el dolor de ser menos o tener menos que otros individuos. En este punto podemos comentar ciegamente y sin temor a equivocarnos que estas ambiciones de ser más o tener más son alimentadas por el interés, como ya habíamos comentado, y aunque las personas tienen los más diversos intereses tampoco se puede negar que hay asuntos de interés general y que incumben incluso a aquellas personas a las que nada les importa.

DAVID.

Ahora que lo mencionas, es decir, aquello de los asuntos de interés general, pues, se me vienen a la mente algunos casos como la política, la economía, los conflictos armados, entre otros, y no es por pasar por superfluo, pero se me viene a la mente el caso del aspecto físico, pues, en relación con el tema de la igualdad.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Ciertamente el arte ha plasmado su visión del mundo con una diversidad de opiniones y con formas variadísimas de expresión, unas veces para magnificarlo y otras veces para criticarlo y caricaturizarlo; y el caso en especifico que tengo en mente es el del género de terror, sea en el arte que sea, pues, el caso es que el aspecto físico es un tema más que recurrente en este género, por lo que podemos deducir que el aspecto físico es algo que causa terror y que no está en los intereses de nadie aterrorizarse por su propio aspecto.

CIRILO.

Y según tú, ¿por qué causa terror el aspecto físico?

DAVID.

Bueno, en primer lugar, quiero decir que para nadie es un misterio la “existencia” de la vanidad, como tampoco es un misterio el saber que esta vanidad nos causa placer cuando es complacida y dolor cuando es vulnerada, y aunque la vanidad puede verse excitada por innumerables motivos, los cuales se basan en los intereses de cada quien, es inevitable el asociar el término vanidad con el aspecto físico, y esto es tan inevitable como no asociar el sexo con la vanidad y con el amor; y debo aclarar que estas asociaciones son prejuicios que habitan en nuestra mente por una cuestión de probabilidades, tal como asociamos más fácilmente el término igualdad con asuntos sociales y no con manzanas. Ahora bien, tal como traje a colación el tema del aspecto físico valiéndome del género de terror, ahora me valdré de la pornografía para evidenciar la trascendencia del sexo; pues, como todos sabemos, el sexo tiene una especifica función reproductiva, aunque también se sabe a ciencia cierta que el cuerpo humano está dotado de manera tal para que el sexo se convierta en una de las experiencias físicas más placenteras, y si tomamos en cuenta que el aspecto físico está ligado prejuiciosamente a varias de las experiencias mas placenteras, podemos figurarnos que es muy viable pensar que el no poseer x o y aspecto nos puede amputar de nuestras vidas dichas experiencias. En relación con el tema del sexo quiero opinar entre paréntesis que, partiendo de lo ya dicho, podemos figurarnos que el aroma maligno que suele exhalar el sexo proviene de este juego macabro, en el que las ansias por la desigualdad positiva en relación con los atributos de los amantes quedan totalmente declaradas, tanto que sea uno en persona quien posea un aspecto dado o que nuestra amante sea quien posea cierto aspecto, puesto que no es creíble que en relación con la lujuria todos quieran verse iguales o mucho menos ser réplicas. Por otro lado, y ya que toqué el tema de la función reproductiva del sexo, quiero agregar que incluso la apariencia de nuestros padres debe cumplir con ciertos parámetros, en contraste, esto me hace recordar filmes sobre niños que son hijos de dioses malignos y cuya apariencia es terrorífica, y además, hablando de procreación, no olvidemos como se crearon los androides que hoy en día cumplen incluso la función de conyugues; y es que las burlas en relación con el aspecto físico no son otra cosa que una afirmación que trata sobre no ser apto para algo como la familia o la sexualidad, aunque nuestra apariencia no sea un reflejo de nuestra verdaderas facultades…ah!, y si crees que hablo nimiedades, mira por ejemplo como en el reino animal las manadas se reúnen solo en razón de su misma especie.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Incluso las escenas sangrientas en el género de terror, sea en el arte que sea, son invasivas no solo por su brutalidad sino por el aspecto de las víctimas, es decir, cuando se presentan imágenes de mutilaciones o casos similares, y es que uno podría decir que es en realidad el imaginarse en carne propia el dolor ajeno, pero el preciosismo de las escenas nos demuestra que en realidad hay una fijación visual con ese tipo de material.

CIRILO.

David, lo que intentas decir es que el hecho de que el género de terror haya tomado como uno de sus ingredientes predilectos los aspectos más monstruosos, pues, sea una prueba contundente de que el aspecto físico hace parte de los intereses de la gente en general, y que es muy consecuente hacer una asociación entre el dolor y el terror, de lo que se deduce que las escenas terroríficas no son otra cosa que ese dolor llevado al extremo; además, no siendo del interés de nadie el dolor, es de esperarse que la gente conciba una ambición alrededor del aspecto físico, o por lo menos de cómo la sociedad los percibe, ¿o no es así?

DAVID.

Tú lo has dicho, Cirilo. Además, y como habíamos señalado anteriormente, hay ciertos prejuicios ocultos en nuestros enunciados, y es el hecho de que nuestro discurso sobre el aspecto físico nos redirecciona a cierto tipo de actitudes que aunque son aplaudidas por ciertos círculos sociales, también son criticadas por otro tipo de personas, y es aquí donde aparece el término superficialidad, o sea, la idea de que nuestro aspecto nos hiera sobremanera o nos envalentone es tildada de superficial, no obstante, eso no es nuestro asunto, nuestro asunto va es por el análisis de la igualdad y qué es lo que hace que unos la deseen y otros la censuren. Y es que la respuesta acerca de los motivos de estos dos bandos la hemos dado ya al principio de nuestra discusión, pues, dijimos que las personas suelen abogar por la igualdad cuando las desigualdades se vuelven contra ellos, y que suelen abogar por la desigualdad cuando esta les conviene, palabras más, palabras menos; es decir que las personas que optan por glorificar la vanidad lo hacen para quienes cuenten con las características necesarias para llevar la vanidad a buen término, no sin dejar de lado la idea de que lo hagan con intenciones tóxicas, no obstante, y en cualquier caso, este tipo de practicas se manejan en la sociedad a modo de alimento psicológico, mientras que otro tipo de personas optan por desvirtuar el tema de la vanidad, sea porque es una cuestión irrelevante en relación con otro temas o sea porque piensan que este tema crea malestar en la sociedad, puesto que mucha gente no posee las características necesarias para satisfacer los cánones de belleza “impuestos” por esa misma sociedad, y tal como los cánones de belleza sobrepasan el aspecto de la gente del común, los aspectos de las historias de terror no son otra cosa que la representación de una desigualdad extrema e inversa a la de los ya citados cánones.

CIRILO.

Tus últimas palabras me recuerdan el término réplica, o sea, la réplica sería el extremo de la igualdad, y supongo que es a eso a lo que te refieres con el ejemplo del terror.

DAVID.

Ciertamente, pero quiero agregar que lo del aspecto físico y sobre todo ligado a los conflictos sociales no se limita solamente a la vanidad, es decir, que hay cosas que nos parecen mas o menos agradables, como por ejemplo los paisajes, pues, no podemos negar que existen paisajes que son visualmente siniestros, aunque no exista dolor ni maldad alguna en dichos paisajes, del mismo modo que no hay placer ni bondad en los paisajes que son visualmente hermosos, supongo que son meras impresiones.

CIRILO.

Podría argumentar que hacemos una especie de asociaciones mentales de manera subconsciente sobre el aspecto de los paisajes, como el paisaje árido con la desnutrición o el paisaje hermoso con la lozanía, mas sin embargo no tengo como comprobarte que dichas asociaciones se lleven a cabo en nuestro cerebro, por lo que yo también llego a la conclusión de que son meras impresiones.

DAVID.

Cirilo, y es que estas impresiones son las que determinan la igualdad tanto para bien como para mal, y pues se me ocurre así de momento el ejemplo de la comida, o sea, el aspecto de la comida no nos dice mucho acerca del sabor de la misma, no obstante es por instinto y no por estupidez que las personas se guían por la apariencia, es como cuando alguien se asoma a un abismo, y es por la sospecha que tenemos de que podemos caer en él lo que nos inspira el vértigo.

CIRILO.

¿Pero no es acaso cierto que los prejuicios se forman en nuestra mente gracias a un cúmulo de recuerdos de coincidencias?

DAVID.

¿A qué te refieres exactamente?

CIRILO.

Es decir, si en algún momento una persona tiene un vago juicio sobre otra persona basándose únicamente en su aspecto físico, ¿acaso esto no se debe a que la primera persona posee en su mente el vago recuerdo de una serie de casos en los que ciertas personas con ciertos aspectos tenían caracteres similares o vidas similares?

DAVID.

Por supuesto, y esto mismo es lo que sucede en el caso del abismo, pues lo más probable es que la persona que siente el vértigo posea en su saber casos en los que personas hayan caído o se hayan lastimado luego de caminar sobre un abismo o sobre un vacío. Y me imagino que el término que quieres traer a colación es el término probabilidad, y es que si decimos abismo no pensamos en otra sino en caer, aunque haya probabilidad de otras opciones, y es que lo mismo sucede con el caso de la apariencia física, por ejemplo, no hay muchas probabilidades de que un neonato te mienta, por lo que no hay una especie de prejuicio al respecto con los neonatos, o no es creíble que cuando alguien menciona el término neonato todos piensen en que éste miente, puesto que la experiencia que forma el prejuicio no nos invita a semejante suposición.

CIRILO.

Es como la apariencia física que reina en las cárceles, no es común que estas gentes posean rostros afables, aunque por otro lado existen intelectuales, artistas y hasta políticos cuya apariencia raya en lo salvaje.

DAVID.

Justo por eso hable de probabilidades, o sea, en el caso que expones es evidente que los primeros poseen características de los segundos, aún teniendo en cuenta que son individuos relativamente diferentes, no obstante, es bastante congruente llegar a la conclusión de que no por el hecho de que una persona esté en prisión, pues, se pueda catalogar de maligna, en contraste podemos encontrar artistas dedicados a la expresión de la maldad y de lo grotesco, como también políticos corruptos, dictadores sanguinarios o intelectuales que conciben doctrinas que incluso llegan a ser dudosas en sus propias vidas.

CIRILO.

El caso de la prisión ilustra nuestra teoría de las probabilidades mucho mejor, y aunque bien dices que no porque una persona caiga en prisión se la puede tachar de perversa, opino que es inverosímil o mucho menos probable que los santos caigan en prisión.

DAVID.

Que los santos caigan en prisión es mucho menos probable.

CIRILO.

¿Pero no estamos afirmando acaso que el aspecto de una persona determina su carácter?

DAVID.

Implícitamente lo estamos afirmando, Cirilo, y es que la cuestión nos remite de nuevo a las probabilidades, aunque no podamos aseverar que una persona sea de una manera porque tiene cierto aspecto tal como no podemos afirmar que una comida tenga cierto sabor por su apariencia, a menos que se conozca el sabor de dicha comida de antemano, no obstante, tampoco podemos negar que existen los casos en los que el aspecto de una persona nos ilustra acerca de su carácter.

CIRILO.

¿Y a qué viene que las personas de cierto aspecto busquen personas de su mismo aspecto?, pues, según tú.

DAVID.

A mi parecer es una sencilla y compleja interrogante, o sea, el aspecto físico no solo está estigmatizado por los prejuicios que estamos tratando, sino que también está ligado a otros asuntos mas concretos como la edad, y esta edad esta ligada a su vez a una serie de asuntos que surgen con la vida en sociedad como la cultura, la profesión, la religión o la filosofía, o incluso otros más invasivos como los círculos sociales o las tribus urbanas; pues, como ya lo habíamos hecho notar con el ejemplo de las manzanas, en este punto nos podemos figurar que surgen ya muchos otros factores a tener en cuenta a la hora de hablar de igualdad. Además, Cirilo, lo que subyace en esta opinión es el término compatibilidad, y es que en relación con este término quiero decir que no necesariamente es compatible solamente lo igual, y que es de esperarse que lo igual sea compatible como regla y que lo diferente o desigual sea compatible como excepción.

CIRILO.

Es decir que también se puede dar el caso de que dos cosas iguales sean incompatibles como también darse el caso de que dos cosas distintas sean compatibles.

DAVID.

En efecto.

CIRILO.

¿Entonces se puede afirmar que las diferencias de toda índole son las que distancian a las personas entre sí?

DAVID.

Opino que sí, y opino también que no es necesaria la distancia como tampoco lo es la cercanía, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Soy de tu mismo dictamen en cuanto a la distancia y la cercanía, además opino que la diversidad de gustos puede alejar a las personas, no obstante, no creo que sea tan simplista el asunto como en primera instancia parece, o sea, en muchas ocasiones estos gustos conllevan ciertos requisitos como por ejemplo una vestimenta, un estilo de vida o cierto tipo de caracteres, como por ejemplo los caracteres que son comunes en la gente rumbera, o el nivel de cultura que es adecuado para un círculo de intelectuales, y es más, se sabe y se sobrentiende que la gente de las clases altas o privilegiadas de la sociedad prefieren socializar con otras personas de su mismo estatus socioeconómico, sea por la razón maligna o por la razón lógica da igual, no obstante, me explico: por un lado, tenemos la arrogancia que suele generar la desigualdad positiva y, por otro lado, tenemos la compatibilidad; y es que quien no posea un estatus socioeconómico equivalente a las personas que le rodean, pues, ciertamente se verá envuelto en un sinnúmero de situaciones bochornosas.

DAVID.

Pero bueno, ¿Cuáles son exactamente los efectos secundarios de la desigualdad?

CIRILO.

La exclusión y la predilección, dependiendo del caso.

DAVID.

Explícate, mi querido Cirilo.

CIRILO.

Pienso que las desigualdades suelen generar exclusión cuando son negativas y predilección cuando son positivas. Ahora bien, retomando el sencillo ejemplo de las manzanas podemos figurarnos que no existirá exclusión por parte de la primera manzana hacia la segunda manzana, pues, en razón de que la segunda manzana posea una diferencia notable, como por ejemplo que la primera manzana fuese roja y la segunda manzana fuese verde, y es fácil concluir que no existirá dicha exclusión puesto que las manzanas no piensan, y si no piensan es cuerdo concluir que no tienen intereses, por lo cual sus intereses no pueden ser vulnerados, además de que no hay entre las manzanas un prejuicio que indique que la de un color es mejor o preferible que la otra del otro color, y al no tener las manzanas la facultad del intelecto, no podría la una envilecerse por su color o incluso intentar engañar a la otra de ser mejor o preferible por su color.

DAVID.

¿A dónde quieres llegar?

CIRILO.

Al engaño, David. Ahora responde, ¿por qué una manzana intentaría engañar a otra manzana “diciéndole” que es más valiosa por su color?

DAVID.

No lo sé, dímelo tú.

CIRILO.

Mi conjetura es que, siendo el color la diferencia más invasiva entre las dos manzanas, pues, la primera opte por postular su color como el preferible en relación con el color de la segunda, haciéndose no solo con la preferencia sino también adelantándose a la exclusión de la cual puede ser víctima, y es que este comportamiento tiene su explicación en las probabilidades, las cuales nos dictan que las diferencias generan exclusión o predilección.

DAVID.

Es creíble.

CIRILO.

En relación con la sociedad quiero decir que, si se tiene en cuenta el papel protagónico de las diferencias en los casos de discriminación, es consecuente que las personas suelan tomar las medidas que apreciamos en el ejemplo de las manzanas como un instinto natural y como un alimento psicológico mediante el cual pueden cebar su vanidad, pues, magnificando aquello que los diferencia y, a expensas de la dignidad ajena.

DAVID.

Muy elocuente, Cirilo. Por mi parte quiero señalar el término exclusión, pues como ya hemos dicho la desigualdad deviene en exclusión, sin embargo, recordemos como los seres humanos excluyen de manera muy distinta a los animales.

CIRILO.

Los excluyen de manera impersonal.

DAVID.

Exactamente, pero a lo que quiero llegar a es que nunca se ha discriminado o excluido a un grupo de animales de la misma manera que ha sucedido entre los seres humanos, y es que hay algo muy personal y venenoso en la discriminación que hay entre los seres humanos, indiferentemente si se trata de asuntos trascendentales o intrascendentes; y esto es así incluso cuando se trata de exterminios, los cuales distan mucho de ser similares a los exterminios de animales, los cuales se llevan a cabo es para la industria alimentaria. Y si los seres humanos y los animales son tan diferentes, ¿por qué han existido las guerras consignadas en la historia?

CIRILO.

A lo que te refieres es a que si las desigualdades nos alejan, deberíamos por lo tanto estar más alejados del animal que del hombre; y aunque la situación no es tan trágica como la pintas, pienso que sí es cierto que esas guerras han existido, existen y seguirán existiendo hasta el final de los tiempos.

DAVID.

Creo yo que esto se debe a los prejuicios, es decir que el ser humano da por hecho muchas cosas en relación con sus semejantes, me explico: el hecho de que una persona pueda robarte cuando salgas a la calle es un prejuicio basado en las probabilidades, del mismo modo no hay probabilidades de que un animal haga una cosa parecida, y asimismo pueden darse un sinnúmero de situaciones que pueden resultar perturbadoras para la gente, además que estas situaciones se acumulan en nuestra mente y forman un prejuicio sobre la sociedad en general; otros casos podrían ser, por ejemplo, que las personas se burlen de tu forma de vestir, de tu aspecto físico, de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tu familia, de tus preferencias sexuales, de tus gustos musicales, del color de tu piel, o de tu nacionalidad…y bueno, un larguísimo etcétera en el cual los animales son totalmente ajenos e indiferentes.

CIRILO.

Supongo que la conclusión de tu respuesta es que la mezcla de todas estas probabilidades es la razón por la cual existe la discriminación, la cual es uno de los efectos secundarios de la desigualdad, y que esta discriminación existe a modo de defensa y anticipación, además que esto explica el tratamiento que se tiene para con los animales, con los cuales no estamos a la defensiva en relación con este tipo de temas.

DAVID.

En otras palabras, lo que dices es que las personas tratan con reserva a otras personas y de acuerdo a ese cúmulo de recuerdos que han formado su noción de la sociedad, y pues que a los animales se les trata es más como a cosas, a pesar de que no existen ese tipo de reservas con ellos.

CIRILO.

Justamente eso quise expresar.

DAVID.

Ahora, pienso yo que es necesario traer al debate un término más.

CIRILO.

¿Qué término?

DAVID.

El término equivalente.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Pienso yo que hay muchos otros casos con los cuales podemos analizar el tema de la igualdad, así como muchas otras cosas a tener en cuenta a la hora de un exponer un sano dictamen, no obstante, quiero abordar el tema desde otro ángulo, y para ello quiero retomar el ejemplo de las manzanas. Al analizar el ejemplo de las manzanas tomamos en cuenta solamente las características de dos manzanas, pero al momento de transponer a la sociedad este ejemplo nos tendremos que enfrentar no solo a muchos otros factores a tener en cuenta sino a distintas clases de seres, y no solamente las diferencias que existen entre los seres humanos y los animales, las cuales resultan mucho más marcadas que las diferencias que podemos encontrar entre los seres humanos, sino también en las especies y subespecies de estos seres vivos, por ejemplo, los factores a tener en cuenta para desarrollar nuestras conjeturas se verían multiplicados en el ejemplo de las manzanas si al caso invitásemos una sandía, de lo cual resultarían muchas otras diferencias físicas, las cuales nos alejarían por completo del término réplica; ahora bien, otro asunto sería discutir si dichos factores son cualidades o defectos, y a sabiendas que estas cualidades y estos defectos son indiferentemente diferencias y/o desigualdades, deberíamos también tener en cuenta el término equivalente, pues, bien seguros de que estas dos frutas no pueden ser del todo iguales y mucho menos una manzana ser la réplica de una sandía, sería necesario concebir que algo y otra cosa, no siendo lo mismo sino todo lo contrario, se puedan considerar en sano juicio de la misma naturaleza y valía.

CIRILO.

Dame un buen ejemplo en el que dos cosas sean diferentes y equivalentes al mismo tiempo.

DAVID.

Bueno, el arte es un buen ejemplo de ello, la poesía no es pintura pero ambas pueden ser equivalentes, aunque la una se lea y la otra se observe; negar esta comparación sería como decir que es inválido comparar a la música con la filosofía, puesto que no es propio de la naturaleza de la música la razón ni es propio de la naturaleza de la filosofía ni el sonido ni los instrumentos. Además, cabe señalar que no quiero yo dar por aceptada la calidad artística de las artes que acabo de mencionar, pues trato este ejemplo es de acuerdo al tema que estamos discutiendo.

CIRILO.

Lo que quieres decir, David, es que aquello que hace a las cosas equivalente es la especie, puesto que aunque la manzana y la sandía son en suma distintas se puede afirmar que ambas son frutas, y asimismo con el caso de la poesía y la pintura, además, explicas que es justo esa familiaridad lo que las hace equivalentes, y que son equivalentes sin ser iguales y sin ser réplicas. Pero según tu apreciación podríamos aseverar que todos los animales son equivalentes porque son animales y no son insectos, o que todos los seres humanos son equivalentes porque son seres humanos y no plantas. Lamentablemente y como ya hemos comentado, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, y es en este contexto en el que es complejo el afirmar en buena lógica tus apreciaciones, y para ilustrar mejor lo que acabo de decir quiero traer a colación el término competitividad. Esta competitividad es la glorificación de la desigualdad, además de ser la motivación saludable de muchas personas en la sociedad, por lo que la idea de que dos personas sean equivalentes por ser personas y no seres inanimados, por ejemplo, es contraria a la idea de la competitividad, puesto que la naturaleza de la competitividad es ganar o perder por desigualdad.

DAVID.

No es por apretujar la discusión con más términos, pero quiero traer a colación el término injusticia, pues, inspirado en el término competitividad y en relación con la igualdad, que es el tema primero de nuestra discusión.

CIRILO.

No hay problema, ¿qué me puedes decir acerca de la injusticia?

DAVID.

La justicia es el antónimo de la injusticia, para comenzar, además, la justicia trata ciertamente de la igualdad. Por otro lado, yo sé que quieres llegar al punto de que no todo lo justo es lo que debe ser ni todo lo que debe ser es justo, como sucede en el caso de la competitividad, en el que un individuo competitivo triunfa por encima de alguien que tiene poco o ningún mérito; y es que se puede dar el caso de que la competitividad aplaste a una persona o a un grupo de personas, y luego argumentar de que es justo darle una parte igual a quien no la ha ganado y quitársela a quien tiene el mérito, aunque personalmente opino que es como quien quiere tener mas años sin haberlos vivido.

CIRILO.

¿Y entonces qué se debe hacer en esos casos?

DAVID.

La respuesta es el término compartir, es decir, siempre que este compartir sea por voluntad propia, pues, se considerara el caso como ajeno a la justicia o a la injusticia, y que esto se explica mas como un tributo o un estimulo para quien no ha tenido tan buena fortuna; en el caso contrario, es decir, en el caso en el que se opte por quitarle a quien más tiene para darle al más necesitado, pues, lo correcto sería utilizar el término supervivencia.

CIRILO.

Quiero señalar que es posible que haya una actitud saludable de supervivencia como una actitud corrosiva al respecto. Por otro lado, te pregunto, ¿no es esto como decir que debe ganar el equipo perdedor en un juego?, ¿o acaso no es como decir que debe ganar el luchador más débil?

DAVID.

Convengo en ello, Cirilo, pero si retomamos el prejuicio al que nos redirecciona el término igualdad puedes intuir sin ni siquiera nombrar los casos que eso depende del contexto; por ejemplo, no es la misma igualdad que hay entre las dos manzanas en relación con su aspecto, que la igualdad que hay entre los derechos humanos, los cuales deben ser iguales para cada individuo, y asimismo no es la misma igualdad que hay entre el equipo ganador y el equipo perdedor, pues, el juego mismo consiste en que resulte un ganador y un perdedor, y muy seguros de que va ganar el más apto, podemos concluir entonces que es justo que pierda el que tiene menos mérito.

CIRILO.

Si, el contexto, David, y es que hablando de la justicia del estado, se entiende que esta es un poco impersonal en relación con cierto tipo de cosas, como por ejemplo el aspecto físico, el cual nunca se toma en cuenta en la constitución de ningún país, a menos que se trate de la raza, no obstante, se pueden encontrar en dichas constituciones decretos menos específicos como aquellos que versan sobre practicas vejatorias, mas no suele ser común que se especifique el aspecto físico como se especifica en el género de terror. Por otro lado, quiero traer otro término para ilustrar mejor tus conclusiones, dicho término es hipocresía; bueno, el ser hipócrita no puede ser sino gracias a los intereses, es decir que no es creíble que alguien vaya a un estadio a ver que ganen ambos equipos o ambos luchadores, cuando lo cierto es que todos asisten a dichos eventos con la idea de que alguien va a ganar y alguien va a perder, y que esto no es otra cosa que desigualdad, además que es en este tipo de casos en los que se puede originar la admiración, y que esta admiración bien podría ir de la mano con la hipocresía, pues entre admirar a una persona que posee una gran fortuna y poseerla uno, pues, es más consecuente que uno piense que esa fortuna debería ser propia. Los casos que prueban nuestras conjeturas y las excepciones son tantas que quiero expresar que en esta conversación solo se expondrá una serie muy mezquina de lo que en realidad podría ser; he aquí otro caso que nos habla del término admiración, figurémonos que un hombre admira a una mujer por su aspecto físico, aquello que subyace en esta situación no es que el hombre que la admira quiera ser así, sino que se entiende que el quid del asunto va por el hecho de que en vez de desearla en realidad quiera poseerla, y es esto a lo que hemos llamado hipocresía, y es esta la predilección de la desigualdad positiva, puesto que esta mujer es más hermosa que las demás y es por lo tanto desigual a estas, y asimismo se podría objetar que el hombre sea quien quiere ser deseado, puesto que hay un desbalance entre solo admirar y no ser admirado. Otro caso similar se presenta con los intelectuales, pues, que una persona admire a un intelectual, sea cual sea el talento que este haya cultivado, no quiere decir que esa persona desee ser intelectual, no obstante existe una desigualdad positiva entre el intelectual y el admirador, y esta “desigualdad positiva” la consideramos aquí y en esta conversación como tal, pues, partiendo del hecho de que en vez de causar perjuicios causa beneficios, los cuales podrían ser la misma admiración o el placer de disfrutar de x o y talento, además que el término desigualdad se ve eclipsado en estos casos por el mérito, al cual bien podríamos denominar de una manera más dramática, como por ejemplo, con el término sacrificio. Otro caso de desigualdad positiva podría darse en el caso de las empresas, o sea, que si bien estas empresas se lucran del consumo de sus productos, pues, las mismas compensan esta desigualdad con la generación de empleos y con el consumo de materia prima, y es que de este caso se puede argumentar que cuando una persona compra un producto, es correcto afirmar que dicha persona no posee la misma riqueza que la empresa que elabora el producto, por lo que es viable concluir que existe una desigualdad entre el comprador y la empresa, no obstante, hay que tener en cuenta que dicha empresa genera empleo, y que la empresa se lucra del empleado y el empleado de la empresa, y que la primera empresa se lucra de la materia prima que compra a la segunda empresa, como la segunda empresa se lucra de venderle la materia prima a la primera empresa, asimismo como el consumidor común se lucra de su compra y la empresa se lucra de su venta, aunque este consumidor no posea el mismo poderío económico de la empresa a la cual compra su producto; también cabe señalar que el producto que compra el consumidor común no tenga nada que ver con el poderío económico de la empresa en cuestión, por ejemplo, que el susodicho producto fuera una caja de leche, pues, nada tiene que ver el valor del producto con el poderío económico de la empresa que provee la leche, de lo que podemos concluir que la inversión del comprador común es del mismo valor del producto y no del valor de la empresa, y es que esto es como ir al mar a sacar agua con un balde, y aunque el mar posea toda el agua que alcanzas a apreciar, solamente puedes llevarte el agua que el balde te permita, y cabe aclarar que el balde del ejemplo equivale al dinero del comprador y el mar equivale a la empresa, es decir, que el comprador se lleva un producto que corresponde con su inversión, y muy seguro de que la desigualdad que hay entre él y la empresa está cabalmente justificada.

DAVID.

Y es que ha quedado claro que el término igualdad puede presentarse de muchas maneras;  en este momento se me ocurre es el caso de la idoneidad por desigualdad, me explico: digamos que se da el caso de que dos personas tienen una edad distinta, pero el uno es un maestro y el otro es un alumno, o que el uno sea el padre y el otro sea el hijo, o que exista una atracción sexual basada en la diferencia de edades. Y en contraste, pienso que pueden resultar otros casos como en los que la igualdad negativa se vuelve el factor decisivo a la hora de determinar la idoneidad, como en los casos en los que la pobreza extrema hace las veces de idoneidad para los habitantes de la calle.

CIRILO.

Me parecen notables tus apreciaciones, David.

DAVID.

Pero dime, Cirilo, ¿qué piensas de los casos en los que una persona toma la justicia por su propia cuenta, es decir, el caso de los asesinatos?

CIRILO.

Te refieres es a las venganzas…pues, opino que no es del interés de nadie morir o ser asesinado, a menos que sea un suicida, y si no es del interés de una persona el dejar de vivir, es cuerdo pensar que es injusto que alguien le arrebate la vida, además que la justicia del estado se encarga de penalizar estos casos, indiferentemente de quien se trate o por las razones que sean, puesto que ante la ley todos somos iguales, no obstante, nosotros no somos la justicia del estado y no es nuestro asunto el regular la sociedad, por lo que el hecho de que sea justo que todos sean juzgados de la misma manera se vuelve una cuestión malsana en ciertas ocasiones y cuando se ve desde el punto de vista personal. Retomando la frase “no es nuestro asunto”, quiero decir que es congruente pensar que no es asunto de la justicia del estado los motivos por los cuales una persona comete un crimen, como tampoco es asunto de la empresa de las cajas de leche lo que el comprador haga con la leche, es decir que los puntos de vista filosóficos son nulos delante de la justicia del estado, puesto que no es propio de la naturaleza de la justicia del estado el indagar en el saber y la verdad sino el regular la sociedad para su buen funcionamiento.

DAVID.

¿Entonces la justicia del estado está por encima de la filosofía?

CIRILO.

No, esto es como decir que el hambre está por encima de los seres vivos.

DAVID.

¿Son entonces equivalentes la filosofía y la justicia del estado?

CIRILO.

Yo utilizaría el término análogo, mi querido David, puesto que la filosofía busca es la verdad, que es lo correcto, mientras que la justicia busca la regulación, lo cual también es correcto, sin embargo, y como ya lo hemos expresado, la sociedad nos llena de una serie de factores que vuelven difuso no solo el hecho de dictaminar si hay igualdad en algo, sino también si hay o no justicia en algo. Es como los casos en los que una persona atropella a otra y esta persona muere, e imaginando que este hecho fue un accidente y no un asesinato, podemos figurarnos que la justicia no mirará la culpabilidad de quien atropelló a la otra persona sino el hecho en sí, y es aquí donde la filosofía tiene un interés en la verdad, el cual es que dicho hecho no es un crimen, pero también es donde la justicia tiene un interés en la regulación, el cual es que dicho hecho sucedió y la persona perdió la vida.

DAVID.

Contundente.

CIRILO.

Bueno, esa es la idea, no digo que la justicia del estado siempre lleve a buen término sus deberes, pero si no lo hace es o por negligencia o por corrupción, pero se entiende que esa es su tarea.

DAVID.

A veces cuando estoy a solas observando con tono irreverente las noticias, pues, hago comentarios sobre la susodicha corrupción, acerca de que se me antoja la mayoría de las veces como la mas descarada de las negligencias, y es que, si otro fuera el contexto, pues, esto sería otro comentario sarcástico, pero en ocasiones veo también analogía entre la justicia del estado y la medicina; y es que como filósofo se me antoja más colorida la estupidez que la malignidad.

CIRILO.

Creo que nuestra discusión a llegado a su fin, David, y en relación con tu última apreciación opino que la estupidez es al filósofo como lo que es la enfermedad al médico, ¿no te parece?

DAVID.

Soy de tu dictamen.

La iglesia de los siete demonios

Las breves historias hasta ahora relatadas han tenido lugar en el siglo XXXI, y como el lector habrá podido apreciar, estas historias suelen describir el contexto histórico en el que se desarrollan, pues, el caso de la siguiente historia tiene que ver es con las religiones, que como ya había mencionado, se mantuvieron en pie a pesar del tiempo y los cambios sociales que tuvieron lugar luego de que el hombre abandonara el planeta tierra; a pesar de que las religiones se han dado naturalmente en todas las culturas a lo largo de la existencia de la humanidad se tiene documentado que estas no siempre han estado en movimiento en relación con sus máximas figuras, es decir, que el flujo de profetas, mártires o dioses que han pasado a la historia de dichas religiones en algún momento ha cesado y dichas religiones han seguido sus actividades sin que nuevas figuras enriquezcan su historia, pues, luego de abandonar el planeta tierra surgió un renacimiento filosófico debido al conocimiento a posteriori que se alcanzó con la relativa conquista del universo más próximo, y aunque las religiones no se pronunciaron públicamente acerca de este hecho histórico y de los sucesivos avances tecnológicos, un notable flujo de pensadores, gurús, filósofos y místicos tuvo inicio a mediados del siglo XXVII, este movimiento se debió en parte al nuevo estilo de vida al que los conduciría la revolución científica tanto para bien como para mal.

El protagonista de la siguiente historia es Aldo, este hombre cuenta con 50 años de edad, vive en el planeta Marte, en un país cuyo nombre es Corinto y su casa está ubicada exactamente en el distrito No.7, en la cual vive una vida ascética y solitaria; Aldo es maestro de filosofía y entre sus méritos se encuentran el haber publicado un sin número de libros acerca de cuestiones filosóficas concernientes al nuevo orden mundial marciano, libros acerca de la filosofía del arte y cómo criticar el arte de manera objetiva, además de libros que tratan acerca de sus pensamientos filosóficos en relación con las doctrinas de algunos pensadores, místicos y filósofos antiguos y contemporáneos considerados como tal desde la conquista de Marte y el haber sido maestro personal de presidentes y emperadores. Aldo conoció a Fedro en Urano hace ya unos 6 años, en relación con Fedro se puede decir que es un sacerdote perteneciente a La Iglesia de los Siete Demonios, y en relación con esta iglesia se puede decir que es una institución religiosa fundada a finales del siglo XXII en el planeta tierra; esta iglesia profesa la racionalización de las creencias religiosas como una necesidad atemporal del hombre, como también profesa la necesidad del culto, del misterio y de la idolatría. Como lo dije anteriormente, Aldo conoció a Fedro en Urano, pues, en aquel entonces Fedro se encontraba por orden y auspicio de La Iglesia de los Siete Demonios recolectando artilugios religiosos para vender en subastas y haciendo unas investigaciones sobre la crisis mundial en ese planeta, el cual en la actualidad está casi deshabitado por poseer un clima inadecuado para la vida humana a pesar de todos los recursos tecnológicos que responden a este tipo de necesidades, pues, según las declaraciones de los medios de comunicación; Aldo por su parte se encontraba en Urano porque es de ese tipo de personas aficionadas a viajar constantemente, y gracias a que las noticias habían documentado la hecatombe, pues, Aldo decidió que quería vivir en carne propia ese momento histórico en el que la gestante sociedad de Urano comenzaría a evacuar el planeta, además de aprovechar la ocasión para conseguir documentos, artilugios y testimonios como parte del material que utilizaría en algunas de sus futuras obras literarias. Aldo y Fedro se conocieron exactamente en una de las estaciones del metro de Alameda, uno de los tres grandes estados formados en Urano, pues, mientras Aldo esperaba el metro vio aparecer a Fedro, e inquietado por el porte y la vestimenta de Fedro se acercó a él para preguntarle si era una especie de ocultista y, para su sorpresa, éste lo reconoció gracias a la pequeña pero significativa fama de Aldo en el mundo literario, luego ambos mantuvieron una conversación que se extendió no solo en el metro sino también por algunos meses mientras ambos concluían sus respectivos asuntos, y al final quedaron de contactarse vía internet para futuros encuentros o para cualquier novedad que resultase acerca de sus mutuos intereses. Hace dos meses poco más o menos Fedro publicó en su sitio web que había sido trasladado a la sede marciana de La iglesia de los Siete Demonios en Corinto para oficiar allí sus ceremonias religiosas, y Aldo no tardó en escribir a Fedro que sería grato verse de nuevo en persona y ambos concretaron una cita.

Es martes y es el día en que Aldo irá a visitar a Fedro, son las 2:00 pm, el día está grisáceamente nublado y una llovizna abúlica se cierne sobre la parte sur de Corinto; Aldo está vestido con una camiseta manga larga y semi formal de color negro, esta no posee botones, es gruesa y de cuello alto, también luce un elegante pantalón negro y tanto la camiseta como el pantalón están levemente ajustados al cuerpo, sus zapatos son de un opaco y negro cuero y además luce numerosos anillos en sus manos; en relación con el aspecto de Aldo se puede decir que es un hombre alto, mide aproximadamente 1,80 m, su tez es de color blanquecino y su textura es farinácea, su cabello es corto, grueso, liso y de color negro y está cortado meticulosamente, sus cejas son gruesas y están naturalmente organizadas, sus labios son purpurinos y semi carnosos, su nariz tiene una forma levemente irregular y a un mismo tiempo es delgada y afilada, sus ojos son negros y meditan tranquilamente en la perpetua oscuridad de las ojeras que revisten sus cuencas, está afeitado al ras y el resto de su cuerpo posee una contextura enjuta. Aldo ha dejado el computador encendido para escuchar las noticias, de momento el presentador habla acerca de una persecución en la quinta avenida del distrito No.11, y Aldo escucha atentamente las noticias junto con el susurro pluvial mientras se sirve algo de café; el departamento de Aldo está repleto de pinturas siniestras, de libros y revistas culturales esparcidas desordenadamente por todas partes, de artilugios esotéricos y curiosidades arqueológicas que ha conseguido en subastas y mercados de dudosa reputación. Aldo se sienta en un asiento al frente del escritorio, lugar donde está ubicado el computador y escribe: “Fedro, estaré en la iglesia en media hora poco más o menos”, a lo que Fedro responde, “Listo, estaré atento a tu llegada”, pues, Aldo termina de organizar algunos documentos en el computador mientras se toma el café junto con un par de huevos y lonchas de tocino, y luego de terminada la merienda Aldo activa una lista de reproducción con sus canciones favoritas, apaga la luz y parte rumbo a la iglesia. Aldo entra en un carro de color blanco, de porte simple pero solemne, se sienta en uno de los asientos traseros de este y dicta la dirección al computador del carro para que este lo lleva a su destino y el carro arranca; Aldo observa por la ventana del carro el fluir de las personas, de los carros y de la metrópolis misma hecho una mancha ininteligible por la velocidad del movimiento y su calor corporal hace que los vidrios del carro se empañen. Luego de un rato Aldo llega a La iglesia de los Siete Demonios, la cual está ubicada al frente de una avenida repleta de rascacielos y de una considerable contaminación auditiva, pues, el carro de Aldo se detiene en la entrada de la iglesia y Aldo baja la ventana del carro y presenta su cédula a un androide que cumple la función de guarda de seguridad, y luego de que el androide verifica la identidad de Aldo, el cual ya estaba anunciado en la portería, procede a abrir las puertas y a devolver la cédula a Aldo, Aldo toma su cédula y sube la ventana del carro, luego el carro entra y recorre un largo sendero en el que se aprecian algunos monumentos de los personajes más sobresalientes de dicha iglesia y una variedad de flora que está acompañada por un cartel que reza sus respectivos nombres científicos. Después de llegar al parqueadero Aldo se baja del carro y se dispone en dirección a la iglesia; en relación con el aspecto de la iglesia se puede decir que es una edificación que ha sido construida inspirada en las más íntimas intenciones religiones, pues, esta está subdividida en diversas secciones, entre las que se destacan una biblioteca exclusiva para autores dedicados a temáticas lúgubres, esotéricas o filosóficas, cuenta también con diversos auditorios que se utilizan para conversatorios, exposiciones y conciertos, además de poseer un museo que exhibe la historia de La Iglesia de los Siete Demonios no solo en Corinto y en Marte sino también en otros planetas, además de una vasta cripta subterránea en la que se encuentran los restos de siniestros personajes marcianos que han pertenecido a dicha iglesia y, por supuesto, el templo religioso en el que se ofician misas diariamente. Luego de haber recorrido el parqueadero bajo la llovizna Aldo sube unas escaleras que están en la entrada de la iglesia, pues, entra en la iglesia y se encuentra con Fedro, ambos personajes se saludan con un apretón de manos y luego ambos se disponen a caminar por el ala derecha de la iglesia; en relación con el aspecto de Fedro se puede decir que es un hombre de aspecto espiritual e intelectual, mide aproximadamente 1,76 m, la contextura de su cuerpo es medianamente atlética, su cabello es largo, brilloso y ondulado, de textura etérea, de color miel y de una extensión que abarca por completo su espalda, sus ojos son de color rojo, sus cejas son finas y están naturalmente organizadas, sus labios son pequeños, lívidos y áridos y está minuciosamente afeitado, además está vestido con un traje formal de color negro, una camiseta de color negro y cuello redondo debajo de un blazer abotonado, una correa negra y delgada adornada con una fina hebilla de oro, un pantalón negro con pliegues frontales y unos zapatos negros de punta afilada y, además, cuenta con 39 años de edad. «Señor Aldo, ¿cómo ha estado?», pregunta Fedro, «muy bien, gracias, ¿y usted?», responde Aldo gravemente y pregunta, «bien», responde Fedro con laconismo, «eso es lo importante», comenta Aldo y continúa, «he notado que tus publicaciones en internet son siempre cosas acerca de la iglesia y nunca cosas acerca de tu vida privada», «bueno, esta iglesia suele ser muy liberal en ese sentido, con la vida privada y ese tipo de asuntos, más sin embargo es común que los miembros de esta religión posean una faceta harto grave y de lo cual yo no soy la excepción, de modo que mi reserva se debe es a una elección personal y no a una imposición», responde Fedro mientras ambos caminan y observan pinturas y esculturas de demonios, de personajes místicos y de escenas de las sagradas escrituras de dicha religión, las cuales estaban sumidas en las sombras y resaltadas por la tenue iluminación que se filtraba por los ciclópeos vitrales de la iglesia, «volviéndote a ver reafirmo mi impresión de que es notable tu porte y tu actitud ocultista», comenta Aldo retomando la charla, «dices, en palabras más castizas, que te extraña que exhiba mi carácter ocultista y que posea una faceta filosófica, y que siendo tu caso el de un filósofo que posee una faceta ocultista, pues, llegas a la conclusión de que somos el mismo individuo pero con una de las dos facetas declaradas, al punto de que una de las dos ha sido el oficio al cual hemos consagrado nuestras vidas», responde Fedro, «en ningún momento he dicho tales cosas», exclama Aldo y agrega, «sin embargo, opino que el gusto por la razón o por lo oculto es más que todo una fijación, una fijación como la que los artistas tienen con la belleza, y que a veces se pretende teorizar o justificar dichas fijaciones, o sea, en el caso del ocultismo lo que sucede es que a una tendencia ingénita por lo siniestro se le atribuyen magnos significados, y en el caso de la filosofía lo que sucede es que nunca ha sido un misterio que cualquier individuo puede razonar en pro de lo que le cautiva y en contra de lo que le importuna», «seguramente», responde Fedro mientras invita a Aldo a sentarse en uno de los bancos destinado para la congregación y ambos se sientan. «No creo que el término “fijación” sea equívoco para este caso», dice Fedro, retomando el hilo de la conversación y prosigue, «pues, muchos asuntos se apoderan de la mente humana, como la ambición o la vanidad, y siendo la lógica tan simplista a cada quien le parece que su fijación es contundente en extremo; en mi caso y en el caso específico de la religión puedo decir que la cuestión radica en la necesidad del ritual y del misterio porque no es la mera protección de una entidad imaginaria, porque para eso existen las armas o la policía, es la necesidad de un ente superior. Este caso se me antoja muy similar al de la educación pública, que como ya sabemos ha sido desde siempre obsoleta y reemplazable por las tradicionales clases particulares o por el aprendizaje autodidacta mediante las bibliotecas o el internet», «es el pathos la razón por la cual nunca se le han dicho este tipo de cosas a las iglesias de la senda de la luz», objeta Aldo y continúa, «porque en relación con el ejemplo de la educación pública se puede afirmar que si las personas pueden aprender en conjunto también lo pueden hacer en solitario, por lo que los planteles educativos son obsoletos en este aspecto, como ya lo dijiste, e igualmente los rituales de alabanza y todas las demás pasiones religiosas pueden realizarse tanto en la iglesia como a solas, de lo que se deduce que la iglesia es innecesaria, y si esto es así, ¿por qué las cosas han sido como han sido?, pues, todo apunta a que en verdad hay una necesidad de culto y de ritual, porque si no se le encuentra sentido a aprender en conjunto lo que se puede aprender en solitario ni a realizar rituales en conjunto cuando se pueden realizar a solas, el sentido sería que tanto la educación pública y la iglesia son instituciones basadas en la necesidad del ritual, un ritual de carácter colectivo, y esto, claro está, dejando de lado las conspiraciones y los significados ocultos e impronunciables en los que se escudará principalmente la religión», «un ejemplo que encuentro más ilustrativo es el de la sexualidad: aparte de los atributos físicos de los amantes, muchas personas encuentran cierto deleite en experimentar una sensación de depravación o de sublimidad en sus relaciones sexuales», afirma Fedro y continúa, «y esto es similar a lo que sucede en las iglesias en relación con la sensación de benignidad o de malignidad, por lo que no quiero que subestimes el término “ritual”, porque en ciertas instancias las fijaciones de las personas pueden adquirir proporciones mentales superlativas», «recuerdo que una vez…», dice Aldo, hace una leve pausa y continúa, «yo estaba en el Coliseo en uno de esos shows de lucha libre, no sé si alguna vez has asistido, el caso es que habían unos hombres en el público fornicando con tres mujeres, pues, de aquellas que se presentan como parte ornamental del show, y resulta que de un momento a otro estos individuos comenzaron a comérselas vivas», «¿y qué pasó?», pregunta Fedro fríamente, «terminaron por comérselas hasta dejarlas hechas un montón de huesos con algunos jirones de carne sanguinolenta; Fedro…pienso que este suceso tiene algunas particularidades que pueden ilustrar nuestros razonamientos, pues, pienso que ese acto funciona de la misma manera que funciona la catarsis de los rituales colectivos, y pienso que no hubiese surtido el mismo efecto si dicho acto hubiese sucedido en solitario», explica Aldo, «convengo en ello», expresa Fedro, «también opino que comer carne cruda, medio tibia y sin ningún tipo de guisante no es algo que pueda considerarse apetitoso, por lo que deduzco que tu comentario acerca de que no subestime las dimensiones que pueden alcanzar las fijaciones, sean coherentes o no, se ve reflejado en esta anécdota; además opino que aparte del efecto del ritual en masa de esta anécdota también se puede señalar como factor clave la sensación de malignidad», concluye Aldo. «No olvidemos el tema de la idolatría», comenta Fedro cambiando el tema y prosigue, «siendo la religión un hecho o una ficción, es innegable que las personas adeptas a una religión practican la idolatría mediante las oraciones, los cánticos e inclusive los sacrificios, y que si negáramos la religión como un hecho, es decir, con la existencia de todos los ángeles, demonios, infiernos o paraísos, lo cierto es que el deseo de un culto idólatra ha sido genuino aunque se afirme y compruebe que ha sido basado en una mentira o que todo se resume a una serie de metáforas y alegorías indescifrables», «lo que quieres decir, Fedro…», comenta Aldo mientras ambos centran su atención en el ensayo del oscuro coro de la iglesia, «es que el sentir del creyente es real aunque la religión sea un invento o una alegoría», «y aunque la religión fuera un embuste esta se mueve también por compatibilidad de caracteres y estilos de vida», objeta Fedro y prosigue, «lo mismo sucede con la imaginería religiosa o con las representaciones, que si bien nadie ha confirmado que los demonios o los ángeles sean representaciones, pues, en el caso de que lo fueran sería congruente concluir que se trata de la naturaleza espiritual de las personas», «del mismo modo que procede la ficción en la literatura», comenta Aldo, «aunque la literatura tampoco ha confesado que la ficción trate de representaciones», objeta Fedro, «no lo ha confesado», responde Aldo y agrega, «además que dichas imágenes podrían hacerse en solitario pero deduzco que la explicación a esto es la misma de la anécdota acerca del canibalismo en el Coliseo, es decir, que todo se resume a una catarsis pública», «tú lo has dicho», responde Fedro, y luego ambos se detienen un momento para escuchar el susurro mesurado de la llovizna acompañado de los truenos y los cánticos corales, y para observar el claroscuro de los visitantes que deambulan por la iglesia. «El ateísmo es otro asunto que persigue a las religiones, me figuro que las alegorías son una especie de vacuna contra este tipo de posturas», comenta Aldo rompiendo el silencio, «Aldo, la cuestión es muy elemental, surgen incongruencias porque estamos hablando, primero que todo, de la claudicante naturaleza humana y su esquivo intelecto y, segundo, porque la religión es un negocio», responde Fedro, «no puede ser de otra manera», exclama Aldo y prosigue, «esta discusión me recuerda la ley de atracción, posiblemente estas y otras críticas se inspiran en la grandilocuencia sinigual a la que se han entregado de manera pasiva las religiones, ¿no lo crees así?», «sí, estoy de acuerdo con tu dictamen en el punto de que las religiones son en extremo grandilocuentes», responde Fedro y continúa, «más sin embargo La Iglesia de los Siete Demonios dice al respecto que este tipo de actitudes altivas pueden practicarse siempre y cuando quienes las practiquen no se vean involucrados en asuntos legales y que inculpen a la iglesia, también dice que estas actitudes son un rasgo connatural de las personas y que la filosofía no puede cambiar, y dice que el hecho de que una persona se comporte de dicha manera no quiere decir que sea una persona egocéntrica y, en contraste, también dice que el hecho de que una persona posea un temperamento parsimonioso no significa que no sea altiva o vanidosa, pues, como tú lo acabas de expresar, las religiones, más que ninguna otra institución, han ostentado tanta solemnidad a pesar de sus altruistas intenciones, dice además que las personas son libres para comportarse como les plazca y que comentarios como el tuyo pueden crear una atmosfera represiva, sea para que las personas sean humildes a la fuerza o para que sean altivas artificialmente», «lo acabo de notar, es decir, eso de que puedo crear una atmosfera represiva con mi comentario», opina Aldo, pensativo, «además de que es una falacia», reanuda Fedro, «que las religiones sean graves en extremo no dice nada a favor o en contra de estas», «concuerdo contigo», responde Aldo; y luego Fedro invita a Aldo a caminar por las instalaciones de la iglesia y ambos se levantan del banco y se disponen en dirección a una puerta mientras Aldo observa algunas proyecciones de escenas religiosas en la alta bóveda de la iglesia.

Luego de pasar por una puerta Aldo y Fedro penetran en un neblinoso pasillo sostenido por pilares, cuyo techo es de la misma altura que el de la iglesia y del cual pende una hilera de lámparas de fuego, este pasillo mide alrededor de 12 metros de ancho y está alfombrado con una alfombra negra, además, a un lado del pasillo se encuentra una pared de color blanco y al otro lado del pasillo hay un prolijo jardín en el que ondea un ceniciento césped. «¿Qué es la depravación?», pregunta Aldo, «la depravación no es otra cosa que la desviación y/o la adulteración de lo que es natural…me explico, que un asesino salve vidas es algo depravado, que la filosofía no razone es algo depravado, sin embargo, hay asuntos que se entienden universalmente como depravados como la drogadicción, pues, la gente dice que es natural que el hombre busque el placer, mas no es natural que este placer lo subyugue y lo consuma, y es más, el depravado, aparte de gozar de sus fetiches, necesita aspirar el aroma de la malignidad y sus sentidos producen este aroma en relación con sus prejuicios», responde Fedro, «es decir que sin prejuicios la depravación se debilita», sugiere Aldo, «se debilita en el sentido poético pero el vicio sobrevive», objeta Fedro, y de pronto, Aldo alcanza a percatarse de la presencia de unos hombres que pasan por su lado y los cuales están vestidos con blancas ropas anchas y capuchas, «Fedro…¿qué son esos seres?», pregunta Aldo intrigado, «son hombres y no están muertos, tengo entendido que a basa de ciertas prácticas han logrado vivir más de lo normal y que su edad ronda los 500 años», Aldo se detiene absorto mientras asimila un aroma que nunca antes había olfateado a la vez que observa el rojo firmamento marciano, «sigamos», propone Fedro, a lo que Aldo obedece, «intuyo que la depravación se censura a modo de precaución, pues, con el fin de modelar la naturaleza del hombre en razón de que esta no se deforme, además pienso que el sentido común es una de las herramientas clave para modelar esta naturaleza», opina Aldo, «explícate», dice Fedro, «por supuesto», responde Aldo y continua, «la ambición, por ejemplo, ha llevado al hombre a la creación de la sociedad, y la ha creado puesto que le es posible, y el hombre no piensa en crear el universo puesto que no le es posible, ¿no es así?», «posiblemente…», responde Fedro, «es decir que mientras el hombre desee aquello que le es posible su ambición será saludable y coherente, pero si esta se deprava terminará subyugándolo y consumiéndolo como el ya citado caso de la drogadicción», añade Aldo, «convengo en ello», responde Fedro, «pero miremos el asunto desde otro ángulo», sugiere Aldo y prosigue, «¿quién no se ha imaginado a sí mismo destruyendo la mismísima creación en un arranque de ira?», «yo no, pero resulta sencillo figurárselo», responde Fedro, «bueno, ¿y donde quedarían nuestras emociones cuando no podamos hacer otra cosa que crispar nuestros puños?», inquiere Aldo, «en la inopia», responde Fedro, y luego vuelve a pasar otro grupo hombres vestidos de la misma manera que los anteriores, «es como si la idea de los aliens se hiciera real», comenta Aldo y pregunta, «¿son muchos?», «no lo sé», responde Fedro con algo de vaho saliendo de su boca a causa del frío, «bueno, no importa», comenta Aldo, «prosigue, por favor», dice Fedro, «y es necesario que la filosofía moldee hasta donde le sea posible nuestra naturaleza para no resultar vulnerados con semejantes tumores emocionales, los cuales son efecto del deprave, y saber diferenciar entre la objetividad y la deformidad», argumenta Aldo, «en relación con el ejemplo de la creación de la sociedad quiero expresar que no todo en la sociedad tiene el mismo mérito, aún con el entendimiento de que existen distintas clases de mérito, además de que la sociedad es un cúmulo de creaciones individuales y la forma en la que lo expresaste da la impresión de que una persona debe inspirarse para hacer su trabajo individual basado en un trabajo colectivo», comenta Fedro, «excelente», exclama Aldo, y luego vuelve a pasar otros grupo de hombres vestidos de la misma manera que los otros, «¿son inmortales…?», pregunta Aldo con incredulidad y aguantando la respiración para no inhalar el olor invasivo de aquellos individuos, «no, no son inmortales», responde Fedro y agrega, «no sé qué los motiva ni quién está detrás de ese fenómeno pero me imagino que el tema de la inmortalidad tiene mucho que ver, hoy en día ese tipo de ideas han tomado un realismo nunca antes visto y cada vez se hacen más y más posibles», «de modo que la inmortalidad se encuentra gestante en el seno de la iglesia de la oscuridad, que irónico», comenta Aldo, «no quiero sacar conclusiones apresuradas, pero si ese fuese el caso me imagino que las razones por las cuales esas personas se encuentran internadas aquí es por  los procedimientos que se deben estar utilizando», «entiendo…», comenta Aldo.

Aldo y Fedro llegan a un gran salón de aspecto imperial y se disponen en dirección a un ascensor, luego Fedro llama el ascensor y ambos esperan algunos segundos, luego el ascensor llega y se abre la puerta, pues, entran y la puerta se cierra, Fedro dirige el ascensor al piso 14 y ambos vuelven a esperar en silencio por algunos segundos, luego la puerta se abre y Fedro y Aldo penetran en otro salón que está conectado a la terraza y ambos recorren el salón para salir a la terraza. Ya casi van a ser las 6:00 pm y el cielo de Marte se presenta ya despejado y con un intenso rojo y acompañado de una gigantesca luna que parece palpitar frente a Aldo y Fedro. «Qué hermosa vista», comenta Aldo, «sabía que te gustaría», responde Fedro, «¿y en qué íbamos?», pregunta Aldo y reanuda, «ah, sí…pienso que el pecado es la sublimación de lo depravado», «sé a dónde quieres llegar pero prosigue», responde Fedro, «pienso que un término más adecuado para el pecado es “error” pero no se le llama así sino pecado por el prejuicio moral, además pienso que la intensidad de este prejuicio genera una energía simbólica que bien puede complacer a quien perpetra el pecado o irse en su contra, que es lo que conocemos como cargo de consciencia», argumenta Aldo, «en otras palabras se puede decir que sin prejuicio no hay pecado sino error y que sería dificultoso sentir placer por un error», opina Fedro, «también se puede decir que el pecado podría no ser un error sino un acierto», responde Aldo, «podría darse el caso, es por eso que existen las iglesias de la senda de la luz y las iglesias de la senda de la oscuridad, porque eventualmente resultan discrepancias intelectuales y emocionales en relación con la religión», objeta Fedro, «y qué me puedes decir acerca del sexo en relación con el pecado?», inquiere Aldo, «opino que el tema del sexo en relación con el pecado se resume de la misma forma que el tema de la depravación, o sea, que las personas pueden deformar su naturaleza con deseos irrealizables y que en última instancia puedan ser hirientes tanto con ellos mismos como con los demás», argumenta Fedro, «magistral», exclama Aldo, «y encima, el sexo posee una naturaleza banal y efímera, pues, luego del calvario pasional el sexo caerá en una inevitable futilidad, la cual puede desilusionarnos o desilusionar a los demás», concluye Fedro, «es decir que el sexo se censura porque puede avergonzarnos con sus exigencias y defraudarnos con su caducidad y con su intrascendencia», opina Aldo, «en el peor de los casos…», responde Fedro.

Luego hay unos minutos de silencio en los que Aldo y Fedro contemplan el paisaje; «¿has visto la gente del planeta tierra?», pregunta Fedro, «sí», responde Aldo observando la neblinosa metrópolis, «considero que hemos cambiado mucho y que esto se debe al cambio de ambiente», comenta Fedro, «sé a qué te refieres…», dice Aldo, «lo que sucedió en Urano no fue solo una cuestión ambiental», dice Fedro, «el planeta los cambió…y es posible que haya sucedido lo mismo en otros planetas», responde Aldo, «a veces sospecho que la falta de música y de iluminación nos impide convencernos de lo evidente», afirma Fedro y pregunta, «¿hay algo más que quieras decir?», «no podemos comprobar ninguna de estas conjeturas pero creo que las cosas sucedían a una velocidad distinta en Urano, no podría ni siquiera insinuar si eran más rápidas o más lentas de lo normal», responde Aldo, «¿algo más?», inquiere Fedro, «no», responde Aldo fríamente.