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76

Y desde mi ventana
observo la lluvia ácida
y mi oído deleita
el lloro del murciélago…

y el sueño de tus tetas,
frías como el metal,
bulle en mi corazón
hasta el fin de los tiempos,

igualmente el recuerdo
de tu letal saliva
que cerró mi caletre,

o el peso de tus nalgas
que tanto me asfixiaban
en mis días satánicos.

75

Expectante me encuentro por todo lo lejano
en un fiero oleaje de glaciales montañas
cuyas formas anárquicas se asemejan, en suma,
a mis afectos mórbidos y ansiosos de tristuras;

y tentado me encuentro de locura postiza,
de realidad alterna y de espacial vacío,
y asqueado de los yerros propios y ajenos, pues,
tentado a formatear la creación completa.

El báculo maldito de mi insatisfacción
es igual a la sed, a la sed de las aguas,
deliro inexistente en negras osamentas;

y soy como una pieza de algún rompecabezas
por la sola ansiedad quemada y retorcida,
aspiro a la llenura mediante lo imposible.

74

Ángel guardián, perfume de lágrimas de envidia,
manifiéstate y guía mi marcha sepulcral,
pues, desde donde nada pueda yo cuestionarte
para que así reafirmes tu razón y buen juicio.

Ven al altar santísimo de la filosofía
a insinuar tus doctrinas solapadas y arcanas,
hablando sin hablar y en todos los idiomas,
onceavo magistrado del supremo silencio.

Tú, cuya sombra líquida abomina y blasfema,
no irrumpas ni profanes mi terquedad vampírica
y haz de tu protección la verdad y el poder;

y no me desafíes a ultimar un camino
que real es para otros más falso para mí,
esto es cual tomar té para calmar la sed.

73

Y no puedo observarte
sin ver detrás de ti
una legión de amantes
o canas cataratas;

y no puedo observarte
sin ver detrás de ti
sangrientas tempestades
o ese burlón olvido.

Y yo escancio tu rabia
en cuanto corazón
asesino y necrófago;

y fumo telarañas
de los abismos psíquicos
arrepticio e insaciable.

72

En un tétrico sueño te vislumbro,
culmen de una divina vanagloria,
descendiendo noctámbula en el mundo,
lo cual es un residuo del sistema.

En un tétrico sueño te contemplo
por tus principios toda desahuciada
y te curas con íntimas sonrisas
creyéndote así la ama de la hipnosis.

Y luego, mientras te hundes, pataleas
sobre la urbanidad y el galanteo…
incolora, cohibida y derrotada,

y como cruentos canes del averno
zurces en tu malsano corazón
cuantos besos y juetes fantasmales.

71

Se evapora mi sangre
y se extingue el misterio
con el entendimiento,
y mis ojos yo cierro;

y deambula mi mente
entre las paradojas,
entre el capricho humano
y los malentendidos.

Ay, celda de las mieles
do oigo el sexo egoísta
y el tiempo ya perdido,

do bulle la ambición
demacrada y cansina,
y do aspiro maníaco

la soledad mental
y de este macrocosmos
el coro metafísico.