Cirilo o de la igualdad

CIRILO.

¿Es cierto que todos desean por defecto la igualdad?

DAVID.

Creo que las personas desean todo tipo de cosas.

CIRILO.

Pero dime, ¿a qué crees que se deba esto?

DAVID.

Me figuro que es una cuestión de intereses, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Opino lo mismo, ciertamente es una cuestión de intereses, y ya que nadie desea lo que ya posee, es muy simple concluir que quien desea la igualdad seguramente no la posee.

DAVID.

Es un conflicto que no explicaste en tu pregunta pero que se sobreentiende.

CIRILO.

¿Y no te parece muy evidente y/o creíble que el deseo de igualdad esté acompañado de una actitud resignada frente a la ambición?, es decir, si estuviéramos en un conflicto en el que no podemos ser ambiciosos porque tenemos todas las de perder, ¿no es creíble que nuestra actitud fuese una muy distinta si tuviésemos todas las de ganar?

DAVID.

¿Lo que intentas decir es que las personas desean la igualdad solo cuando se encuentran en estado de indefensión?

CIRILO.

Sí, y además pienso que si el caso fuese al contrario la persona no desearía la igualdad sino la injusticia, puesto que esta injusticia o esta desigualdad le convendría.

DAVID.

Seguramente, y por mi parte pienso que no es creíble que un individuo en medio de la desigualdad, y teniendo en cuenta que esta desigualdad estuviese en su contra, pues, adoptase una actitud activa como la de la ambición, o no es congruente.

CIRILO.

Aunque se podría dar el caso que una persona que esté en medio de la amenaza de la desigualdad, es decir, de la injusticia, pues, adoptase una postura semejante.

DAVID.

No es por pasar por supersticioso cuando hablo sobre cosas que son tan difíciles de comprobar, pero me figuro que si se diera el caso sería una actitud similar al heroísmo.

CIRILO.

Esto es como si un indigente, que no teniendo nada en el mundo más que su propia vida, pues, se enardeciera en arengas progresistas.

DAVID.

Tu ejemplo ilustra a la perfección mi comentario, no obstante, y entre paréntesis, tengamos en cuenta que el hecho de que una situación como la que acabas de exponer resulte incongruente o contraproducente para el individuo que declama el susodicho discurso, pues, no nos dice nada a favor o en contra de sus argumentos, en razón de que estos sean verdaderos o falsos, mas sin embargo la buena lógica nos dicta que no solo no debemos hablar sobre lo que no sabemos sino que tampoco debemos hablar sobre aquello que nos agosta, puesto que la razón se muere sin bases en el primer caso y la credibilidad se pierde en el segundo.

CIRILO.

Según lo que acabas de decir no podría yo hablar acerca de la muerte porque no la he experimentado, y porque además esta muerte le dará fin a mi existencia, y dado que este fin delata mi debilidad al no poder contenerla, pues, se puede considerar esto como un argumento para no dar credibilidad a mis palabras acerca de la muerte; y es que esto es como negarse a ser curado por un médico por el hecho de que este se ha enfermado un sin número de veces en su vida y fuera de eso algún día morirá.

DAVID.

Elemental.

CIRILO.

Pero bueno, retomando el tema podemos concluir que la ambición es una actitud activa en relación con la resignación, además que la ambición es solo un deseo mas no es un método ni algo que se le asemeje, y que nadie consigue lo que sea que quiera conseguir solamente deseándolo, a menos que sea algo que suceda de forma natural, como que una persona deseara que el tiempo pasase mas rápido y pues, definitivamente el tiempo pasará, no rápido, pero pasará.

DAVID.

Eso sucede porque en esos casos la ambición se ve beneficiada por la casualidad, a más que el esfuerzo y la casualidad también pueden ir de la mano.

CIRILO.

Pero bueno, respóndeme francamente, ¿qué es lo igual?

DAVID.

Creo que es lo mismo, Cirilo, como lo son dos manzanas. ¿Pero no crees que en tu pregunta se difumina un poco el término igualdad con el término igual?

CIRILO.

David, eso sucede seguramente porque la igualdad trata de lo igual, solo que, sin ser conscientes de ello, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, aunque se podría aplicar también a muchos otros temas, como el de la relativa igualdad que hay entre dos manzanas.

DAVID.

Muy simple.

CIRILO.

¿Y a qué crees que se deba esta simpleza?

DAVID.

Bueno, ya que ha quedado claro que el término igual es una variación del término igualdad, opino que la simpleza se debe al número de factores a tener en cuenta a la hora de concluir si en una situación hay o no igualdad, y dado que la manzana no pertenece a una sociedad, es de esperarse que carezca de todos los beneficios y percances que generan desigualdad en los seres humanos, y por lo tanto podemos afirmar que la ausencia de esta sociedad y de estos beneficios y percances es lo que hace que sea simple el determinar la relativa igualdad entre las dos manzanas, además, cuando pronunciaste el término relativo al hablar sobre la igualdad de las manzanas, me figuro que te referiste a las pequeñas diferencias físicas de las manzanas, y dado que no es común que una manzana tenga un tallo de 11cm y la otra tenga un tallo de 3cm, o que una manzana pese 6kg y la otra manzana pese 2lb, pues, las diferencias físicas que pueden resultar serían similares a las crestas papilares.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Pero no nos apresuremos, Cirilo, creo que puedo esclarecer este punto de la siguiente manera: lo igual es aquello que tiene exactamente las mismas características que lo otro, tanto en calidad como en cantidad, y que si existen variaciones en estas características, pues, estas variaciones deben ser naturales como las ya citadas crestas papilares y que, para ser mas precisos, debemos diferenciar el término igual del término réplica, porque si tomáramos las crestas papilares o detalles tan ínfimos para negar la igualdad, pues, no encontraríamos ni ser ni cosa igual en la creación, incluso si tomamos en cuenta los productos industriales creados en masa o la mismísima clonación, además, en el caso de que alguien se tomara la molestia de hacer una réplica totalmente exacta de lo que sea que fuere, esto no negaría la igualdad y encajaría más en el término réplica.

CIRILO.

Opino que la aclaración viene del rigor de la lógica, es decir, que si yo digo que una cosa es igual que otra, estas cosas no deben ser parecidas sino iguales, y es más, se puede agregar que esto es una errata tanto de lógica como de semántica, puesto que es comprobable que aquellas dos cosas no sean totalmente iguales, y que si no son totalmente iguales son por lo tanto diferentes, de aquí que podamos afirmar que estoy dando un juicio falso y/o utilizando un término inexacto; en este caso debí utilizar el término parecido en vez del término igual, porque no es lo mismo decir muerto que moribundo.

DAVID.

Cirilo, es que es evidente que la discusión se torna más compleja en relación con el número de factores a tener en cuenta. En el caso de la manzana podríamos tener en cuenta su peso, su tamaño, su color, su sabor, su tallo y demás, pero el término igualdad nos redirecciona inevitablemente a temas relacionados con la sociedad, y es esta sociedad la que multiplica varias veces el número de factores a tener en cuenta para poder concluir que existe igualdad en relación con algo.

CIRILO.

Mi querido David, opino que esto se debe a algo tan simple como a que no es por ser idénticos físicamente la razón por la cual hayan existido desde tiempos ancestrales los conflictos entre los hombres, sino a la ambición de ser más o tener más y el dolor de ser menos o tener menos que otros individuos. En este punto podemos comentar ciegamente y sin temor a equivocarnos que estas ambiciones de ser más o tener más son alimentadas por el interés, como ya habíamos comentado, y aunque las personas tienen los más diversos intereses tampoco se puede negar que hay asuntos de interés general y que incumben incluso a aquellas personas a las que nada les importa.

DAVID.

Ahora que lo mencionas, es decir, aquello de los asuntos de interés general, pues, se me vienen a la mente algunos casos como la política, la economía, los conflictos armados, entre otros, y no es por pasar por superfluo, pero se me viene a la mente el caso del aspecto físico, pues, en relación con el tema de la igualdad.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Ciertamente el arte ha plasmado su visión del mundo con una diversidad de opiniones y con formas variadísimas de expresión, unas veces para magnificarlo y otras veces para criticarlo y caricaturizarlo; y el caso en especifico que tengo en mente es el del género de terror, sea en el arte que sea, pues, el caso es que el aspecto físico es un tema más que recurrente en este género, por lo que podemos deducir que el aspecto físico es algo que causa terror y que no está en los intereses de nadie aterrorizarse por su propio aspecto.

CIRILO.

Y según tú, ¿por qué causa terror el aspecto físico?

DAVID.

Bueno, en primer lugar, quiero decir que para nadie es un misterio la “existencia” de la vanidad, como tampoco es un misterio el saber que esta vanidad nos causa placer cuando es complacida y dolor cuando es vulnerada, y aunque la vanidad puede verse excitada por innumerables motivos, los cuales se basan en los intereses de cada quien, es inevitable el asociar el término vanidad con el aspecto físico, y esto es tan inevitable como no asociar el sexo con la vanidad y con el amor; y debo aclarar que estas asociaciones son prejuicios que habitan en nuestra mente por una cuestión de probabilidades, tal como asociamos más fácilmente el término igualdad con asuntos sociales y no con manzanas. Ahora bien, tal como traje a colación el tema del aspecto físico valiéndome del género de terror, ahora me valdré de la pornografía para evidenciar la trascendencia del sexo; pues, como todos sabemos, el sexo tiene una especifica función reproductiva, aunque también se sabe a ciencia cierta que el cuerpo humano está dotado de manera tal para que el sexo se convierta en una de las experiencias físicas más placenteras, y si tomamos en cuenta que el aspecto físico está ligado prejuiciosamente a varias de las experiencias mas placenteras, podemos figurarnos que es muy viable pensar que el no poseer x o y aspecto nos puede amputar de nuestras vidas dichas experiencias. En relación con el tema del sexo quiero opinar entre paréntesis que, partiendo de lo ya dicho, podemos figurarnos que el aroma maligno que suele exhalar el sexo proviene de este juego macabro, en el que las ansias por la desigualdad positiva en relación con los atributos de los amantes quedan totalmente declaradas, tanto que sea uno en persona quien posea un aspecto dado o que nuestra amante sea quien posea cierto aspecto, puesto que no es creíble que en relación con la lujuria todos quieran verse iguales o mucho menos ser réplicas. Por otro lado, y ya que toqué el tema de la función reproductiva del sexo, quiero agregar que incluso la apariencia de nuestros padres debe cumplir con ciertos parámetros, en contraste, esto me hace recordar filmes sobre niños que son hijos de dioses malignos y cuya apariencia es terrorífica, y además, hablando de procreación, no olvidemos como se crearon los androides que hoy en día cumplen incluso la función de conyugues; y es que las burlas en relación con el aspecto físico no son otra cosa que una afirmación que trata sobre no ser apto para algo como la familia o la sexualidad, aunque nuestra apariencia no sea un reflejo de nuestra verdaderas facultades…ah!, y si crees que hablo nimiedades, mira por ejemplo como en el reino animal las manadas se reúnen solo en razón de su misma especie.

CIRILO.

Soy de tu dictamen.

DAVID.

Incluso las escenas sangrientas en el género de terror, sea en el arte que sea, son invasivas no solo por su brutalidad sino por el aspecto de las víctimas, es decir, cuando se presentan imágenes de mutilaciones o casos similares, y es que uno podría decir que es en realidad el imaginarse en carne propia el dolor ajeno, pero el preciosismo de las escenas nos demuestra que en realidad hay una fijación visual con ese tipo de material.

CIRILO.

David, lo que intentas decir es que el hecho de que el género de terror haya tomado como uno de sus ingredientes predilectos los aspectos más monstruosos, pues, sea una prueba contundente de que el aspecto físico hace parte de los intereses de la gente en general, y que es muy consecuente hacer una asociación entre el dolor y el terror, de lo que se deduce que las escenas terroríficas no son otra cosa que ese dolor llevado al extremo; además, no siendo del interés de nadie el dolor, es de esperarse que la gente conciba una ambición alrededor del aspecto físico, o por lo menos de cómo la sociedad los percibe, ¿o no es así?

DAVID.

Tú lo has dicho, Cirilo. Además, y como habíamos señalado anteriormente, hay ciertos prejuicios ocultos en nuestros enunciados, y es el hecho de que nuestro discurso sobre el aspecto físico nos redirecciona a cierto tipo de actitudes que aunque son aplaudidas por ciertos círculos sociales, también son criticadas por otro tipo de personas, y es aquí donde aparece el término superficialidad, o sea, la idea de que nuestro aspecto nos hiera sobremanera o nos envalentone es tildada de superficial, no obstante, eso no es nuestro asunto, nuestro asunto va es por el análisis de la igualdad y qué es lo que hace que unos la deseen y otros la censuren. Y es que la respuesta acerca de los motivos de estos dos bandos la hemos dado ya al principio de nuestra discusión, pues, dijimos que las personas suelen abogar por la igualdad cuando las desigualdades se vuelven contra ellos, y que suelen abogar por la desigualdad cuando esta les conviene, palabras más, palabras menos; es decir que las personas que optan por glorificar la vanidad lo hacen para quienes cuenten con las características necesarias para llevar la vanidad a buen término, no sin dejar de lado la idea de que lo hagan con intenciones tóxicas, no obstante, y en cualquier caso, este tipo de practicas se manejan en la sociedad a modo de alimento psicológico, mientras que otro tipo de personas optan por desvirtuar el tema de la vanidad, sea porque es una cuestión irrelevante en relación con otro temas o sea porque piensan que este tema crea malestar en la sociedad, puesto que mucha gente no posee las características necesarias para satisfacer los cánones de belleza “impuestos” por esa misma sociedad, y tal como los cánones de belleza sobrepasan el aspecto de la gente del común, los aspectos de las historias de terror no son otra cosa que la representación de una desigualdad extrema e inversa a la de los ya citados cánones.

CIRILO.

Tus últimas palabras me recuerdan el término réplica, o sea, la réplica sería el extremo de la igualdad, y supongo que es a eso a lo que te refieres con el ejemplo del terror.

DAVID.

Ciertamente, pero quiero agregar que lo del aspecto físico y sobre todo ligado a los conflictos sociales no se limita solamente a la vanidad, es decir, que hay cosas que nos parecen mas o menos agradables, como por ejemplo los paisajes, pues, no podemos negar que existen paisajes que son visualmente siniestros, aunque no exista dolor ni maldad alguna en dichos paisajes, del mismo modo que no hay placer ni bondad en los paisajes que son visualmente hermosos, supongo que son meras impresiones.

CIRILO.

Podría argumentar que hacemos una especie de asociaciones mentales de manera subconsciente sobre el aspecto de los paisajes, como el paisaje árido con la desnutrición o el paisaje hermoso con la lozanía, mas sin embargo no tengo como comprobarte que dichas asociaciones se lleven a cabo en nuestro cerebro, por lo que yo también llego a la conclusión de que son meras impresiones.

DAVID.

Cirilo, y es que estas impresiones son las que determinan la igualdad tanto para bien como para mal, y pues se me ocurre así de momento el ejemplo de la comida, o sea, el aspecto de la comida no nos dice mucho acerca del sabor de la misma, no obstante es por instinto y no por estupidez que las personas se guían por la apariencia, es como cuando alguien se asoma a un abismo, y es por la sospecha que tenemos de que podemos caer en él lo que nos inspira el vértigo.

CIRILO.

¿Pero no es acaso cierto que los prejuicios se forman en nuestra mente gracias a un cúmulo de recuerdos de coincidencias?

DAVID.

¿A qué te refieres exactamente?

CIRILO.

Es decir, si en algún momento una persona tiene un vago juicio sobre otra persona basándose únicamente en su aspecto físico, ¿acaso esto no se debe a que la primera persona posee en su mente el vago recuerdo de una serie de casos en los que ciertas personas con ciertos aspectos tenían caracteres similares o vidas similares?

DAVID.

Por supuesto, y esto mismo es lo que sucede en el caso del abismo, pues lo más probable es que la persona que siente el vértigo posea en su saber casos en los que personas hayan caído o se hayan lastimado luego de caminar sobre un abismo o sobre un vacío. Y me imagino que el término que quieres traer a colación es el término probabilidad, y es que si decimos abismo no pensamos en otra sino en caer, aunque haya probabilidad de otras opciones, y es que lo mismo sucede con el caso de la apariencia física, por ejemplo, no hay muchas probabilidades de que un neonato te mienta, por lo que no hay una especie de prejuicio al respecto con los neonatos, o no es creíble que cuando alguien menciona el término neonato todos piensen en que éste miente, puesto que la experiencia que forma el prejuicio no nos invita a semejante suposición.

CIRILO.

Es como la apariencia física que reina en las cárceles, no es común que estas gentes posean rostros afables, aunque por otro lado existen intelectuales, artistas y hasta políticos cuya apariencia raya en lo salvaje.

DAVID.

Justo por eso hable de probabilidades, o sea, en el caso que expones es evidente que los primeros poseen características de los segundos, aún teniendo en cuenta que son individuos relativamente diferentes, no obstante, es bastante congruente llegar a la conclusión de que no por el hecho de que una persona esté en prisión, pues, se pueda catalogar de maligna, en contraste podemos encontrar artistas dedicados a la expresión de la maldad y de lo grotesco, como también políticos corruptos, dictadores sanguinarios o intelectuales que conciben doctrinas que incluso llegan a ser dudosas en sus propias vidas.

CIRILO.

El caso de la prisión ilustra nuestra teoría de las probabilidades mucho mejor, y aunque bien dices que no porque una persona caiga en prisión se la puede tachar de perversa, opino que es inverosímil o mucho menos probable que los santos caigan en prisión.

DAVID.

Que los santos caigan en prisión es mucho menos probable.

CIRILO.

¿Pero no estamos afirmando acaso que el aspecto de una persona determina su carácter?

DAVID.

Implícitamente lo estamos afirmando, Cirilo, y es que la cuestión nos remite de nuevo a las probabilidades, aunque no podamos aseverar que una persona sea de una manera porque tiene cierto aspecto tal como no podemos afirmar que una comida tenga cierto sabor por su apariencia, a menos que se conozca el sabor de dicha comida de antemano, no obstante, tampoco podemos negar que existen los casos en los que el aspecto de una persona nos ilustra acerca de su carácter.

CIRILO.

¿Y a qué viene que las personas de cierto aspecto busquen personas de su mismo aspecto?, pues, según tú.

DAVID.

A mi parecer es una sencilla y compleja interrogante, o sea, el aspecto físico no solo está estigmatizado por los prejuicios que estamos tratando, sino que también está ligado a otros asuntos mas concretos como la edad, y esta edad esta ligada a su vez a una serie de asuntos que surgen con la vida en sociedad como la cultura, la profesión, la religión o la filosofía, o incluso otros más invasivos como los círculos sociales o las tribus urbanas; pues, como ya lo habíamos hecho notar con el ejemplo de las manzanas, en este punto nos podemos figurar que surgen ya muchos otros factores a tener en cuenta a la hora de hablar de igualdad. Además, Cirilo, lo que subyace en esta opinión es el término compatibilidad, y es que en relación con este término quiero decir que no necesariamente es compatible solamente lo igual, y que es de esperarse que lo igual sea compatible como regla y que lo diferente o desigual sea compatible como excepción.

CIRILO.

Es decir que también se puede dar el caso de que dos cosas iguales sean incompatibles como también darse el caso de que dos cosas distintas sean compatibles.

DAVID.

En efecto.

CIRILO.

¿Entonces se puede afirmar que las diferencias de toda índole son las que distancian a las personas entre sí?

DAVID.

Opino que sí, y opino también que no es necesaria la distancia como tampoco lo es la cercanía, ¿y tú qué opinas?

CIRILO.

Soy de tu mismo dictamen en cuanto a la distancia y la cercanía, además opino que la diversidad de gustos puede alejar a las personas, no obstante, no creo que sea tan simplista el asunto como en primera instancia parece, o sea, en muchas ocasiones estos gustos conllevan ciertos requisitos como por ejemplo una vestimenta, un estilo de vida o cierto tipo de caracteres, como por ejemplo los caracteres que son comunes en la gente rumbera, o el nivel de cultura que es adecuado para un círculo de intelectuales, y es más, se sabe y se sobrentiende que la gente de las clases altas o privilegiadas de la sociedad prefieren socializar con otras personas de su mismo estatus socioeconómico, sea por la razón maligna o por la razón lógica da igual, no obstante, me explico: por un lado, tenemos la arrogancia que suele generar la desigualdad positiva y, por otro lado, tenemos la compatibilidad; y es que quien no posea un estatus socioeconómico equivalente a las personas que le rodean, pues, ciertamente se verá envuelto en un sinnúmero de situaciones bochornosas.

DAVID.

Pero bueno, ¿Cuáles son exactamente los efectos secundarios de la desigualdad?

CIRILO.

La exclusión y la predilección, dependiendo del caso.

DAVID.

Explícate, mi querido Cirilo.

CIRILO.

Pienso que las desigualdades suelen generar exclusión cuando son negativas y predilección cuando son positivas. Ahora bien, retomando el sencillo ejemplo de las manzanas podemos figurarnos que no existirá exclusión por parte de la primera manzana hacia la segunda manzana, pues, en razón de que la segunda manzana posea una diferencia notable, como por ejemplo que la primera manzana fuese roja y la segunda manzana fuese verde, y es fácil concluir que no existirá dicha exclusión puesto que las manzanas no piensan, y si no piensan es cuerdo concluir que no tienen intereses, por lo cual sus intereses no pueden ser vulnerados, además de que no hay entre las manzanas un prejuicio que indique que la de un color es mejor o preferible que la otra del otro color, y al no tener las manzanas la facultad del intelecto, no podría la una envilecerse por su color o incluso intentar engañar a la otra de ser mejor o preferible por su color.

DAVID.

¿A dónde quieres llegar?

CIRILO.

Al engaño, David. Ahora responde, ¿por qué una manzana intentaría engañar a otra manzana “diciéndole” que es más valiosa por su color?

DAVID.

No lo sé, dímelo tú.

CIRILO.

Mi conjetura es que, siendo el color la diferencia más invasiva entre las dos manzanas, pues, la primera opte por postular su color como el preferible en relación con el color de la segunda, haciéndose no solo con la preferencia sino también adelantándose a la exclusión de la cual puede ser víctima, y es que este comportamiento tiene su explicación en las probabilidades, las cuales nos dictan que las diferencias generan exclusión o predilección.

DAVID.

Es creíble.

CIRILO.

En relación con la sociedad quiero decir que, si se tiene en cuenta el papel protagónico de las diferencias en los casos de discriminación, es consecuente que las personas suelan tomar las medidas que apreciamos en el ejemplo de las manzanas como un instinto natural y como un alimento psicológico mediante el cual pueden cebar su vanidad, pues, magnificando aquello que los diferencia y, a expensas de la dignidad ajena.

DAVID.

Muy elocuente, Cirilo. Por mi parte quiero señalar el término exclusión, pues como ya hemos dicho la desigualdad deviene en exclusión, sin embargo, recordemos como los seres humanos excluyen de manera muy distinta a los animales.

CIRILO.

Los excluyen de manera impersonal.

DAVID.

Exactamente, pero a lo que quiero llegar a es que nunca se ha discriminado o excluido a un grupo de animales de la misma manera que ha sucedido entre los seres humanos, y es que hay algo muy personal y venenoso en la discriminación que hay entre los seres humanos, indiferentemente si se trata de asuntos trascendentales o intrascendentes; y esto es así incluso cuando se trata de exterminios, los cuales distan mucho de ser similares a los exterminios de animales, los cuales se llevan a cabo es para la industria alimentaria. Y si los seres humanos y los animales son tan diferentes, ¿por qué han existido las guerras consignadas en la historia?

CIRILO.

A lo que te refieres es a que si las desigualdades nos alejan, deberíamos por lo tanto estar más alejados del animal que del hombre; y aunque la situación no es tan trágica como la pintas, pienso que sí es cierto que esas guerras han existido, existen y seguirán existiendo hasta el final de los tiempos.

DAVID.

Creo yo que esto se debe a los prejuicios, es decir que el ser humano da por hecho muchas cosas en relación con sus semejantes, me explico: el hecho de que una persona pueda robarte cuando salgas a la calle es un prejuicio basado en las probabilidades, del mismo modo no hay probabilidades de que un animal haga una cosa parecida, y asimismo pueden darse un sinnúmero de situaciones que pueden resultar perturbadoras para la gente, además que estas situaciones se acumulan en nuestra mente y forman un prejuicio sobre la sociedad en general; otros casos podrían ser, por ejemplo, que las personas se burlen de tu forma de vestir, de tu aspecto físico, de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tu familia, de tus preferencias sexuales, de tus gustos musicales, del color de tu piel, o de tu nacionalidad…y bueno, un larguísimo etcétera en el cual los animales son totalmente ajenos e indiferentes.

CIRILO.

Supongo que la conclusión de tu respuesta es que la mezcla de todas estas probabilidades es la razón por la cual existe la discriminación, la cual es uno de los efectos secundarios de la desigualdad, y que esta discriminación existe a modo de defensa y anticipación, además que esto explica el tratamiento que se tiene para con los animales, con los cuales no estamos a la defensiva en relación con este tipo de temas.

DAVID.

En otras palabras, lo que dices es que las personas tratan con reserva a otras personas y de acuerdo a ese cúmulo de recuerdos que han formado su noción de la sociedad, y pues que a los animales se les trata es más como a cosas, a pesar de que no existen ese tipo de reservas con ellos.

CIRILO.

Justamente eso quise expresar.

DAVID.

Ahora, pienso yo que es necesario traer al debate un término más.

CIRILO.

¿Qué término?

DAVID.

El término equivalente.

CIRILO.

Te escucho.

DAVID.

Pienso yo que hay muchos otros casos con los cuales podemos analizar el tema de la igualdad, así como muchas otras cosas a tener en cuenta a la hora de un exponer un sano dictamen, no obstante, quiero abordar el tema desde otro ángulo, y para ello quiero retomar el ejemplo de las manzanas. Al analizar el ejemplo de las manzanas tomamos en cuenta solamente las características de dos manzanas, pero al momento de transponer a la sociedad este ejemplo nos tendremos que enfrentar no solo a muchos otros factores a tener en cuenta sino a distintas clases de seres, y no solamente las diferencias que existen entre los seres humanos y los animales, las cuales resultan mucho más marcadas que las diferencias que podemos encontrar entre los seres humanos, sino también en las especies y subespecies de estos seres vivos, por ejemplo, los factores a tener en cuenta para desarrollar nuestras conjeturas se verían multiplicados en el ejemplo de las manzanas si al caso invitásemos una sandía, de lo cual resultarían muchas otras diferencias físicas, las cuales nos alejarían por completo del término réplica; ahora bien, otro asunto sería discutir si dichos factores son cualidades o defectos, y a sabiendas que estas cualidades y estos defectos son indiferentemente diferencias y/o desigualdades, deberíamos también tener en cuenta el término equivalente, pues, bien seguros de que estas dos frutas no pueden ser del todo iguales y mucho menos una manzana ser la réplica de una sandía, sería necesario concebir que algo y otra cosa, no siendo lo mismo sino todo lo contrario, se puedan considerar en sano juicio de la misma naturaleza y valía.

CIRILO.

Dame un buen ejemplo en el que dos cosas sean diferentes y equivalentes al mismo tiempo.

DAVID.

Bueno, el arte es un buen ejemplo de ello, la poesía no es pintura pero ambas pueden ser equivalentes, aunque la una se lea y la otra se observe; negar esta comparación sería como decir que es inválido comparar a la música con la filosofía, puesto que no es propio de la naturaleza de la música la razón ni es propio de la naturaleza de la filosofía ni el sonido ni los instrumentos. Además, cabe señalar que no quiero yo dar por aceptada la calidad artística de las artes que acabo de mencionar, pues trato este ejemplo es de acuerdo al tema que estamos discutiendo.

CIRILO.

Lo que quieres decir, David, es que aquello que hace a las cosas equivalente es la especie, puesto que aunque la manzana y la sandía son en suma distintas se puede afirmar que ambas son frutas, y asimismo con el caso de la poesía y la pintura, además, explicas que es justo esa familiaridad lo que las hace equivalentes, y que son equivalentes sin ser iguales y sin ser réplicas. Pero según tu apreciación podríamos aseverar que todos los animales son equivalentes porque son animales y no son insectos, o que todos los seres humanos son equivalentes porque son seres humanos y no plantas. Lamentablemente y como ya hemos comentado, el término igualdad nos redirecciona a temas sociales, y es en este contexto en el que es complejo el afirmar en buena lógica tus apreciaciones, y para ilustrar mejor lo que acabo de decir quiero traer a colación el término competitividad. Esta competitividad es la glorificación de la desigualdad, además de ser la motivación saludable de muchas personas en la sociedad, por lo que la idea de que dos personas sean equivalentes por ser personas y no seres inanimados, por ejemplo, es contraria a la idea de la competitividad, puesto que la naturaleza de la competitividad es ganar o perder por desigualdad.

DAVID.

No es por apretujar la discusión con más términos, pero quiero traer a colación el término injusticia, pues, inspirado en el término competitividad y en relación con la igualdad, que es el tema primero de nuestra discusión.

CIRILO.

No hay problema, ¿qué me puedes decir acerca de la injusticia?

DAVID.

La justicia es el antónimo de la injusticia, para comenzar, además, la justicia trata ciertamente de la igualdad. Por otro lado, yo sé que quieres llegar al punto de que no todo lo justo es lo que debe ser ni todo lo que debe ser es justo, como sucede en el caso de la competitividad, en el que un individuo competitivo triunfa por encima de alguien que tiene poco o ningún mérito; y es que se puede dar el caso de que la competitividad aplaste a una persona o a un grupo de personas, y luego argumentar de que es justo darle una parte igual a quien no la ha ganado y quitársela a quien tiene el mérito, aunque personalmente opino que es como quien quiere tener mas años sin haberlos vivido.

CIRILO.

¿Y entonces qué se debe hacer en esos casos?

DAVID.

La respuesta es el término compartir, es decir, siempre que este compartir sea por voluntad propia, pues, se considerara el caso como ajeno a la justicia o a la injusticia, y que esto se explica mas como un tributo o un estimulo para quien no ha tenido tan buena fortuna; en el caso contrario, es decir, en el caso en el que se opte por quitarle a quien más tiene para darle al más necesitado, pues, lo correcto sería utilizar el término supervivencia.

CIRILO.

Quiero señalar que es posible que haya una actitud saludable de supervivencia como una actitud corrosiva al respecto. Por otro lado, te pregunto, ¿no es esto como decir que debe ganar el equipo perdedor en un juego?, ¿o acaso no es como decir que debe ganar el luchador más débil?

DAVID.

Convengo en ello, Cirilo, pero si retomamos el prejuicio al que nos redirecciona el término igualdad puedes intuir sin ni siquiera nombrar los casos que eso depende del contexto; por ejemplo, no es la misma igualdad que hay entre las dos manzanas en relación con su aspecto, que la igualdad que hay entre los derechos humanos, los cuales deben ser iguales para cada individuo, y asimismo no es la misma igualdad que hay entre el equipo ganador y el equipo perdedor, pues, el juego mismo consiste en que resulte un ganador y un perdedor, y muy seguros de que va ganar el más apto, podemos concluir entonces que es justo que pierda el que tiene menos mérito.

CIRILO.

Si, el contexto, David, y es que hablando de la justicia del estado, se entiende que esta es un poco impersonal en relación con cierto tipo de cosas, como por ejemplo el aspecto físico, el cual nunca se toma en cuenta en la constitución de ningún país, a menos que se trate de la raza, no obstante, se pueden encontrar en dichas constituciones decretos menos específicos como aquellos que versan sobre practicas vejatorias, mas no suele ser común que se especifique el aspecto físico como se especifica en el género de terror. Por otro lado, quiero traer otro término para ilustrar mejor tus conclusiones, dicho término es hipocresía; bueno, el ser hipócrita no puede ser sino gracias a los intereses, es decir que no es creíble que alguien vaya a un estadio a ver que ganen ambos equipos o ambos luchadores, cuando lo cierto es que todos asisten a dichos eventos con la idea de que alguien va a ganar y alguien va a perder, y que esto no es otra cosa que desigualdad, además que es en este tipo de casos en los que se puede originar la admiración, y que esta admiración bien podría ir de la mano con la hipocresía, pues entre admirar a una persona que posee una gran fortuna y poseerla uno, pues, es más consecuente que uno piense que esa fortuna debería ser propia. Los casos que prueban nuestras conjeturas y las excepciones son tantas que quiero expresar que en esta conversación solo se expondrá una serie muy mezquina de lo que en realidad podría ser; he aquí otro caso que nos habla del término admiración, figurémonos que un hombre admira a una mujer por su aspecto físico, aquello que subyace en esta situación no es que el hombre que la admira quiera ser así, sino que se entiende que el quid del asunto va por el hecho de que en vez de desearla en realidad quiera poseerla, y es esto a lo que hemos llamado hipocresía, y es esta la predilección de la desigualdad positiva, puesto que esta mujer es más hermosa que las demás y es por lo tanto desigual a estas, y asimismo se podría objetar que el hombre sea quien quiere ser deseado, puesto que hay un desbalance entre solo admirar y no ser admirado. Otro caso similar se presenta con los intelectuales, pues, que una persona admire a un intelectual, sea cual sea el talento que este haya cultivado, no quiere decir que esa persona desee ser intelectual, no obstante existe una desigualdad positiva entre el intelectual y el admirador, y esta “desigualdad positiva” la consideramos aquí y en esta conversación como tal, pues, partiendo del hecho de que en vez de causar perjuicios causa beneficios, los cuales podrían ser la misma admiración o el placer de disfrutar de x o y talento, además que el término desigualdad se ve eclipsado en estos casos por el mérito, al cual bien podríamos denominar de una manera más dramática, como por ejemplo, con el término sacrificio. Otro caso de desigualdad positiva podría darse en el caso de las empresas, o sea, que si bien estas empresas se lucran del consumo de sus productos, pues, las mismas compensan esta desigualdad con la generación de empleos y con el consumo de materia prima, y es que de este caso se puede argumentar que cuando una persona compra un producto, es correcto afirmar que dicha persona no posee la misma riqueza que la empresa que elabora el producto, por lo que es viable concluir que existe una desigualdad entre el comprador y la empresa, no obstante, hay que tener en cuenta que dicha empresa genera empleo, y que la empresa se lucra del empleado y el empleado de la empresa, y que la primera empresa se lucra de la materia prima que compra a la segunda empresa, como la segunda empresa se lucra de venderle la materia prima a la primera empresa, asimismo como el consumidor común se lucra de su compra y la empresa se lucra de su venta, aunque este consumidor no posea el mismo poderío económico de la empresa a la cual compra su producto; también cabe señalar que el producto que compra el consumidor común no tenga nada que ver con el poderío económico de la empresa en cuestión, por ejemplo, que el susodicho producto fuera una caja de leche, pues, nada tiene que ver el valor del producto con el poderío económico de la empresa que provee la leche, de lo que podemos concluir que la inversión del comprador común es del mismo valor del producto y no del valor de la empresa, y es que esto es como ir al mar a sacar agua con un balde, y aunque el mar posea toda el agua que alcanzas a apreciar, solamente puedes llevarte el agua que el balde te permita, y cabe aclarar que el balde del ejemplo equivale al dinero del comprador y el mar equivale a la empresa, es decir, que el comprador se lleva un producto que corresponde con su inversión, y muy seguro de que la desigualdad que hay entre él y la empresa está cabalmente justificada.

DAVID.

Y es que ha quedado claro que el término igualdad puede presentarse de muchas maneras;  en este momento se me ocurre es el caso de la idoneidad por desigualdad, me explico: digamos que se da el caso de que dos personas tienen una edad distinta, pero el uno es un maestro y el otro es un alumno, o que el uno sea el padre y el otro sea el hijo, o que exista una atracción sexual basada en la diferencia de edades. Y en contraste, pienso que pueden resultar otros casos como en los que la igualdad negativa se vuelve el factor decisivo a la hora de determinar la idoneidad, como en los casos en los que la pobreza extrema hace las veces de idoneidad para los habitantes de la calle.

CIRILO.

Me parecen notables tus apreciaciones, David.

DAVID.

Pero dime, Cirilo, ¿qué piensas de los casos en los que una persona toma la justicia por su propia cuenta, es decir, el caso de los asesinatos?

CIRILO.

Te refieres es a las venganzas…pues, opino que no es del interés de nadie morir o ser asesinado, a menos que sea un suicida, y si no es del interés de una persona el dejar de vivir, es cuerdo pensar que es injusto que alguien le arrebate la vida, además que la justicia del estado se encarga de penalizar estos casos, indiferentemente de quien se trate o por las razones que sean, puesto que ante la ley todos somos iguales, no obstante, nosotros no somos la justicia del estado y no es nuestro asunto el regular la sociedad, por lo que el hecho de que sea justo que todos sean juzgados de la misma manera se vuelve una cuestión malsana en ciertas ocasiones y cuando se ve desde el punto de vista personal. Retomando la frase “no es nuestro asunto”, quiero decir que es congruente pensar que no es asunto de la justicia del estado los motivos por los cuales una persona comete un crimen, como tampoco es asunto de la empresa de las cajas de leche lo que el comprador haga con la leche, es decir que los puntos de vista filosóficos son nulos delante de la justicia del estado, puesto que no es propio de la naturaleza de la justicia del estado el indagar en el saber y la verdad sino el regular la sociedad para su buen funcionamiento.

DAVID.

¿Entonces la justicia del estado está por encima de la filosofía?

CIRILO.

No, esto es como decir que el hambre está por encima de los seres vivos.

DAVID.

¿Son entonces equivalentes la filosofía y la justicia del estado?

CIRILO.

Yo utilizaría el término análogo, mi querido David, puesto que la filosofía busca es la verdad, que es lo correcto, mientras que la justicia busca la regulación, lo cual también es correcto, sin embargo, y como ya lo hemos expresado, la sociedad nos llena de una serie de factores que vuelven difuso no solo el hecho de dictaminar si hay igualdad en algo, sino también si hay o no justicia en algo. Es como los casos en los que una persona atropella a otra y esta persona muere, e imaginando que este hecho fue un accidente y no un asesinato, podemos figurarnos que la justicia no mirará la culpabilidad de quien atropelló a la otra persona sino el hecho en sí, y es aquí donde la filosofía tiene un interés en la verdad, el cual es que dicho hecho no es un crimen, pero también es donde la justicia tiene un interés en la regulación, el cual es que dicho hecho sucedió y la persona perdió la vida.

DAVID.

Contundente.

CIRILO.

Bueno, esa es la idea, no digo que la justicia del estado siempre lleve a buen término sus deberes, pero si no lo hace es o por negligencia o por corrupción, pero se entiende que esa es su tarea.

DAVID.

A veces cuando estoy a solas observando con tono irreverente las noticias, pues, hago comentarios sobre la susodicha corrupción, acerca de que se me antoja la mayoría de las veces como la mas descarada de las negligencias, y es que, si otro fuera el contexto, pues, esto sería otro comentario sarcástico, pero en ocasiones veo también analogía entre la justicia del estado y la medicina; y es que como filósofo se me antoja más colorida la estupidez que la malignidad.

CIRILO.

Creo que nuestra discusión a llegado a su fin, David, y en relación con tu última apreciación opino que la estupidez es al filósofo como lo que es la enfermedad al médico, ¿no te parece?

DAVID.

Soy de tu dictamen.

Un comentario en “Cirilo o de la igualdad”

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